| Nuestro autografo de Taylor Lautner | 
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| Fan del Mes |
Nombre: Rocío Valverde Torres
Alias/Apodo: Rocio
Edad: 22 años
País: España-Madrid
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| | | EL LIBRO DE JACOB Y NESSIE:DESPERTAR.Continuación Amanecer +18 | |
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| Autor | Mensaje |
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JACOB&NESSIE Team Jacob

Mensajes: 321 Fecha de inscripción: 14/01/2011 Edad: 32 Localización: Asturias
 | Tema: EL LIBRO DE JACOB Y NESSIE:DESPERTAR.Continuación Amanecer +18 Jue Ene 20, 2011 10:08 pm | |
|  Este libro está registrado en Save Creative para evitar posibles plagios. Todos los derechos están reservados a Tamara Gutiérrez Pardo, la mala utilización de los mismos por parte de otras personas podría ser objeto de sanción y/o delito. EN CASO DE PLAGIO O COPIA TOMARÉ LAS MEDIDAS LEGALES QUE SEAN NECESARIAS.REGISTRO:-DESPERTAR: MI BLOG: http://jacobnessie.blogspot.com.es/RESUMEN: A sus sólo seis años, Renesmee Cullen (Nessie), hija de Bella y Edward Cullen, es un semivampiro que tiene que afrontar el difícil paso de la niñez a la adolescencia en apenas mes y medio. A los más que evidentes y repentinos cambios de su cuerpo, también tiene que añadir otros más que se producen en su mente y en su corazón: unos nuevos sentimientos que afloran hacia Jacob Black, el hombre lobo que es su mejor amigo desde la infancia. Jacob también experimentará una serie de cambios que emergen ahora en su madurez y que harán que juntos sientan una magia y una atracción mutua hechizante e irrefrenable. Un secreto muy bien guardado, unos sentimientos ocultos, resquicios de un pasado que no se quiere ir, las continuas lecturas mentales de Edward, la llegada de alguien inesperado, el acoso de un ser monstruoso y feroz y la más que inminente visita de los Vulturis, no les pondrán las cosas fáciles. Una historia llena de sorpresas, pasión, deseo, aventura, celos, venganza y sobretodo el amor, prohibido para algunos, de dos almas gemelas que va más allá y traspasa las fronteras de este mundo etéreo para mezclarse con lo espiritual, donde la magia, que impregna la totalidad de sus vidas, y un vínculo extremadamente fuerte e irrompible lo cambian absolutamente todo.
Hola a todos!
Este es el libro que he escrito y se llama "Despertar". Digo libro porque es un libro. Va de Jacob y Nessie, cómo no, jaja, y es la continuación de Amanecer, al cabo de seis años. En él hay aventura, sorpresas, celos, Vulturis y, aviso, algo de sexo. Es un poco largo (800 páginas de 14 x 21,50cm), y 53 capítulos! pero se lee muy fácil, de verdad
Si os gusta, también puedo mandarlo por email en pdf, sólo me tendríais que mandar un email o un msj a mi perfil y yo os lo enviaría con mucho gusto. La novela es un libro que mide 14 x 21,50cm y está terminado, listo para leer en el ordenador como si fuera un libro, o imprimir si se quiere. Es totalmente gratuíto, no busco ningún tipo de beneficio. Es que lo escribí para un concurso que luego quitaron, y ya que lo estaba acabando, lo terminé. Lo ha leído gente de mi entorno y les gustó mucho, ahora me gustaría compartirlo con más gente, ya que lo escribí... ^^
Los capítulos son largos, ¡pero no os rindáis, de verdad! creo que se leen bastante bien es que están escritos para el libro. No sé si lo leerá alguien, pero yo voy a ir poniendo capítulos aquí, y si veo que se leen, los seguiré poniendo.
Bueno, nada más, espero que al que lo lea, le guste UN SALUDO.
El libro está registrado en SafeCreative, para evitar el plagio.
Contiene algunas partes de sexo, así que algunos capítulos son para mayores de 18 años, aviso.
Todo en la historia tiene un por qué que se irá descubriendo a lo largo del relato, por favor, no os llevéis las manos a la cabeza antes de tiempo ^^, todo tiene una explicación, de veras.
Sé que los capitulos son largos, pero dadle una oportunidad ^^, por lo menos leed los dos primeros, si no le gusta a nadie, pues nada, qué se le va a hacer
Por favor, evitad ser lectores invisibles, es muy frustrante no saber si lo lee alguien o no. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
NOTA DE LA AUTORA
Esta novela está basada en los libros de Stephenie Meyer: Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer. Los personajes de esta novela están asociados a los libros citados anteriormente, están creados y son propiedad de Stephenie Meyer, excepto otros personajes que solamente aparecen en este relato y que están creados por mí. La utilización en esta novela de los personajes propiedad de Stephenie Meyer es puramente gratuita y sin ánimo de lucro ninguno, solamente son usados con fines de entretenimiento. No soy escritora, ni pretendo serlo, a decir verdad, este es mi primer libro. Simplemente, quería plasmar y compartir todas esas ideas e inquietudes que tenía revoloteando en mi imaginación desde que terminé de leer Amanecer. Así que aquí está, esta es mi versión particular de lo que pudo haber ocurrido después. Gracias de antemano por leerlo, espero que a quien lo lea le guste y que lo disfrute lo mismo que lo he hecho yo escribiéndolo. Febrero - Diciembre de 2010.
ÍNDICE
LIBRO UNO: RENESMEE PREFACIO 1. NIÑA DE CRISTAL 2. COMIENZO 3. TAHA AKI 4. CONFESIÓN 5. DORMIR 6. PRESENTACIONES 7. REACCIONES 8. ATRACCIÓN 9. LA VISITA 10. HOMERUN 11. PERSECUCIÓN 12. CITA 13. DESNUDO 14. VÍNCULO 15. LOBOS 16. ACORRALADA 17. DONACIÓN 18. ESPERA 19. CORAZA 20. AGONÍA 21. GENES 22. LIBERTAD 23. ÉL 24. CRISTAL 25. CELOS 26. FRÍO 27. NOTICIA 28. PELEA 29. LOCURA 30. IMPROVISACIÓN 31. CASTIGO 32. AVISO 33. GRITOS 34. FIESTA 35. LLAMADA 36. TENSIÓN 37. HUÍR 38. REGALOS 39. PLAYA 40. LUCHA
LIBRO DOS: JACOB PREFACIO 41. MALDITA SEA. ¡SÍ, MALDITA SEA! 42. ¿QUÉ? ¿CÓMO? ¡¿POR QUÉ NO ME LARGARÍA DE ALLÍ?! 43. EN BOCA CERRADA NO ENTRAN MOSCAS. BUENO, VALE, A VECES ES NEVITABLE 44. ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡SEGURO QUE ES UNA PESADILLA! 45. ESTÚPIDOS CHUPASANGRES. MENOS MAL QUE ESTAMOS LOS LOBOS 46. QUE ME ARRANQUEN LOS OJOS SI ESTO ES CIERTO 47. CUANDO UN VAMPIRO SE PONE PESADO, NO HAY QUIEN SE LO QUITE DE ENCIMA, DE VERAS 48. VENGA, VENGA, QUE EMPIECE EL ESPECTÁCULO DE UNA MALDITA VEZ 49. CUIDADO, QUE VIENE EL GRAN LOBO 50. UNA PROMESA ES UNA PROMESA Y TIENES QUE CUMPLIRLA
LIBRO TRES: RENESMEE PREFACIO 51. PROMESAS 52. GUÍA 53. ETERNIDAD
= LIBRO UNO = RENESMEE
PREFACIO
Vi que estaba en brazos de Rosalie y que me elevaba por el aire. Me divertía, pero no era lo que buscaba, no era lo que quería. Levanté la vista nada más detectar su efluvio, lo reconocí al instante, y, por fin, le vi el rostro. Estaba agachado en las escaleras, preparado para saltar. Clavé la mirada en él, en sus ojos. Esos ojos antes desconocidos que había anhelado ver desde el primer día en que escuché su voz y noté su calor. Sus grandes ojos negros me parecieron preciosos, brillantes, penetrantes y dulces al mismo tiempo. Él también se quedó mirándome y ya no pude apartar la vista. Y entonces, pasó algo maravilloso.
NIÑA DE CRISTAL
Era muy temprano. El sol me despertó cuando entró con sus primeros y débiles rayos por mi ventana, colándose con facilidad por la textura de esas cortinas. Eran unas cortinas ligeras de un color rosa pastel que dejaban traspasar la luz, pero nada sencillas, ya que estaban rematadas con unas caídas y unos bordados muy elaborados en un rosa más fuerte que les daba un aspecto elegante y antiguo, como de otro siglo. Por supuesto, las había escogido la tía Alice hacía cuatro años. Antes de que mis padres decidieran que la habitación que me había puesto Esme ya no era adecuada para mí porque yo ya no era tan pequeña y que había que cambiarla, aparecieron todos los muebles y complementos en el cuarto como por arte de magia, edredón y cortinas incluidas. A mamá y a mí no nos gustaba nada, y menos las cortinas y el edredón a juego, pero nunca le habíamos dicho nada, porque no queríamos herir sus sentimientos y, además, ella era muy buena haciéndote sentir culpable. Alice, en cambio, estaba muy orgullosa de su decoración y, para mi desgracia, decidió dejarla así todos estos años, cosa rara en ella. Pero hoy era la última mañana que me iban a despertar esas horribles cortinas. Seguía con los ojos cerrados y una pequeña sonrisilla curvó mis labios sólo de pensarlo. Ya no tendría que soportarlo más tiempo. Esa noche ya dormiría en mi nuevo cuarto: la que había sido la habitación de mi padre en la casa grande. No era una independencia total, pues el resto de mi familia vivía allí, pero por lo menos estaría a salvo del continuo escáner mental de mi padre y tendría algo más de intimidad. Ya sabía que papá no lo hacía adrede, que no lo podía evitar, que le resultaba duro que hubiera crecido tan rápido en sólo seis años, pero una vez que se metía en mi cabeza y se ponía en ese plan sobreprotector, ya no había nada que hacer.
La sonrisa de mi cara desapareció cuando recordé el día en que le había dicho que iba a ir al instituto y que ya me había matriculado. Jake me había hablado de su instituto de la reserva muchas veces. Me había relatado todas aquellas divertidas historietas y anécdotas suyas junto con sus amigos Quil, Embry y el resto de los chicos de La Push, de las bromas, la camaradería, los profesores raros. Y claro, como siempre, mi padre tildaba a Jacob de bocazas, no con esas palabras, por supuesto, y le echaba la culpa de que yo me hubiera empeñado con tanto ahínco en ir al instituto. Quería seguir dándome él mismo las clases. No quería que me ocurriera nada malo, ni que nadie me hiciera daño. Según él, no había ninguna razón para que no diera las clases en casa hasta que dejara de crecer tan rápido, con esos cursos a distancia, bajo su vigilancia y protección, tanto académica, como personal. Pero mi crecimiento ya se había estancado mucho y él no quería verlo. Sabía que no tendría un profesor mejor que papá - de hecho, iba muy adelantada en mis estudios -, que lo decía porque creía que era lo mejor para mí, pero él no me comprendía ni me entendía, como sí lo hacía Jake. No era que Jacob me hubiera hablado del instituto para convencerme, ni nada por el estilo. Lo había hecho porque yo se lo había pedido, y él se había dado cuenta de lo sola que me sentía en casa, sin compañeros, sin anécdotas ni historias. Me sentía un bicho raro, como uno de esos niños de cristal que no pueden salir de su burbuja para que no les afecte el mundo exterior. Quería vivir como una adolescente normal, sin perderme nada, con sus problemas de adolescentes, exámenes y todo. Y papá lo sabía, por supuesto, sólo tenía que meterse en mi cabeza, pero luego me daba uno de esos discursos suyos sobre mi seguridad y la de la familia y ya no se podía hablar con él. Y mamá estaba entre dos aguas. Por una parte, decía que me entendía, pero por otra, apoyaba a mi padre, como siempre. Me decía que papá lo hacía por mi bien y que a él nada le dolía más que el que yo estuviera así, pero que tarde o temprano me daría cuenta de que era lo mejor para mí y que se me pasaría. ¿Que se me pasaría? Como si esto fuera un simple capricho. No me entendían en absoluto. Por eso decidí matricularme sin decirles nada. Jacob me buscó varias opciones, pero al final me decanté por el instituto de Forks, el mismo al que habían ido mis padres. Jake se tronchó de la risa cuando le dije mi elección.
- ¡Ya verás cuando se enteren tus padres! – dijo entre risas - ¡No sé por qué me da que se van a cabrear! – como siempre, todo lo que fuera enfadar a mi padre le encantaba.
Pero yo lo tenía todo pensado. La gente de la misma promoción de mis padres ya ni siquiera vivía en Forks, a mí no me conocía nadie, podía decir que era sobrina de Carlisle, o incluso de mi propio padre, de ahí mi apellido; y Jacob no iba a ser un problema si lo veían por ahí. Él no tenía que esconderse, aunque aparentaba unos veinticinco años, tenía veintidós y quedaba totalmente natural; y la gente de Forks estaba acostumbrada a verle cuando iba a visitar a Charlie o pasaba por el pueblo. Nadie iba a sospechar nada. Era perfecto. Yo me matricularía en el segundo curso. En realidad, a mis seis años era como si ya tuviera unos dieciséis o diecisiete. Mi nivel académico era superior, pero quería disfrutar de mi vida en el instituto al menos dos años; lo de la universidad, ya se vería. Además, Charlie estaba cerca y así podría ir a visitarle de vez en cuando, eso sin mencionar lo mejor de todo y más importante: que La Push estaba a un paso y podría ir a ver a Jacob, a Billy y a los chicos cuando quisiera. Sólo me faltaba un detalle. No tenía vehículo ni carné, pero éste último ya me lo sacaría y el coche… bueno, seguro que Jake encontraría alguna solución. Podía arreglarme uno de segunda mano o algo.
A papá casi le da un patatús cuando Jake y yo se lo dijimos, mejor dicho, cuando nos leyó la mente. Si no fuera porque ya es blanco de por sí, juraría que se había quedado pálido y todo.
Cuando entramos por la puerta de la casa, donde estaban todos, y vi su rostro y su expresión severa, me aferré a la mano de Jake, como siempre hacía cuando estaba asustada, y tragué saliva. Era la primera vez que desobedecía a mi padre. Su mirada era una extraña mezcla de desilusión e ira, hasta creí escuchar un ligero gruñido de su garganta, y ni agarrando la mano de Jacob se me quitaba el miedo. No era miedo físico, por supuesto, sabía que papá nunca me haría daño. Era el típico temor que le tiene un hijo a su padre cuando le desobedece y le ha pillado, sólo que, en este caso, tu padre, aunque aparenta tu misma edad, es un vampiro y los ojos dorados le van cambiando de color conforme se va enfadando, cosa que da bastante terror. Tenía la garganta tan seca, que creí que mis cuerdas vocales no iban a poder emitir ni un sonido.
Me planteé entonces no decirle nada. Total, para qué, si ya se había enterado, pero cuando miré a Jacob y vi su postura totalmente despreocupada y su sonrisa alegre, me relajé un poco. Si no fuera porque le sujetaba la mano, se hubiera sentado tan tranquilo en el sofá. Me apretó la mano una vez para darme ánimos y me lancé.
Decidí que, aunque ya lo supiera, lo mejor era contárselo yo igualmente, dejar que las palabras salieran de mi boca. Además, mi madre y el resto de mi familia nos miraban con preocupación y seguro que también se querían enterar de qué iba el asunto. Mi madre nos miraba a papá y a mí con el rostro desconcertado y un tanto asustado, intentando leer nuestras expresiones. La verdad es que la de mi padre daba mucho miedo, sobretodo cuando miraba a Jake, en cambio éste estaba tan normal. Me di cuenta de que el toque de ira de su mirada iba más bien dirigido a Jacob.
Alice tenía el ceño fruncido y se mordía el labio con desesperación. Llevaba muy mal el no poder vernos el futuro ni a Jacob ni a mí, le ponía de los nervios. Siempre me pregunté por qué yo había tenido tanta suerte, y le daba gracias a Dios de ser inmune por lo menos a uno de los poderes de mi familia, y además al peor de todos. Era un alivio estar libre de ser vigilada las veinticuatro horas del día, ya tenía bastante con tener que pensar en otras cosas cuando estaba cerca de mi padre. Jasper estaba en alerta por si tenía que usar sus dotes de relajación, Carlisle, Esme y Rosalie permanecían a la espera, expectantes, con un tono de preocupación en los ojos, y Emmett estaba con los brazos cruzados y era el único junto con Jacob que sonreía de oreja a oreja.
- ¿Ya es oficial? – espetó Em, sonriendo y guiñándole el ojo a Jake.
La tía Rosalie le dio un codazo, enfadada, y Emmett se carcajeó. Los demás no dijeron nada, se limitaron a mirar con precaución a mi madre, que tenía una cara de espanto, como si hubiera visto un fantasma o algo parecido. Ahora oscilaba la mirada de Jake a mí y de mí a Jake. El único que permanecía con la misma expresión era mi padre. Yo no entendía nada. ¿Que si era oficial el qué? Me imaginé que se refería a mi matricula. Mi padre debía de habérselo contado todo al resto de la familia. Jacob miró a mi madre, puso los ojos en blanco y suspiró.
- No, no tiene nada que ver con eso. Aún es pronto – dijo, sonriendo. Mi madre pareció relajarse un poco. Luego, miró a mi padre más serio –. En primer lugar, quiero que te relajes, ¿vale? Nessie ya no es una niña, es como si ya tuviera unos diecisiete años y ya es bastante mayorcita como para elegir su vida y vivirla como le dé la real gana – le soltó a mi padre, que seguía con cara de pocos amigos –. Además… - No, Jake, deja que me explique yo – le interrumpí.
Si seguía hablando él, iba a empeorar las cosas. Tragué saliva una vez más para proseguir…
…pero mi padre alzó la mano para detenerme antes de que pudiera abrir la boca y mi madre le miró enfadada.
- ¡¿Qué está pasando?! – bufó ella. - Renesmee se ha matriculado en el instituto – la expresión en el rostro de mi padre mientras me miraba era indescriptible. - ¿Qué? – mamá me miró también cabreada, aunque había una nota de alivio que no comprendí en sus pupilas.
Jake puso los ojos en blanco otra vez.
- Y lo peor no es eso – siguió mi padre –. ¡Lo peor es que se ha matriculado en el instituto de Forks! ¡Es lo más imprudente que podía haber hecho!
Una paleta de emociones pareció dibujarse en el rostro de mamá. Yo creo que pasó del asombro a la perplejidad y del horror a la furia en una décima de segundo.
En ese momento, deseé no ser mitad vampiro para no darme cuenta de tales reacciones.
- ¡Escúchame, mamá! ¡Por favor!
Sabía que si convencía a mi madre, el resto estaba hecho, mi padre nunca le negaba nada. Además, él era más duro de pelar. Ella había sido humana hacía poco tiempo, en esta época, y podía comprenderme mejor. Nos parecíamos demasiado, lo entendería. Aunque prefería no hacerlo porque me sentía más segura de mí misma, me solté de la mano de Jacob y me acerqué a mi madre con los ojos llenos de súplica.
– ¡Deja que te lo explique todo con detalle! ¡No es un simple capricho! – alcé la mano para ponérsela en el rostro.
Mamá me miró todavía enfadada y suspiró. Cogió mi mano y se la colocó en la mejilla. Mientras le dejaba internarse en mi mente, el resto de mi familia permanecía inmóvil, parecían estatuas de mármol. Mi padre no le quitaba ojo a mi madre, trataba de estudiar sus gestos mientras él mismo leía a la vez mi mente. Una ráfaga de alivio recorrió mi estómago cuando mamá me miró a los ojos y vi en los suyos la comprensión. Me acarició la cara con su fría mano, exhaló y me sonrió, asintiendo. Me entendía, por supuesto que me entendía. El semblante de mi padre era un collage de expresiones indescriptibles: incredulidad, enfado, desilusión, pena, más enfado…
Después de un rato, le retiré la mano de la cara y me acerqué a Jake para cogerle la suya de nuevo. Miré a mamá, a la espera.
- Bella, es peligroso – gruñó papá. - ¿Qué opinas, Carlisle? – preguntó ella, ignorándole.
Entonces, se giró para mirar al resto y lo explicó todo con un tono objetivo, casi como si estuviera dando las noticias. Les relató mis razones y mis planes. Eso me alivió un poco, pues así no tenía que contarlo todo con palabras, cosa que me resultaba más difícil que lo de la mano, pero tampoco me apetecía ir uno por uno con la manita y pensar una y otra vez lo mismo.
Una vez que mi madre acabó su exposición, se hizo un pequeño silencio. Papá seguía enfadado y yo apreté otro poco más la mano de Jake, a la espera de la decisión. Necesitaba ese apoyo para no acobardarme y echarme atrás. Menos mal que era un hombre lobo y no le hacía daño, si hubiera sido un chico normal, se la hubiera roto.
Durante ese intervalo, en el que Carlisle adoptó un gesto pensativo, me di cuenta de que no había ninguna decisión. Jake tenía razón. Como siempre me decía él, la última palabra la tenía yo. Eran mis estudios, mi futuro, mi vida. Si no estaban de acuerdo, me daba igual, yo iba a ir al instituto, a ese instituto, dijeran lo que dijeran. Me daba igual si no me apoyaban, eso no me detendría. Sería un poco más difícil y me daría mucha pena, pero no me detendría. Aquí no servía el típico argumento de que era menor de edad. ¿Quién decía si yo tenía dieciséis o dieciocho años? Era imposible de verificar, así que no podrían detenerme con esa excusa. Tenía el apoyo de mi mejor amigo y eso era mucho más que suficiente. Jake rellenaba con creces cualquier hueco. Estaba decidida a ser una adolescente normal, no una niña de cristal. Quería empezar a vivir mi vida. Y papá tendría que aceptarlo. Al que se le pasaría sería a él. Sabía que mamá me entendía perfectamente, que me apoyaba. Ella había escogido esta vida, había luchado por ella, a pesar de tener tantos problemas como había tenido. ¿Qué hubiera pasado si ella se hubiera echado atrás? Yo ni siquiera habría nacido. Ahora ella era feliz. Y yo iba a serlo porque tampoco me iba a rendir, éramos demasiado parecidas. Tenía su ejemplo y lo iba a seguir.
Me di cuenta de que mi padre ya sabía mi decisión en cuanto pensé todo esto. ¡Qué frustrante era no poder tener intimidad, ni siquiera mentalmente!
De pronto, Carlisle levantó la vista y me miró. Alcé la cabeza con orgullo y determinación. Mi decisión estaba tomada. Después de mirarme un minuto, se giró hacia mis padres y habló con voz tranquila.
- Creo que podría ser factible.
El rostro de mi padre era un poema, mi madre me miró y me dedicó una ligera sonrisa cómplice.
- Carlisle… - se lamentó papá. - Escucha, Edward – le interrumpió él, sonriendo como quitándole importancia –. Creo que esto es lo más normal del mundo, se veía venir. Quiero decir, que Nessie ha crecido muy rápido, todos nos hemos dado cuenta. En seis años ya es toda una mujercita y a todos nos cuesta asimilarlo algunas veces. Pero tienes que darte cuenta de que no la podemos encerrar en casa de por vida. Su crecimiento ya se ha estancado bastante. Cualquier cambio en su cuerpo ya no es tan evidente y no creo que los humanos sospecharan nada. Es joven y, como dijo Jacob, tiene que vivir su vida como le dé la… ¿cómo era…? – Carlisle se giró hacia Jacob. - Como le dé la real gana – ayudó Jake con un tono un tanto chulesco mientras miraba a mi padre sonriendo.
Éste suspiró, cansado.
- Creo que Carlisle tiene razón – espetó la tía Alice –. Y sólo serán unos pocos años de estudios, Edward. ¡Unos pocos años de su larga vida! ¿Cómo vamos a quitarle eso? Además, no creo que haya ningún peligro, pero si lo hubiera, estaríamos vigilando y actuaríamos al instante. - ¿Cómo? – bufó papá -. ¿Huyendo de Forks de repente y dejándolo todo atrás? - Sabes de sobra que no vamos a estar aquí eternamente. De hecho, no nos quedan muchos más meses en este pueblo. Yo ya he tenido que cambiar de hospital para no levantar sospechas – la voz de Carlisle se había tornado seria y le lanzó una mirada fugaz a Jacob con una nota de pena. - Por eso mismo. Es totalmente innecesario que haga amigos aquí, se encariñe con ellos y empiece una vida en Forks. Dentro de unos meses tendremos que marcharnos y dejarlo todo atrás – papá me miró apenado -. Más separaciones… - dejó la frase inconclusa -. No quiero que tenga más sufrimientos añadidos.
Noté un ligero temblor en la mano de Jake y entrelacé nuestros dedos con fuerza. Sólo pensar en estar separados, nos hacía temblar a los dos. No le gustaba nada la idea, y cada vez que salía el tema, tenía que tranquilizarle. Yo también odiaba ese pensamiento y también temblaba, aunque yo de pánico ante la idea de vivir sin mi mejor amigo, sin su compañía, su sonrisa, su calor, su alegría. Estábamos tan unidos, que no recordaba ni un minuto de mi vida sin estar a su lado. Éramos como dos hermanos gemelos que no se separan nunca. Imaginarme el estar sin él y él sin mí… Inconscientemente, miré la pulsera que me había regalado en Navidad cuando era pequeña. Me encantaba, y no me la quitaba ni para dormir. La notaba en la muñeca como si fuera de fuego, casi parecía que vibrara y me llamara. Intenté pensar en otra cosa. Si Jake me notaba preocupada, él también lo estaría, y no soportaba verle angustiado ni triste. Ya encontraríamos alguna solución para vernos todos los días. Me concentré de nuevo en la conversación.
- Por favor, papá – supliqué –. No es por hacer amigos. Es sólo que… yo… bueno, quiero ser normal, o al menos parecerlo. Aunque fuera por unos años. Lo necesito. Sabes que voy a ir igual, pero sería mucho más feliz si tú y mamá me apoyarais y me ayudarais un poco.
Mi madre, que se había quedado pensativa todo ese tiempo, se giró para quedar frente a mi padre.
- Edward – le susurró, mirándole a los ojos –, creo que deberíamos dejar que Renesmee fuera al instituto – mi cara se iluminó, pero la de mi padre pasó del enfado a la decepción, entrecerrando los párpados. Mi madre le cogió la mano y siguió hablando -. ¿Te acuerdas cuando yo era humana? Me decías que no me querías transformar tan pronto para que antes viviera todas las experiencias humanas posibles y así pudiera elegir si quería seguir siendo humana o vampiro. - Nessie es medio vampiro – alegó con voz suave, más relajado –. Es más complicado. - Es medio humana – le corrigió –, y no es tan complicado. Sólo hay que explicarle unas pautas a seguir. Es muy inteligente y las entenderá enseguida. - Puedo controlar mi sed con los humanos – alegué, un poco a la desesperada -. Ya tengo experiencia con Charlie, Sue, Billy y más gente de La Push que no son lobos. - No es lo mismo – replicó él -. Allí estarías continuamente rodeada de humanos, encerrada con ellos en sitios cerrados. - Yo no soy como vosotros – intervine, un poco molesta -. No me cuesta nada, puedo controlarme perfectamente y lo sabes.
Mi padre iba a abrir la boca para refutármelo, pero no le quedó más remedio que cerrarla, sabía que era verdad.
- ¿No crees que ella también tiene derecho a elegir si quiere vivir como un vampiro o como una humana? – contraatacó mamá. - Mírala – dijo mi padre, señalándome con gesto de agonía -. ¡Es tan joven! ¿Cómo va a saber qué es lo que quiere? - ¿Acaso no sabía yo lo que quería a su edad? - Bella, tú tenías diecisiete años reales, vividos. Ella, en cambio… - se quedó mirándome, pensativo. - Ella es más lista que yo y es muy madura. Sabes que, aunque sólo han pasado seis años desde que nació, su cuerpo y su mente, su cerebro, han madurado lo mismo que si hubieran pasado esos diecisiete años.
Mi padre me miró durante otro rato, pensando.
- Lo sé – suspiró al fin. Miró a mi madre durante un instante con resignación, sabiendo que había perdido la batalla, y sonrió levemente –. Sois igual de cabezotas. - Lo sé – ella le sonrió y le dio un beso en los labios.
Ya empezaban…
Esa era otra de las razones por las que me quería trasladar a la casa grande. No soportaba todas estas ñoñerías. No se daban cuenta de lo incómodo que me resultaba. Antes no me importaba verlos besándose y abrazándose, hasta me gustaba, pero desde hacía un tiempo, me resultaba incómodo, como si yo estuviera fuera de lugar.
- Bueno, qué, entonces, ¿eso quiere decir que la apoyáis? – intervino Jacob oportunamente.
¡Cómo me conocía! Menos mal.
- Sí – dijo mi padre, mirándole con ganas de matarle por interrumpirlos. Los dos nos observamos sonrientes y triunfantes –. Pero – prosiguió, sin darnos tiempo de abrazarnos, como una especie de venganza –, primero tenemos que hablar de ciertos detalles, ciertas pautas y reglas que tendrás que cumplir a rajatabla, eso sin mencionar los toques de queda, etcétera. No te creas que te va a ser tan fácil, jovencita.
Uy, eso me recordaba el pequeño detalle de mi media independencia. Y ahora, ¿cómo se lo decía yo?
- Tendrás que esperar – espetó mi padre de repente. Otra vez se había metido en mi cabeza –. Alice te preparará la habitación y tardará unos días hasta que esté lista, ya sabes cómo es tu tía - Alice estaba entusiasmada, ya que había visto el futuro gracias a la decisión de papá y ya lo sabía todo –. Creo que a nosotros también nos vendrá bien un poco de intimidad – mi madre y los demás le miraron sin comprender –. Ya os lo explicaré luego.
Me quedé estupefacta. Mi padre había pasado de ser el muro inquebrantable a ser la pértiga para saltarlo.
- Sí, ya verás como va a quedar preciosa – dijo Alice con voz cantarina, aunque luego le cambió el tono -. Bueno, no sé si te va a encantar, porque, claro, como no te veo…
Frunció el ceño otra vez y Jake me elevó por el aire como signo de victoria mientras ambos nos reíamos…
La sonrisilla volvió a mi rostro cuando recordé el final de la historia. Abrí los ojos y me levanté de la cama de un salto.
Estaba muy nerviosa. Era mi primer día en el instituto y el primero también de mi nueva vida.
Brinqué hacia la ventana, corrí las cortinas de un solo tirón y subí la hoja del marco con rapidez para asomarme, como hacía todos los días. Miré bajo mi ventana, el lugar donde siempre se echaba a esperarme mi gran lobo rojizo desde hacía seis años, pero no estaba. Tal vez se había ido a dar un paseo. Me apoyé en el marco con las manos y saqué más el cuerpo para mirar entre el bosque, a derecha e izquierda. Hice un recorrido en redondo con la vista, escudriñando las sombras de entre los árboles. Nada. Jacob no estaba por allí. Ni siquiera le olía cerca. Qué raro, pensé. Puede que tuviera que irse a hablar con su manada o algo. Seguro que viene después, me dije a mí misma. Me parecía raro, porque podía haberse comunicado con ellos como lobo, pero seguro que tenía una buena razón para eso. Intenté no darle más importancia.
Volví a meterme dentro, cerré la ventana, corrí las cortinas de nuevo y me dirigí al armario, sonriendo ante la certeza de que sería la última vez que abriría ese horrible mueble.
Sin embargo, me equivocaba. La última había sido ayer, porque la tía Alice ya me había preparado la ropa y me la había colocado sobre el baúl de madera, junto a la ventana. Seguramente, había entrado a hurtadillas por la noche sin que yo me diera cuenta y la había colocado allí.
Normalmente, odiaba que hiciera eso. Me gustaba escoger mi propia ropa, muy a su pesar, puesto que mis gustos y los suyos eran totalmente diferentes. Pero cuando vi la blusa y la chaqueta de lana a juego de color azul cielo y los pantalones vaqueros, cambié el gesto inicial de desaprobación.
La blusa era sencilla, tan sólo tenía unas coquetas puntillitas sobre el pecho, y los pantalones eran unos vaqueros pitillo un poco ajustados, pero no me disgustaban del todo. Alice había escogido un estilo medio entre el suyo y el mío, y había acertado. Además, yo estaba tan nerviosa, que no habría sido capaz ni de distinguir los colores.
Ya me había duchado por la noche, así que coloqué la ropa encima de la cama y me quité el camisón de algodón gris, de tirantes, con ese dibujo de Snoopy. Cuando revolví entre los ropajes, me di cuenta de que Alice también me había preparado la ropa interior. ¡Ay, no!,grité en mi fuero interno. Eso me daba una vergüenza horrible.
Cogí con dos dedos el sostén y lo levanté a la altura de los ojos con cara de desaprobación. Lo miré durante unos segundos. Era también de color azul cielo, de esos de lencería fina, con puntillas y todas esas cosas. Hice una mueca de dolor. ¿Es que no podía haberme buscado uno más normal? ¿De esos cómodos y prácticos?
Tiré el sujetador encima de la cama, resoplando, y me dirigí a la cómoda para coger uno de los míos. Me quedaba pequeño. Lo tiré también sobre la colcha y volví a coger otro. Lo mismo. ¡No puede ser! ¡Otra vez no!,gritó una voz en mi interior. Cogí todo el montón del cajón, los puse encima de la cómoda y me los probé uno por uno, mirándome de refilón en el espejo. Terminaron todos en una pequeña montaña, encima de la cama. Los observé durante un rato mientras me mordía el labio y me giré poco a poco hacia el espejo para mirarme. Observé tímidamente lo que reflejaba.
¿Esa era yo?
Mi crecimiento siempre había sido más rápido de lo normal, pero había sido constante y progresivo en todos estos años. Incluso mi temperatura corporal había descendido unos grados paulatinamente, aunque seguía siendo más alta que la de una humana. Sin embargo, este último mes había sido una especie de explosión. Mi vertiginoso desarrollo ni siquiera había esperado al 10 de septiembre, mi sexto cumpleaños. Había pasado de ser una niña de doce años a ser una mujer de diecisiete en apenas mes y medio. Y eso era muy confuso para mí. Todos los días me pasaba lo mismo, no me reconocía. Cerré los ojos ante el espejo, como venía siendo habitual en este mes, preparada para darme la vuelta y vestirme corriendo.
Entonces, recordé la conversación que había tenido con Jacob el día anterior. La rememoré en mi mente como si estuviera viendo una película:
Paseábamos por el bosque, cerca de la cabaña de mis padres. Habíamos estado de caza. Aunque ahora la comida humana me gustaba más y era la que solía comer, aún prefería la sangre y de vez en cuando nos íbamos a cazar. Jake se había vuelto a transformar en humano para poder charlar conmigo. Yo me había puesto mi sudadera y él llevaba sus vaqueros cortados y una camiseta gris, aunque seguía yendo descalzo.
Mientras caminábamos y él me contaba anécdotas de la manada, gesticulando efusivamente, me quedé mirándole un rato, pensativa, y él se dio cuenta. Agaché la cabeza y me mordí el labio.
- ¿Qué pasa? – preguntó. - ¿Cómo lo haces? – levanté la mirada y le miré de nuevo.
Jacob entornó los ojos y sonrió.
- ¿El qué? - Hace un momento eras un lobo y ahora eres humano. ¿No te resulta raro? - No, estoy acostumbrado – dijo, encogiéndose de hombros. Luego, de repente, se paró en seco y me miró con los ojos llenos de preocupación -. ¿Es que a ti sí? - ¿Cómo? – de pronto, me di cuenta de que me estaba malinterpretando -. No, no, por supuesto que no, Jake. No me refiero a eso. Que seas un lobo, me gusta - él sonrió, aliviado, y yo seguí hablando -. Es sólo que me gustaría saber cómo te sentiste cuando cambiaste tan de repente. Me refiero al… cambio físico...
No pude terminar la frase. Por primera vez en mi vida, sentí un poco de vergüenza al hablar de algo con Jacob. Nunca antes me había parado a pensar en que él era un chico y yo, ahora, una chica, y hablar con él de un tema como ese, tan femenino, tan íntimo… Empecé a sentir mucho calor en las mejillas, cosa que jamás me había sucedido.
Jake se percató de mi rubor y se quedó mirándome durante un minuto. Me miraba de forma extraña, fijamente, como embobado, maravillado. No era como cuando me miraba de pequeña. Había algo raro en sus ojos, era una mirada nueva. Sin saber por qué, mis mejillas se encendieron aún más ante su reacción.
- ¡Ay, Jake, basta! – le di un pequeño empujón en el brazo, molesta -. ¡No me mires así! - ¿Por qué no? – me dijo, sonriendo. - Porque es muy incómodo. - ¿Es que ahora te sientes incómoda cuando te miro? – su sonrisa se ensanchó todavía más. - Si me miras como un tonto, sí.
Ladeé la cabeza al lado contrario al que estaba él y me crucé de brazos, enfadada. Se quedó callado un rato.
- Vale, perdona – dijo finalmente.
Giré la cabeza de nuevo en su dirección y vi que sonreía, pero que ya no estaba de broma. Cuando solté los brazos, me cogió de la mano y empezamos a caminar.
- No tienes de qué preocuparte, es algo natural. Te acostumbrarás enseguida - al parecer, ya se había dado cuenta de lo que me tenía en vilo, y de que también me daba vergüenza, porque miró para otro lado mientras me hablaba para que no tuviera que mirarle y me pusiera colorada. No le veía bien la cara, pero parecía un poco más serio que antes -. Lo único que tienes que hacer es no pensar tanto en ello, ni darle tanta importancia.
Sonreí. Jacob siempre daba en el clavo. A veces, parecía que también él podía leerme el pensamiento sin que le pusiera la mano en el rostro.
- ¿Eso es lo que hiciste tú cuando empezaste las transformaciones? - Bueno, mi caso es un poquito diferente al tuyo, ¿sabes? - dijo en tono de broma -. Yo me transformé en un lobo y tú… - me miró con su sonrisa burlona - te has transformado en la bonita Caperucita Roja - y me puso la capucha que llevaba mi sudadera de ese mismo color.
Le di un codazo mientras me la quitaba y nos echamos a reír.
- No te rías de mí – me quejé entre risas -. Lo estoy pasando bastante mal. - Pero, ¿por qué? Tú no te has convertido en un bicho raro como yo – bromeó.
Tan pronto como mencionó las últimas palabras, se me subió un nudo a la garganta y fui incapaz de hablar. Si lo hacía, se me saldrían las lágrimas de los ojos.
Jake se dio cuenta enseguida. ¿Seguro que no podía leerme el pensamiento?
- Eh, eh… - me susurró mientras se ponía frente a mí y me cogía de los hombros -. No irás a llorar, ¿no?
Me caí sobre su pecho y empecé a sollozar como una tonta. Él me abrazó y nos quedamos así un rato.
- Oye - me cuchicheó al oído, al final -. Me estás mojando la camiseta, y es la única que tengo aquí. Voy a tener que ir a buscar otra como sigas empapándomela de esa manera.
Alcé la vista para ver su blanca y perfecta sonrisa. Respiré hondo y asentí. Me cogió la barbilla con su mano caliente, me enjugó las lágrimas y levantó mi rostro.
- Ahora, dime, ¿qué es lo que te preocupa tanto?
Todavía estaba algo compungida y no podía hablar, así que le puse la mano en la mejilla…
…y se la quité de inmediato.
¡Menos mal que me había dado cuenta a tiempo! Si le dejaba leer y, sobretodo, ver mis pensamientos, seguro que vería las imágenes que veía yo todas las mañanas reflejadas en el espejo. Otra vez el fastidioso asunto de chico – chica y otra vez el cambio de color de mi rostro. Jacob frunció el ceño y se quedó con la boca entreabierta, perplejo y confundido por mi extraña reacción. Nunca antes había hecho eso.
- Mejor te lo explico yo - le dije antes de que le diera tiempo a hablar, mientras me separaba de él y paseaba de aquí para allá con el fin de disimular.
Y de paso, para que me diera un poco el aire. Con el calor que desprendía su cuerpo, no se me quitaría el color en la vida.
- Vale, de acuerdo – asintió, sonriendo de nuevo y levantando la mano hacia mí -. Te escucho.
Ya no notaba el rubor en mi cara, así que sentí cierto alivio. Caminé hacia el rincón donde estaba el tronco en el que siempre nos sentábamos. Jacob me siguió en silencio.
Era el tronco de la parte superior de un viejo árbol enorme que se había caído, grueso, envejecido por el tiempo y el sol. El gran árbol debía de haberse partido debido a una tormenta, ya que lo que quedaba de él todavía tenía las señales del rayo que lo había seccionado. Lo que antes había sido la copa se extendía en el suelo y ahora no tenía hojas, se perdía entre los helechos y la vegetación, y lo que sobresalía de las gruesas y torcidas ramas estaba cubierto de un musgo de color verde intenso, ya que siempre estaba en sombra. El resto del tronco reposaba sobre un montículo natural de tierra, rocas y vegetación y, aunque se encontraba rodeado de más árboles inmensos, el sol conseguía penetrar por un pequeño claro que quedaba entre las copas cuando se dignaba a salir, y lo hacía muy agradable. En primavera, la vegetación y la hierba de alrededor florecían, quedando bajo nuestros pies una alfombra de diferentes flores de color blanco, amarillo y malva. Solía cogerle flores silvestres allí a mi madre. Siempre me había parecido un lugar como de hadas, un rincón mágico dentro del bosque.
Me senté en nuestro tronco y Jacob hizo lo mismo.
- Últimamente me siento rara - suspiré y miré al frente para que me fuera más fácil hablar -. He cambiado tanto en un solo mes, que cuando me miro al espejo, no me reconozco, y… es difícil para mí - conforme lo iba soltando, me sentía un poco más aliviada -. Yo sí que me siento como un bicho raro. Se está convirtiendo en una especie de trauma, ni siquiera quiero mirarme en el espejo. Cada poco hay algo nuevo. Cuando ya empiezo a asimilar algo, viene otro cambio. No sé cuándo parará esto.
Jake apoyó el brazo en la rodilla, se inclinó, girándose hacia mí, y me echó una lenta mirada descarada de arriba a abajo. Una sonrisa burlona curvó sus labios.
- Pues, como sigas así, nena, voy a tener que acompañarte hasta la puerta de clase para abrirte paso en los pasillos del instituto. Puede que hasta tengamos que ir nadando entre las babas. Aunque tú no sabes nadar, ¿no? - ¡Jake, por favor! – estaba que echaba humo. No me lo podía creer. Yo me estaba abriendo, contándole un asunto tan serio e íntimo, y él se limitaba a reírse de mí. Si este iba a ser su comportamiento (ahora se estaba carcajeando) no le iba a hablar de esto nunca más -. ¡No volveré a contarte nada jamás! - ¡Era una broma! ¡Sólo lo hice para quitarle un poco de hierro al asunto! – se rió un poco más, pero al ver que yo no cambiaba el gesto, carraspeó y se puso un poco más serio -. Vale, vale - me miró con los labios fruncidos, pensando -. Ahora voy a ser bueno, ¿vale? Lo que te voy a decir va en serio - hizo una pausa antes de hablar de nuevo, como esperando a que yo dijera algo. Me limité a asentir -. Creo que deberías mirarte más en el espejo, enfrentarte a él. Tal vez si lo hicieras e intentaras mirarte con buenos ojos, siendo más positiva, te aceptarías y te acostumbrarías primero. Aunque tú no lo creas, te entiendo perfectamente.
Por supuesto que me entendía. Él había tenido que pasar por algo parecido. Nunca me había hablado de ello con detalle, pero por lo que sabía, me imaginaba lo que había tenido que pasar. Me sentí un poco culpable por enfadarme algo con él, tan sólo intentaba animarme. Nos miramos a los ojos y me sonrió con dulzura al ver mi cara de arrepentimiento. Le correspondí la sonrisa y ambos agachamos la cabeza para mirar al suelo. Se hizo un pequeño silencio.
- ¿Tú te enfrentaste al espejo? - Bueno, sí – se rió -. Una cosa así. Mi espejo fue tu madre. - ¿Mi madre? – pregunté, extrañada.
Jacob levantó la mirada del suelo y miró al horizonte.
- Cuando empecé con las transformaciones, me veía a mí mismo como un mounstro – explicó con el tono de voz más bajo -, y no sabía si tu madre me vería del mismo modo. Sam me prohibió verla y también contarle nada porque decía que era peligroso, que podía hacerla daño. Luego, vi que así la hería más y decidí hacer todo lo posible para que supiera mi secreto. Cuando por fin lo adivinó, tuve que enfrentarme a su veredicto. Si me veía como a un mounstro, seguramente no volvería a verla en la vida y yo me odiaría a mí mismo para siempre, pero tenía que ser valiente, pasara lo que pasara. No hay nada peor que la incertidumbre. Y si, por el contrario, me aceptaba como era, ¿por qué no iba a hacerlo yo? – giró la cabeza para mirarme -. Ya sabes cómo acabó la historia.
Me mordí el labio y me quedé pensativa.
- ¿Qué pasa si no me gusta mi veredicto? – susurré, mirando a los helechos del terreno -. ¿Qué pasa si…?
Jake interrumpió mi frase y me obligó a alzar la vista.
- Si no te miras, nunca lo sabrás - me miró a los ojos y me habló con un susurro -. No seas tonta y mírate al espejo, Nessie. Mírate y verás que sigues siendo tú misma. La misma Nessie de siempre. La Nessie que yo adoro y que siempre adoraré, sólo que más mayor. - ¿Ese es tu veredicto? – pregunté con una sonrisa. - Por supuesto - me respondió él con otra -. Nessie, la mujercita.
La película se desvaneció en mi mente como si una ráfaga de aire se llevara un castillo de arena seca. Suspiré.
Sabía que no podía seguir huyendo de mi misma. Había culpado a mi padre de tenerme en una especie de burbuja como si fuese una niña de cristal, sin darme cuenta de que yo misma estaba haciendo lo mismo en este tema. Me metía yo sola en la burbuja todas las mañanas. Si quería ser una adolescente normal, tenía que aceptar que ya no era una niña, enfrentarme a los cambios de mi cuerpo y asumirlos de la manera más natural posible. Las demás niñas tenían más tiempo para eso, pero yo tenía que ser fuerte y hacerlo en dos meses. ¿Cómo iba a hacer cosas tan normales como, por ejemplo, cambiarme en un vestuario con otras chicas, si me asustaba de mi propio cuerpo? Quería integrarme bien, y eso incluía esas cosas. Tenía que mirar mi cuerpo de forma positiva y reconocerlo como mío. Nessie, la mujercita, me repetí a mí misma, sonriendo. Respiré muy hondo, solté el aire poco a poco y abrí los ojos.
Miré fijamente la imagen del espejo, mi imagen, sin apartar la vista. Me miré de arriba a abajo, lentamente. Una, dos, tres veces. Empecé mi propio examen, intentando poner todo de mi parte en ser positiva. Observé que mi pecho había vuelto a crecer. Esos sujetadores me los había comprado la semana pasada y ya no me servían. ¿Es que esto no iba a parar nunca? Bueno, no es que me molestara especialmente, pero tendría que volver a comprar más. Era un poco molesto, sin embargo, y esforzándome en ser positiva, supuse que me acabaría acostumbrando y al final puede que hasta me gustase. También percibí que era un poco más alta, ahora medía más que mi madre, ya llegaría al 1,70. Pasé de medirme, tenía buen ojo para eso. Mis piernas eran largas y bien contorneadas, bonitas, mi cintura, estrecha, mis caderas eran un poco más anchas, en total consonancia con los hombros, y mi cara seguía siendo más o menos la misma, sólo que un poco más femenina y menos redondeada.
Según me iba fijando, me fui dando cuenta de que había cosas en mí que no habían cambiado tanto. Eso era un alivio y me sentí un poquito mejor.
Me acerqué un poco más al espejo y empecé a buscar esas cosas. Mi pelo seguía siendo casi igual. Era largo y de color bronce, como el de mi padre, lo único que había cambiado es que ya no lo tenía tan rizoso como de pequeña. Ahora el rizo empezaba a la altura de las mejillas, era mucho más abierto y el pelo parecía más suelto, con más movimiento. Hice una mueca de aceptación, eso me gustaba. Ahora entendía por qué la tía Rosalie se empeñaba siempre en hacerme peinados. Mi piel seguía siendo igual de impenetrable, si bien era muy suave al tacto y su temperatura había descendido hasta los 40º, y seguía teniendo esa luminosidad especial, aunque podía pasar por la de una humana perfectamente. Mis ojos también eran los mismos. Del mismo color marrón, igual de brillantes y expresivos. Hasta conservaban un pequeño matiz infantil que me gustó y me hizo sonreír. Incluso mi sonrisa era la misma de siempre.
Había hecho bien en contárselo a Jake. Gracias a su consejo, ahora estaba más relajada. Me alejé unos pasos del espejo y eché una última ojeada para hacer mi veredicto:
La misma Nessie de siempre, pensé. Sólo que más mayor.
Última edición por JACOB&NESSIE el Sáb Mayo 05, 2012 11:09 am, editado 14 veces |
|  | | JACOB&NESSIE Team Jacob

Mensajes: 321 Fecha de inscripción: 14/01/2011 Edad: 32 Localización: Asturias
 | Tema: Re: EL LIBRO DE JACOB Y NESSIE:DESPERTAR.Continuación Amanecer +18 Dom Ene 23, 2011 11:24 am | |
| Ahí va otro capítulo, espero que le guste a alguien :
COMIENZO
Me sentía más animada. Y nerviosa. Me puse la ropa que Alice me había preparado - la interior incluida, ya que ahora no tenía sujetadores -, ordené un poco aquel embrollo e hice la cama. Me asomé de nuevo a la ventana para ver si ya había vuelto Jacob, pero seguía sin aparecer por allí. Fruncí el ceño, preocupada.
Salí de la habitación y llegué al saloncito, donde estaba mi madre.
- Buenos días, cielo – me saludó mientras me besaba la frente. - Buenos días – le di un beso y me dirigí a la ventana del saloncito que daba al lado opuesto al que daba la de mi habitación -. ¿Sabes dónde está Jake? – pregunté, echando un vistazo al exterior. - Sí, te lo iba a decir ahora.
Me giré hacia ella, impaciente.
- ¡¿Le ha pasado algo a él o a la manada?!
De repente, me asusté un poco. Era la primera vez que no venía a buscarme y me pareció muy raro.
- No, no, tranquila. Estuvo aquí anoche y se marchó con Carlisle a La Push. A Emily se le adelantó el parto y rompió aguas a las dos de la mañana. Él tuvo que sustituir a Sam, que le tocaba turno de noche, y Carlisle estuvo supervisando el parto – empezó a pasarme los dedos por el pelo -. Nos pidió que no te despertáramos y que te lo dijéramos por la mañana. Sabía que estarías muy nerviosa por lo de hoy y que te iba a costar dormir.
Suspiré, más relajada.
- ¿Sabes cómo ha salido todo? ¿Emily y el bebé están bien? - Sí, Carlisle llegó por la mañana temprano. Fue un parto natural, muy rápido, y todo salió a las mil maravillas. Los dos están estupendamente – mi madre rió entre dientes -. Los niños de La Push son fuertes como robles.
Era el segundo hijo de Emily y Sam, otro niño. Se habían casado hacía tres años y esos críos sólo se llevaban dos años de diferencia. Como siguieran así, esa casa se llenaría de lobos. Me reí hacia mis adentros al imaginarme la escena.
Pero pronto la alegría fue barrida por los nervios. Jake era el que me iba a llevar al instituto y ahora tenía que ir sola. Sabía que el turno de noche de Sam era hasta las diez de la mañana y que Jacob no iba a poder llevarme.
- ¿Por qué tuvo que ir Jake? – inquirí, algo irritada -. ¿No podía ir cualquier otro? - Es el otro Alfa – se encogió de hombros -, tendría que ir. - Pero son dos manadas. Sam es el Alfa de una y Jake el Alfa de la otra. ¿No podían buscarse la vida en la manada de Sam?
Mamá se quedó algo pensativa y después se encogió de hombros otra vez.
- Supongo que alguien tiene que supervisar las dos manadas – dijo.
Algo no me encajaba.
- Pero, ¿Sam no tiene un segundo al mando? Jake no está a todas horas patrullando con su manada sólo para supervisar – enfaticé esa palabra con rabia -, tiene a Leah como segundo al mando bajo sus órdenes que lo hace por él cuando no está.
Ambas nos miramos, frunciendo los labios. Mi madre sabía que yo tenía razón.
- Bueno, le diré a tu padre que investigue cuando vea a Jacob.
No me gustaba que papá le leyera los pensamientos a Jake, por mucho que gritara, como decía él. Además…
- Papá estaba aquí cuando Jacob vino a avisar, ¿no? - Sí – mamá se dio cuenta de mi intención en cuanto formulé la pregunta -, y no me contó nada, así que lo que nos dijo Jacob tiene que ser verdad.
Seguía siendo raro, pero, aún así, seguro que Jake no había mentido. ¿Por qué iba a hacerlo? Él nunca mentía. No me encajaba, pero seguro que había alguna otra razón.
- Bueno, ya me lo contará Jake – sentencié.
Mamá asintió con una sonrisa.
- Por cierto, ¿dónde está papá ahora? - Ha ido a la otra casa para hablar con Alice. - ¿Para hablar con Alice? – repetí. - Sí, como Jacob no puede llevarte al instituto, lo hará ella. Están discutiendo el tipo de coche adecuado.
Genial. Ya no iba a ir sola. No iba a tener la mano de Jake, pero…
- Vale – señalé la puerta de la cabaña con el dedo -. Entonces, voy para allá, a desayunar y eso. - Voy contigo.
Salimos de la cabaña gastándonos bromas y riéndonos, sin embargo, se me hizo raro el caminar hacia la casa sin Jacob.
Desde que era pequeña, venía todos los días de madrugada de La Push en su forma lobuna y se echaba a dormir un rato bajo mi ventana mientras me esperaba. Le resultaba más fácil dormir a la intemperie como lobo y, aunque no era necesario, ya que en caso de emergencia estaba con mis padres, se sentía más seguro en esa forma si tenía que protegerme. En los últimos años, después de nuestro encuentro con los Vulturis, nos visitaban de vez en cuando algunos vampiros curiosos que querían verme como si de un mono de feria me tratase, y no todos eran de fiar, por lo que mi familia y Jake siempre estaban en alerta. Esa era otra de las razones por las que mi familia se quería mudar.
Cuando me levantaba, me asomaba a la ventana para avisarle y tirarle una de sus camisetas - tenía unas cuantas guardadas en la cómoda de mi habitación para que pudiera cambiarse - y cuando salía por la puerta, ya me esperaba como humano, vestido y todo. Después, desayunábamos juntos en la otra casa y charlábamos animadamente. Cuando mi padre me daba las clases en la enorme mesa de cristal del salón, él se sentaba a mi lado y me ayudaba con los deberes, casi parecía mi compañero de pupitre. A mi padre no le hacía mucha gracia, porque decía que me distraía, pero Jake no le hacía ni caso. A menudo se enzarzaban en alguna discusión sobre algún punto de la lección que estuviese dando, sobretodo en Historia, sin embargo, mi progenitor enseguida lo solucionaba diciendo que mi padre era él y que era el que decidía mi educación y formación. A Jake no le quedaba otro remedio que aguantarse en este asunto, aunque seguía protestando e interviniendo, para desgracia de mi padre.
Excepto en las clases de piano. Jake solía quedarse mudo e ensimismado cuando me veía tocar. La verdad es que siempre se me había dado muy bien, al parecer, había heredado esa habilidad de mi padre. Cuando era más pequeña, muchas veces tocábamos juntos en el enorme piano de cola blanco que había en la esquina del salón. Me encantaba sentarme a su lado y jugar a competir con él para ver quién tocaba más rápido, o a copiar la pieza que interpretaba, mejor dicho, intentar copiar, porque mi padre era insuperable. Otras veces, me sentaba al piano sola y les dedicaba canciones a mis padres, a mi familia y sobretodo a Jake; todos me observaban engatusados, sin embargo, con él era diferente, su sonrisa era especial, siempre me hacía sentir la persona más importante del mundo. Incluso le grabé un CD para uno de sus cumpleaños con temas clásicos populares tocados por mí. Lo guardaba como oro en paño y era la única música clásica que escuchaba. Ahora a mí también me gustaba más otra clase de música, aunque seguía tocando de vez en cuando.
Los vampiros curiosos que nos visitaban no eran vegetarianos y algunos alargaban sus visitas hasta el punto que decidían quedarse una temporada. Eso implicaba que salían de caza, así que también afectaban a la tribu de Jake, por lo que a media mañana se transformaba de nuevo e iba a La Push con la manada y no regresaba hasta la tarde.
Cuando lo hacía en su forma lobuna, yo salía en su busca, corriendo por el bosque; se transformaba y pasábamos el resto de las horas juntos, jugando o charlando entre los árboles o en nuestro rincón. En cambio, otras veces volvía en su Golf rojo y me llevaba a La Push para que viese a Billy y al resto de los chicos de las dos manadas. Muchas veces, nos quedábamos en su garaje y me enseñaba cosas de mecánica o jugábamos con las piezas. Me encantaba observarle trabajar, el sitio, la grasa, el olor. Otras, nos íbamos a la playa a jugar con la arena y con el agua. En verano, solía llevarme a hacer excursiones por los bosques y acantilados de los alrededores, a recorrer a pie las sendas que había en parte del cauce del caudaloso río Quillayute, a pescar, a pasear por las marismas cercanas a la playa para observar las charcas llenas de vida que se formaban con la bajamar, y a las fiestas tradicionales quileutes, en las que había juegos. Eran los únicos momentos de mi vida en los que jugaba con otros niños, aunque con mucho cuidado, claro, Jake y yo seguíamos las pautas de mis padres a rajatabla. También me llevaba a visitar a Charlie, que cada vez que me veía abría los ojos como platos, aunque prefería no hacer preguntas y se limitaba a hacer su papel de abuelo, a abrazarme y besarme.
Pero hoy no estaba a mi lado y, mientras caminaba con mi madre, se me escapaba la vista para ver si lo veía…
Alice conducía el Volkswagen marrón metálico de mi padre a toda velocidad por la carretera que conducía al pueblo. Papá la había convencido para que me llevase en este coche, y menos mal, porque ella quería hacerlo en el flamante y caro Ferrari rojo que Jasper le había regalado. Ya llamaba bastante la atención este coche de gama alta y yo quería pasar desapercibida como otra estudiante más, cosa que no casaba mucho con la tía Alice.
La música estaba altísima y retumbaba en todo el vehículo, pero a ella no parecía importarle demasiado. Cantaba alegremente, igual de alto. Resoplé y bajé el volumen.
- ¿Qué pasa? – preguntó mientras cambiaba de marcha -. ¿No te gusta la ópera? - Es que estoy un poco nerviosa y esta música me pone histérica – le respondí, apoyándome en el reposacabezas a la vez que miraba por el parabrisas. - Ya – hizo una mueca -. Te falta Jacob.
La verdad es que sí. Estaba nerviosa por mi primer día en el instituto, mi primer contacto real y continuado con humanos completos, y necesitaba su apoyo y su calor. Pero también estaba preocupada por él y por la manada. Esos vampiros… ¿y si le había pasado algo, o a los chicos? ¿O a alguien de la tribu?
Rodeé la muñeca derecha, donde tenía la pulsera, con la otra mano.
- Espero que te guste tu habitación – espetó Alice de repente, seguramente para cambiar de tema y relajarme -. Lo he decorado de acuerdo a tus gustos. Ah, y también te he llenado el armario – dejó caer; yo puse los ojos en blanco y resoplé -. No empieces a poner caras raras antes de verlo – me advirtió antes de que yo pudiera acabar de resoplar -. He metido de todo un poco y creo que te gustará – me miró y frunció los labios -. Bueno, y tu madre también me ha ayudado – admitió.
Si mamá la había vigilado, seguro que la ropa me gustaría un poco más.
- Gracias – le dije con una sonrisa -, debió de costarte un triunfo no dejarte llevar.
Suspiró.
- Tu madre también es muy cabezota y puede ser muy persuasiva algunas veces.
Cuando empezamos a adentrarnos en el pueblo, aminoró la velocidad a una normal. Nos quedamos en silencio y, después de un rato, me miró, traviesa.
- ¿Quieres que te coja la mano y te acompañe hasta tu clase? - le puse cara como de no, gracias y se echó a reír con esa risa de duendecillo -. Creo que deberías de dejar esa manía de aferrarte a la mano de ese perro – empezó a hablar tan deprisa, que casi parecía que se iba a quedar sin aliento cuando empezaba la siguiente frase -. Eres como esos niños que siempre se agarran a su peluche y no lo quieren soltar y van con él a todas partes. Bueno, ahora eres mayor, empiezas al instituto y tienes que separarte un poco de él. Ya sabes que no dejan llevar mascotas a clase. Además, querrás que se te acerque la gente, ¿no? Si él fuera pegado contigo a todas horas…
Cuando me dio tiempo a asimilar todas las palabras que iba soltando por esa boca, me aparté del reposacabezas para mirarla fijamente.
- ¿Qué quieres decir? – la interrumpí.
Aunque lo había dicho en tono de broma, no sé por qué había algo que no me gustaba nada en todo ese discursito, sobretodo lo de separarme de él. Ya la conocía bastante bien y cuando hablaba así de atropelladamente, escondía algo.
Me miró con esos ojos dorados abiertos de par en par y puso cara de niña buena.
- Nada, sólo era una broma – me dijo con una inocencia sobreactuada.
Fruncí el ceño y abrí la boca para hablar, pero antes de que me diera tiempo, paró el coche.
- Ya hemos llegado – su sonrisa delataba alivio. - Salvada por la campana – mascullé mientras abría la puerta para bajarme.
Me apeé del coche y saqué la mochila del asiento de atrás. Cerré la puerta trasera con un suave portazo y suspiré.
- Gracias por traerme – dije, sincera. - De nada, cuando quieras. Estoy aquí, por si tienes problemas.
Asentí y la despedí con la mano, después, me encaminé hacia el edificio.
Ahora sí que empezaba mi nueva vida. Era mi comienzo.
El olor de la sangre humana era bastante fuerte y mis oídos se veían rodeados por cientos de latidos de corazón más lentos que el mío que bombeaban a diferentes ritmos y que provenían de todas partes. Nada que no pudiera controlar, al menos, al aire libre. Me giré y le levanté el pulgar a Alice en señal de que todo iba bien. Mi tía me sonrió, pero no se movió de su sitio.
Me percaté de que la gente me miraba mientras caminaba hacia el centro, pero me imaginé que, siendo nueva y en un pueblo pequeño como Forks donde se conocen todos, era normal. Respiré hondo y me adentré en el pabellón.
Jacob y yo habíamos recogido el horario con mis clases la mañana anterior y mis padres se habían empeñado en hacerme un plano a mano alzada del edificio que me había estudiado en casa, con lo cual ya sabía a dónde tenía que dirigirme.
Los pasillos y las aulas eran tan cual me los habían descrito mis padres. Ahora el efluvio que emanaba de la sangre humana era más intenso y también estaba más concentrado. Comencé a notar la acidez caliente de la sed al final de mi paladar, justo donde se junta con la garganta. Sin embargo, y como yo había esperado, tampoco se diferenciaba mucho de lo que sentía cuando estaba con mi abuelo o el resto de humanos que conocía. Era la misma sensación, sólo que un poco más fuerte, y, como me había pasado en el exterior, no era nada que no pudiera controlar perfectamente. Respiré aliviada y seguí caminando más tranquila, aunque otra cosa empezó a incomodarme, por vergüenza. El resto de alumnos se giraban a mi paso y se quedaban claramente boquiabiertos, así que aceleré un poco hasta que llegué a mi primera clase, que era la de Literatura.
Cuando entré en el aula, ya había muchos compañeros en sus asientos, así que eché una ojeada rápida para ver dónde me podía sentar. Con mis ojos de medio vampiro enseguida vi una silla vacía al lado de una chica morena de estética gótica y me dirigí hacia ella para preguntarle si estaba libre.
Me di cuenta de que nadie se sentaba ahí en el momento en que me acerqué y todos se giraron para mirarnos, luego me senté directamente. Ignoré a los demás.
Por el rabillo del ojo observé con más atención a la chica que se sentaba a mi lado.
Era morena, de pelo más bien castaño oscuro, largo y cardado. Iba entera de negro: la sombra de ojos, la línea dibujada bajo ellos, los labios, la ropa y hasta las uñas. Tenía un piercing de aro en la nariz y era bastante pálida. Su camiseta negra tenía la foto de un grupo heavy que yo no conocía y llevaba unas botas con hebillas por encima de los pantalones.
- Eres nueva, ¿no? – me preguntó ella de repente mientras masticaba un chicle. - Sí – asentí. - Me lo imaginaba – suspiró.
Al girarse y mirarme me percaté de que tenía los ojos dorados y me llevé una sorpresa, pero enseguida me di cuenta de que eran lentillas. Además, olía a humana.
- Me llamo Helen Spencer – y me extendió la mano.
Me pareció un nombre muy normal para una chica como ella, casi hasta demasiado dulce.
- Nessie Cullen – rodeé su muñeca con las dos manos por encima de su chaqueta a modo de saludo, para que no notase mi temperatura.
El señor Berty entró por la puerta y posó su maleta encima de la mesa. Todo el mundo se quedó en silencio y prestó atención a su puesta en escena. Nos dio la bienvenida y empezó su discurso de primer día de clase, presentándonos las lecciones que íbamos a dar y los libros que tendríamos que leer.
- ¿Qué horario tienes? – me preguntó Helen en voz baja mientras el señor Berty seguía su disertación.
Saqué el papel del bolsillo de mi pantalón y lo extendí en el pupitre.
- Mi siguiente clase es la de Cálculo – dije, poniendo el papel en el medio de las dos. - ¡Anda! Es el mismo horario que el mío – sonrió con entusiasmo -. Si quieres, puedes sentarte conmigo en las otras clases – de pronto, cambió el semblante y bajó la mirada -, aunque, bueno, si no te apetece… - Claro, no conozco a nadie – le correspondí la sonrisa de antes y ambas nos reímos por lo bajo.
Me extrañó que nadie se quisiera sentar con ella, me parecía una chica muy abierta y habladora. Me cayó bien.
El resto de la clase continuó con un poco más de discurso y concluyó con la introducción de la primera lección. Las demás clases fueron más de lo mismo: sermones de bienvenida, esquemas de las lecciones, etc. A medida que escuchaba los discursos de las futuras lecciones, me fui dando cuenta de que este curso iba a ser muy fácil para mí académicamente, ya que había dado la mayor parte del contenido del curso con mi padre.
A la hora del almuerzo fui con Helen a la cafetería, donde se iba a encontrar con sus tres amigas. Me había contado que, cosas del destino, no habían coincidido en ninguna clase. Insistió en que comiera con ellas y yo acepté, ya que no conocía a nadie más y no quería comer sola.
Cuando llegamos a la mesa donde se solían sentar, me sorprendió lo distintas que eran las unas de las otras.
Dos de ellas eran gemelas. Eran las típicas pelirrojas de ojos marrones con pecas, de pelo liso que les llegaba hasta los hombros, delgadas. Tenían la blanca piel llena de esos puntitos marrones, incluso las manos. La única diferencia entre ellas era que una llevaba flequillo y la otra no. Vestían muy diferente a Helen, más bien era un estilo más parecido al que llevaba yo ese día. La otra era una chica con el pelo teñido negro azabache, ultra-liso, capeado y largo. Era muy guapa y llevaba bastante maquillaje, cosa que la hacía aparentar más edad. Estaba de pie, posando la bandeja de comida, y pude advertir que tenía muy buena figura, para ser una humana. Ésta vestía mucho más sotisficado que las demás chicas del instituto, con tacones de aguja incluidos. Sus ojos eran de color marrón oscuro y su tez era normal. Le habría encantado a Alice.
- Hola, chicas, os presento a Nessie Cullen – Helen me señaló con la mano mientras hablaba. - Hola – dije tímidamente. - Hola, nosotras somos Jennifer y Alison Jonson – dijeron las gemelas a la vez. - Bueno, la del flequillo es Jennifer y la otra Alison – matizó Helen, riéndose las tres. - Y yo soy Brenda Miller – ésta me sonrió con educación, pero me pareció que lo hacía sólo por eso. - Bueno, ahora que ya las conoces, vamos a por nuestra comida o nos quedaremos sin nada en un abrir y cerrar los ojos – Helen me empujó suavemente hacia la cola -. No sabes cómo come aquí la gente.
Cogimos las bandejas y nos pusimos a la cola. Mientras esperábamos y avanzábamos lentamente, me di cuenta de que Brenda no dejaba de mirarme de arriba abajo.
- Sólo te tiene envidia – me dijo Helen cuando se dio cuenta y vio mi cara de extrañeza. - ¿Envidia? ¿A mí? – ahora sí que estaba sorprendida. - Claro, mujer - se rió -. A ella le encanta ser el centro de atención, y ahora llegas tú, y se lo quitas. Es buena tía, pero tiene ese defecto – se encogió de hombros -. No te preocupes, pronto se le pasará y le caerás bien, ya lo verás.
Llenamos las bandejas de comida y nos sentamos a la mesa.
- Menuda lata – se quejó Brenda, dirigiéndose a Helen -. Estamos todas separadas en todas las clases. - ¡Nosotras no! – exclamaron las gemelas al unísono. - Nos ha tocado a las dos juntas en todas las asignaturas, excepto en Cálculo – siguió Alison. - ¡Qué suerte! – Brenda se acicalaba el pelo con la mano y hablaba a la vez – Yo tengo un compañero diferente en casi todas. - Pues yo me siento con Nessie en todas las clases – contestó Helen, mirándome -. Tenemos el mismo horario.
Brenda me observó mientras se comía su ensalada de lechuga, tomate y poco más.
- Tienes un nombre bastante raro, nunca lo había oído – me dijo, pinchando las hojas de lechuga con el tenedor. - Bueno, en realidad es una especie de diminutivo. - ¿Y de dónde viene? – preguntó Jessica. - De Renesmee.
Se quedaron boquiabiertas durante unos segundos. A Brenda se le cayó el trozo de tomate que había pinchado, mientras me miraba con cara de espanto, y las otras tres seguían con la boca abierta. Me dio un poco de risa.
- Sí, lo sé – suspiré -. Es un nombre rarísimo. Por eso me llaman Nessie, es más sencillo y a mí me gusta.
Eso me hizo recordar a Jacob, puesto que había sido él el que me había puesto ese nombre.
- Renesmee – repitió Alison, sacándome de mis pensamientos. - Mi madre tuvo la feliz idea – maticé esa palabra con sarcasmo - de juntar los nombres de mis abuelas: Renée y Esme – me encogí de hombros. - ¿De dónde eres? – quiso saber Jessica.
Eso no estaba dentro del plan. Cogí el ketchup y empecé a echarlo lentamente encima de mis patatas para darme tiempo a pensar. Cuando terminé, ya tenía la respuesta. - Bueno, nací aquí en Forks, pero he llegado hace poco de Denali.
Había estado allí hacía dos semanas con mis padres para ver a Tanya y a su familia, así que no era mentira.
Otra vez recordé a Jake, en lo muchísimo que lo había echado de menos durante mi estancia en Denali. No había dejado de pensar en él en toda esa semana, en si estaría bien, en qué estaría haciendo en cada momento, en si me echaría tanto de menos como yo a él... Y eso que nos habíamos llamado todos los días y hablábamos durante horas. Todavía recordaba el larguísimo abrazo que nos habíamos dado a mi regreso, cuando él ya me esperaba en el porche de la casa grande. Helen se quedó pensativa durante un rato, pero no tardó en preguntarme.
- Tu apellido me suena mucho. Tu padre no será el famoso doctor Cullen que estaba en el hospital hacía unos meses, ¿no?
Esto ya era otra cosa. Seguí mi plan al pie de la letra.
- No, en realidad es mi tío. Vivo con él y su mujer – seguí contando mi historia para evitar el interrogatorio -. Mis padres se quedaron en Denali, pero yo me vine porque aquí tengo mis raíces y a mis amigos – eso lo improvisé. - Ese hombre se conserva muy bien – me dijo Helen -. No sé cuántos años tiene, pero aparenta unos treinta y poco. - Ni siquiera yo sé cuántos tiene en realidad – eso era verdad -. Y él no lo dice nunca, es muy coqueto y se cuida mucho. - Los famosos Cullen – masculló Brenda -. Entonces, tus primos son los Cullen que vinieron a este instituto.
¿Mis primos? No me había dado cuenta de ese detalle. Ahora mis padres y mis tíos eran mis primos, y mis abuelos eran mis tíos, qué enredo más gracioso.
- Pues sí – se hizo un pequeño silencio y cambié de tema, no quería más preguntas -. Así que os ha tocado separadas a todas. - Eso parece – suspiró Brenda -. A todas, excepto a estas dos – y señaló a las gemelas. - Nosotras siempre estamos juntas – dijo Jessica. - Somos una – continuó Alison. - ¡Nadie nos puede separar! – exclamaron las dos a la vez, levantando los tenedores al aire.
Las dos se miraron y se echaron a reír. Su complicidad y sincronización me recordó una vez más a Jacob, a nosotros.
De pronto, la palabra separar hizo que me acordara del atropellado discurso de Alice de esta mañana mientras me traía al instituto, y noté un pinchazo en el estómago. Se me fue el apetito al instante. ¿Por qué lo habría dicho?
Durante el resto del día - después del almuerzo -, ya no podía prestar atención al resto de disertaciones de bienvenida y presentaciones de las lecciones de las clases que me quedaban, aunque no me perdía nada, casi me los sabía de memoria, eran más de lo mismo. En lugar de eso, no podía dejar de hacerme preguntas y de pensar en Jake.
¿Qué había querido decir Alice? ¿Es que me estaban ocultando algo? ¿Tendría algo que ver con que Jacob no me viniera a buscar esta mañana?
Entonces, un estremecimiento me recorrió el cuerpo cuando una vaga ocurrencia se me pasó por la cabeza. Vaga, porque incluso mi cerebro se negaba siquiera a insinuarlo. Me subió de los pies a la cabeza, rápido como el chispazo que sale al encender una cerilla, sólo que este era frío, helado.
A… Jake… le… ha… pasado… algo, tuve que obligarme a pensar las palabras una por una.
La profesora de Historia seguía escribiendo las lecciones del curso en la pizarra, cuando me levanté de sopetón del pupitre, arrastrando conmigo la silla.
Me levanté tan deprisa, que la silla salió despedida hacia atrás y chocó con la mesa posterior, produciéndose un ruido metálico por el deslizamiento de las patas. Toda la clase, incluida la maestra, se giraron después del sobresalto inicial.
Helen me miraba con el rostro aún más pálido de lo que lo tenía normalmente, seguramente porque ni siquiera se había dado cuenta de que me había levantado, dada la velocidad con que lo había hecho.
- ¿Señorita Cullen? – preguntó la señora Smith con un tono claramente irritado en la voz.
El nudo de mi garganta me hacía daño. Intenté que mi voz pareciera lo más segura posible.
- Tengo que llamar por teléfono. Es urgente – susurré al final.
La señora Smith se quedó mirándome durante unos segundos, analizando mi rostro de súplica, y asintió. Cogí el móvil que mi padre me había metido en la mochila y salí disparada, como lo haría una humana, hacia el pasillo. Siempre había odiado esos trastos, pero en ese momento me pareció el mejor invento del mundo. Todos siguieron mis pasos con las cabezas.
Una vez fuera de la clase, cerré la puerta y marqué el teléfono de Jacob a la velocidad de un cohete. Si llamaba a mi casa y había pasado algo, seguirían con la farsa y no me enteraría de la verdad.
El tono del teléfono sonó cinco veces y nadie lo cogía. Seis. Siete. Ocho. Nada.
Me enganché el pelo de raíz con la mano mientras daba cortos paseos de acá para allá con nerviosismo.
Once. Doce. Trece…
Estaba a punto de colgar, ya desesperada, cuando alguien descolgó el teléfono.
- ¡¿Jake?! – de un brinco, me puse contra la pared, con la cabeza gacha, y apoyé la mano con el brazo estirado.
Me temblaban las piernas.
- No, soy Billy. ¿Eres tú, Nessie? - Sí, ¿está Jake? - No, no está aquí. ¿Qué te pasa? Pareces nerviosa.
Tal vez Billy no supiera nada. Tenía que ser cauta y actuar con sutileza.
- No, nada – intenté relajar el tono de mi voz -. ¿Sabes dónde está? - Está en su garaje. ¿Te ha pasado algo? ¿Quieres que le llame para que se ponga?
Cerré los ojos y respiré aliviada. Me di la vuelta y me apoyé, más calmada, en el paramento.
- No, no te preocupes, tengo que ir a clase. Era una chorrada de las nuestras.
Billy se rió entre dientes.
Ahora ya no había razón para preocuparme ni para molestarle y, además, tenía que entrar en el aula. Nos despedimos y colgué el teléfono.
Cuando entré en clase, todos volvieron las miradas hacia mí hasta que me senté de nuevo.
- ¿Era algo grave? – me preguntó la señora Smith desde la pizarra, bajando un poco sus gafas de pasta verdes.
Mis compañeros de clase se giraron para mirarme, expectantes ante la perspectiva de un nuevo cotilleo para el almuerzo de mañana.
Genial, pensé. Yo que quería pasar desapercibida, ahora era el centro de atención de toda la clase. Seguramente, al día siguiente lo sería de todo el instituto.
- No, era una falsa alarma, gracias – esta última palabra la dije bajito, entre dientes.
La profesora asintió, subiéndose las gafas de nuevo, y se giró para seguir escribiendo su interminable lista de lecciones.
Empecé a copiar lo que me había perdido y el resto de la clase transcurrió sin más problemas.
Habían pasado diez minutos desde que la señora Smith había terminado de escribir, cuando sonó el timbre de la que era mi última hora. La gente empezó a levantarse ruidosamente de su sitio, a excepción de algunos rezagados que seguían copiando. Helen y yo salimos al pasillo, donde nos fuimos encontrando primero con Brenda y después con Jessica y Alison.
A medida que nos acercábamos a la puerta de salida mientras charlábamos sobre las clases, se notaba una suave brisa que discurría por el pasillo y que se iba haciendo más y más intensa.
Aunque no habíamos salido todavía, mi olfato detectó enseguida un olor familiar que se mezclaba con el aire otoñal de fuera y con todos esos efluvios humanos. Ese aroma que me encantaba y que tanto había echado de menos esa mañana.
Jake había venido a buscarme.
A mí me encantaba su olor, desde siempre. No me olía a perro mojado, como decía mi familia. Aunque su sangre no era humana del todo y estaba mezclada con algo animal, olía extremadamente bien. Era extraño, porque su olor me parecía realmente delicioso, más que el de ningún otro ser, incluso lobo, pero no me daba sed, como sí me ocurría con los animales que cazábamos, o con los demás lobos, o con los humanos que ahora mismo me rodeaban. Jacob parecía estar en un lugar aislado y único, a salvo, al menos de mis colmillos. Su aroma me llamaba de otra forma, de un modo imposible de explicar. Su maravilloso efluvio, además, estaba vinculado al bosque, también olía a madera, a naturaleza, y su piel tenía algo aromático que me gustaba muchísimo.
Tuve que reprimir mis ganas de salir corriendo en su busca y tirarme a sus brazos. Después del susto de antes, era lo único que me apetecía hacer. Pero ahora ya sabía que estaba bien, y no podía dejar a mis nuevas amigas allí tiradas sin despedirme ni nada. Se habían portado muy bien conmigo.
Seguimos caminando despacio – a mí me pareció una eternidad – y al fin salimos al exterior, donde el olor se hacía más intenso y me indicaba hacia dónde tenía que mirar para verle: a la izquierda.
Giré la cabeza súbitamente en esa dirección y, por fin, le vi.
Estaba apoyado en su Harley Sprint, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, sonriéndome con esos dientes blancos suyos que resaltaban sobre su cobriza piel y mirándome con sus centelleantes y alegres ojos negros. Una ola de alegría invadió mi cuerpo nada más verle.
Aunque volví el rostro para despedirme de mis compañeras, no pude evitar echar fugaces vistazos a Jacob a cada instante.
- Bueno, chicas – comenzó a despedirse Helen -. Mañana nos vemos… - ¡Hey, mirad a ese tío! – exclamó Brenda en voz baja antes de que Helen terminara su frase.
A las cuatro se les cayó la mandíbula y permanecieron así unos segundos mientras miraban a alguien. Brenda estaba frente a mí y su cabeza miraba hacia su derecha, que era mi izquierda…
Volteé mi cara y vi a varios chicos en el aparcamiento, junto a sus coches.
- ¿Cuál? – pregunté con curiosidad. - El chico de la moto – cuchicheó Brenda sin quitarle ojo.
Un chico con moto… Miré de nuevo y sólo estaba… ¿Jacob? Todas le estaban mirando a él…
- ¿Qué le pasa? – miré a Jake sin comprender.
¿Es que tendrían prejuicios? Porque si era así, tendría que buscarme nuevas compañías. No me gustaba ese tipo de gente.
- ¿Estás ciega? Es muy guapo – mascullaron las gemelas al unísono entre risitas tontas. - ¡Está como un tren! – exclamó Brenda con entusiasmo.
¿Qué? ¿Cómo? ¿Jacob guapo? ¿Mis nuevas amigas pensaban que Jake estaba como… como un tren?
Me quedé observándole y por primera vez mis ojos miraron de una forma extraña.
Su pelo negro lucía corto, a la moda, y hacía juego con sus expresivos y grandes ojos del mismo color. Su piel rojiza era de aspecto suave y hacía resaltar aún más sus dientes blanquísimos y perfectos. Llevaba una camiseta marrón de manga corta que marcaba sus músculos y dejaba al aire sus enormes y poderosos brazos, y unos oscuros vaqueros largos que no es que fueran ceñidos, pero, al igual que le pasaba con la camiseta, a él le quedaban algo ajustados.
La verdad, era bastante… ¿guapo? Yo diría más bien muy guapo, guapísimo. Tal vez sí que estaba un poco ciega, porque nunca me había fijado de ese modo.
- Nos está mirando – por su tono de voz, me percaté de que para Brenda ese nos era como un me -. Tiene una sonrisa preciosa.
Brenda le lanzó un guiño de ojo descarado a Jacob y le sonrió, cosa que me molestó bastante. ¿Qué fue eso? Le hubiera dado un puñetazo allí mismo, de no ser porque yo no era agresiva. Bueno, y porque le podría arrancar la cabeza de cuajo sin querer.
- No es de por aquí, debe de ser de la reserva – adivinó Helen –. Parece más mayor que nosotras, ¿cuántos años tendrá? Aparenta unos veinticinco. - Me gustan mayores – espetó Brenda, jugueteando con el pelo sin apartar la vista de él.
Apreté el puño con fuerza.
- Parece un jugador de la NBA – añadió Jessica, mirándole boquiabierta. - Me encanta la NBA – siguió Brenda, haciendo lo mismo.
Rechiné los dientes.
- Me pregunto si vendrá a buscar a alguien – dijo Alison.
Mi oportunidad.
- Sí, a mí – intervine, adelantándome a Brenda, que ya estaba apuntito de decirlo para hacer la gracia -. Así que tengo que irme, chicas. Gracias por todo.
Empecé a trotar de camino a Jacob y las dejé atrás con los ojos abiertos por la sorpresa y la boca colgando. Por el rabillo del ojo pude ver que Brenda parecía pálida por primera vez. Solté una risilla maquiavélica.
- ¡Os veo mañana! – grité, alejándome trotando mientras me despedía con la mano.
Ahora ya no me importaba salir corriendo hacia Jake, es más, lo iba a hacer para darle una lección a esa descarada de Brenda.
Tiré la mochila junto a la moto. De un salto, me arrojé a sus brazos para abrazarle y me elevó por el aire, dando una vuelta mientras nos reíamos. Me posó en el suelo, apoyé mi mejilla en su cálido pecho y le rodeé el cuerpo con los brazos, apretándolo. Jake hizo lo mismo con los suyos, acercó su rostro a mi cabeza y me olió el pelo. A él también le encantaba mi olor.
- Qué efusiva. Veo que tú también me has echado de menos – susurró. - Sí, mucho – hundí la cara en su pecho e inspiré para olerle. - Qué, ¿no has intentado comerte a alguien? - Muy gracioso – le respondí con retintín.
Jacob se rió.
- Bueno, prueba superada – entonces, su voz sonó más seria y muy cálida -. Estoy muy orgulloso, aunque siempre he confiado en ti. - Lo sé – apreté mi abrazo -. Gracias, Jake. - Así que ya has hecho amigas – cambió de tema.
Me aparté un poco de él para mirarle.
- Sí, al menos, lo son de momento. - ¿De momento? – me miró extrañado -. ¿No te caen bien? - Sí – hice una mueca -. Bueno, casi todas. La morena guapa – maticé esa palabra con intención - no me cae muy bien. Es un poco… creída. - Ah, ya. - ¿Cómo que ya? – me aparté un paso de sus brazos para ver mejor su rostro. - Bueno – Jacob me soltó para ponerse a mi lado y me pasó el brazo por los hombros. Nos apoyamos en la moto y vi que ellas seguían en el mismo sitio, echando un vistazo de vez en cuando. Giré la cabeza para mirarle -. Verás, no sé si te has fijado, pero no hacía más que insinuárseme.
¿Que si no me había fijado? Hasta yo, que había tenido doce años hacía un mes y medio, lo había notado.
Me miró con una mueca sonriente, una de esas sonrisas torcidas suyas. Para mi asombro, parecía muy satisfecho. Fruncí el ceño de tal manera, que casi me hacía daño, y apreté tanto los dientes, que me rechinaron. A Jacob parecía encantarle mi reacción.
- Mira – siguió sonriendo, disfrutando -, vas a tener que pararle los pies, o mañana se me tirará al cuello a morderme.
Algo parecido a fuego me atravesó el cuerpo.
- A lo mejor es lo que quisieras tú – le solté mordaz.
Se carcajeó y me atrajo con fuerza contra su pecho. A mí no me hacía ni pizca de gracia. Le aparté y me crucé de brazos, enfadada.
Se quedó en silencio, mirándome con su sonrisa torcida.
- No te preocupes, no me gusta nada. - Pues bien que te diste cuenta de sus insinuaciones – dije con sarcasmo. - Soy un hombre. Cualquiera se hubiera dado cuenta.
Se rió como si fuera lo más normal del mundo y le miré boquiabierta, con la ceja levantada.
- Claro, si una chica guapa se te insinúa… - No es tan guapa, lleva demasiado maquillaje. - Veo que te fijaste poco en ella – seguí con mi sarcasmo. - No me fijé, es que la estoy viendo desde aquí – me cogió la barbilla y giró mi cabeza en dirección a mis amigas. - Ah – me empezó a dar un poco de vergüenza. - Cuando estabas con ellas, te estaba mirando a ti – ahora hablaba más serio -. Sólo aparté la vista cuando me guiñó el ojo porque me hizo gracia, eso es todo – alegó, encogiéndose de hombros.
¿Pero a mí qué me importaba? ¿Por qué me tenía que dar explicaciones? Comencé a sentirme culpable.
- Bueno, no me importa, Jake. No me tienes que explicar nada, puedes hacer lo que quieras. - Eso es lo que estoy haciendo – sonrió.
Se hizo un tímido silencio que rompió al cabo de un rato.
- ¿Qué? ¿Nos vamos? – preguntó, dándole un golpecito a la moto con la mano.
Me aparté de la máquina de un salto, con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¿En la moto? - Sí, quiero compensarte por lo de esta mañana. ¿Te parece bien?
¿Que si me parecía bien? Llevaba años queriendo subirme a la moto, pero ni siquiera Jake me dejaba porque era muy pequeña. Le abracé de nuevo.
- ¡Claro, Jake! ¡No sabía que me ibas a llevar en la moto! - ¿Y qué te creías, que la traía de adorno para apoyarnos en ella?
Mi mejor amigo se subió a la moto y yo me monté detrás, después de ponerme la mochila a la espalda. El motor rugió con fuerza cuando la arrancó, haciendo que todos los que aún quedaban alrededor se giraran para mirarnos, incluidas mis nuevas amigas.
- ¡Agárrate fuerte! – gritó, a la vez que aceleraba.
Me aferré a su cintura y salimos disparados del aparcamiento en dirección a la carretera.
Última edición por JACOB&NESSIE el Miér Ene 26, 2011 7:06 pm, editado 1 vez |
|  | | IneLautner Team Jacob

Mensajes: 231 Fecha de inscripción: 06/08/2010 Edad: 19 Localización: Doctoral, El - Las Palmas de Gran Canaria (Grand Rapids)
 | Tema: Re: EL LIBRO DE JACOB Y NESSIE:DESPERTAR.Continuación Amanecer +18 Dom Ene 23, 2011 2:16 pm | |
| Interesante, continuará.. te leo ^^ _________________ KWOP KILAWTLEY |
|  | | JACOB&NESSIE Team Jacob

Mensajes: 321 Fecha de inscripción: 14/01/2011 Edad: 32 Localización: Asturias
 | Tema: Re: EL LIBRO DE JACOB Y NESSIE:DESPERTAR.Continuación Amanecer +18 Dom Ene 23, 2011 3:00 pm | |
| Gracias por darle una oportunidad! ^^ Bueno, voy a dejar otro capi, a ver si se anima más gente... TAHA AKI
El viento templado de finales de septiembre me golpeaba la cara con velocidad, arrastrando hacia atrás mi pelo, y, aunque yo podía correr tan rápido como la moto negra, la sensación de libertad era enorme. Tal vez porque sólo tenía que centrar mi atención en el viento y no tenía que fijarme en otras cosas, como ir por dónde iba. O tal vez era el hecho de ir junto a Jake. Siempre me sentía más libre a su lado.
- ¿A dónde quieres ir? – me preguntó. - A La Push. Quiero ver a Emily y al niño. - ¡A la orden! – exclamó, haciendo el saludo militar.
Seguimos por el pueblo, pasando por delante de las tiendas, de donde salía la gente a nuestras espaldas para ver el por qué de ese ruido estrepitoso. Cuando llegamos a la carretera que daba a La Push y ya no había peligro para los viandantes, Jacob aumentó la velocidad. Me aferré a su cuerpo con más fuerza y él volvió a acelerar. Giró la cara medio segundo para observarme, tiempo suficiente para que pudiera ver que sonreía con satisfacción.
- ¿Te gusta? – me preguntó, entusiasmado. - ¡Me encanta! – exclamé entre risas.
Se carcajeó y yo apoyé mi alegre mejilla en su espalda mientras observaba el paisaje de los acantilados de las islas y la playa, que ya se extendían a nuestro lado. Aunque la sensación térmica del aire era fresca cerca del mar, yo no tenía ni pizca de frío pegada a Jacob.
Nos detuvimos al llegar frente a su casa. Nos bajamos de la moto y la condujimos hasta el garaje.
Mientras caminábamos hacia casa de Emily y Sam, Jacob me contaba efusivamente la batalla de la noche anterior. Habían avistado a uno de esos vampiros curiosos y me hablaba de cómo lo habían acechado y arrinconado hasta partirlo en trocitos. Gesticulaba con las manos y la cara, imitando los movimientos de la pelea con real entusiasmo. Recordé lo mal que lo había pasado hacía apenas unas horas. A él, en cambio, parecía encantarle todo eso.
- ¿Qué pasa? – preguntó cuando se dio cuenta de mi gesto. - Nada, es que parece que te lo pasaste muy bien cazando a ese vampiro. - La verdad es que sí – dijo, sonriente. - Pues yo lo pasé fatal, ¿sabes?
Metió una mano en el bolsillo del pantalón y cogió la mía con la otra.
- ¿Por qué? – giró su semblante, ahora serio, hacia mí. - Pensé que te había pasado algo – susurré, bajando la mirada. - ¿Por eso llamaste a mi padre? – sonrió de nuevo. - Bueno, en realidad te llamaba a ti. Cuando Billy cogió el teléfono, estaba a punto de colgar. Tardó tanto, que ya estaba histérica. - Lo cogió de milagro. Acababa de llegar de casa de Emily y Sam - volvió la mirada al frente -. A ver, ¿y por qué iba a pasarme nada? - Como hoy no viniste a buscarme por la mañana… - no era sólo por eso, por supuesto, pero dejé la frase ahí, no quería contarle lo que Alice me había dicho en el coche -. Me pareció raro. Es la primera vez que me dejas sola y estaba preocupada. - Ya, perdona – me apretó la mano -. Fue una emergencia. Bueno, ya sabes que Emily se puso de parto y tuve que sustituir a Sam en su turno de noche. - Esa es otra de las razones por las que me pareció raro que no vinieras, y me preocupara – le miré a la cara para ver su reacción -. ¿Por qué tuviste que sustituir tú a Sam? ¿No tiene un segundo al mando? - Claro que lo tiene, es Paul – se encogió de hombros sin comprender. - Y entonces, ¿por qué tuviste que ir tú y no dejó a Paul al cargo?
Jacob bajó la mirada al suelo y se quedó pensativo durante un rato, con las cejas fruncidas.
- La verdad es que no lo sé – contestó al fin -. Simplemente me lo pidió a mí y yo le hice el favor, nada más.
Torcí el gesto, pensando. La explicación no me convencía del todo, pero Jake era sincero.
¿Qué motivo tendría Sam para pedírselo a Jacob y no a Paul? ¿Es que tendría algún problema con este último? Bueno, con ese carácter que tenía… ¿O acaso Paul no podría ir tampoco? En ese caso, habría un tercer al mando…
- Mira, ahí están los chicos – anunció Jake, interrumpiendo mis cavilaciones.
Frente a nosotros, a unos metros, se encontraba la casa de Emily y Sam, y delante estaban Seth, Jared con Kim, y Embry.
La casita era la misma de siempre, sólo que rejuvenecida, ya que la habían pintado no hacía mucho. Habían respetado los colores y seguía siendo de color gris – ahora más alegre -, con su ventana estrecha junto a la puerta de color azul intenso y las jardineras luciendo sus caléndulas naranjas y amarillas.
- ¡Buf! ¡No sé si entraréis en esa casa! – exclamó Seth cuando nos acercamos -. Está abarrotada de gente. - Sí, tío. Nosotros hemos tenido que salir a tomar un poco el aire – siguió Embry. - ¿Quiénes están? – preguntó Jacob. - ¿Tengo que decirte todos los nombres? – Seth empezó a gesticular como contando con los dedos. - No, gracias. No tenemos todo el día – Jake le dio un suave puñetazo en el brazo, siguiendo su broma -. Probaremos a entrar.
Saludé con la mano suelta a los chicos y a Kim, que me correspondió con una sonrisa tímida, mientras Jake me conducía a la casa.
El interior del hogar de Emily y Sam parecía un enjambre de personas: unas, moviéndose apretadas de aquí para allá por el pequeño salón-cocina y subiendo y bajando la estrecha escalera que daba a las habitaciones del bajocubierta, peleándose por pasar; otras, paradas o sentadas, charlando. Ni siquiera había un hueco en la encimera para apoyarse. El barullo era tal, que no podía distinguir las voces de aquellos a los que más conocía: los chicos que componían las dos manadas. La mayoría de los que allí estaban eran los metamorfos con sus respectivas familias. Conocía a todos los lobos de las dos manadas y no estaban al completo, por supuesto, ya que las transformaciones lupinas habían aumentado con la aparición constante de vampiros y ahora, juntando los dos grupos, eran ya veinticuatro, Alfas incluidos1. No habrían entrado en la pequeña casa. También había gente allí de la reserva de los makah, de dónde era Emily, que nunca había visto.
[1 Todos los nombres aparecen en el Índice de Lobos, al final del capítulo]
Resoplé al ver todo aquel lío. Era imposible entrar. Tan sólo en la puerta, había dos de los chicos de espaldas que bloqueaban el paso con sus enormes corpachones, no hubiera podido pasar ni una hormiga. Parecían porteros de discoteca y sólo tenían catorce años. Aún así, Jake consiguió traspasar el umbral cuando uno de los porteros le vio y le dejó entrar. Me arrastró con él sin soltarme de la mano – me pegó tanto a su espalda, que yo no quitaba ojo al suelo para no tropezarme con sus pies - y logramos abrirnos paso entre la multitud. Me asombré de la habilidad de Jacob para conseguir progresar con tanta maestría.
Según adelantábamos, la gente se fue acallando hasta que sólo se oyó un suave murmullo. Jake aflojó un poco su amarre, de manera que ahora ya caminaba mejor y podía levantar la vista.
Fue entonces cuando me percaté de que no avanzábamos por la destreza de Jacob. La gente lo dejaba pasar, haciéndole un pasillo con suma amabilidad. Miré alrededor para saludar a las personas que conocía, pero todas le observaban a él con admiración y fascinación, y también como con sumisión. Le tenían respeto.
Me quedé tan maravillada, que hasta yo empecé a sentirlo.
Jake no pareció darle importancia. Subimos las escaleras tranquilamente, sin empujones, y llegamos al bajocubierta, donde ya habían despejado el pequeño vestíbulo y nos esperaba Sam en la puerta de la habitación.
Nos saludamos, felicitándole, y nos condujo hasta Emily, que reposaba en la cama con el bebé en brazos. Nos acercamos para darles un beso a los dos y ella insistió en que lo cogiera en brazos.
Por supuesto, yo nunca había cogido a un bebé y me daba miedo que se me cayera al suelo, así que lo cogió Jake.
Era un bebé precioso, de piel cobriza, aunque clara, moreno y con bastante pelo. No podría decir a quién se parecía de los dos, era tan pequeño.
Jake le acarició la cara delicadamente con su dedo mientras le hacía carantoñas y el niño se lo atrapó con su pequeña manita. Se notaba que había tenido experiencia conmigo, aunque fuera corta.
- ¡Este crío va a ser fuerte! – exclamó Jacob cuando el niño le apretó el dedo. - ¿Cómo se llama? ¿Ya le habéis puesto nombre? – pregunté, mirando a Emily. - Sí, se llama Ethan.
Me acerqué a los dos para unirme a las carantoñas y a las caricias. Le estaba tocando la pequeña y chata nariz, cuando también me agarró el índice. Ethan nos tenía agarrados y acercó los puñitos de tal modo, que nuestros dedos se quedaron juntos, con las yemas tocándose. Jacob estiró un poco su dedo y empezó a acariciar el mío.
Entonces, los dos levantamos la mirada tímidamente y nos quedamos así, con Ethan en medio, en los brazos de Jake.
Sin querer, me quedé mirándole embobada, como si nunca lo hubiera visto, parecía que no hubiese nadie alrededor. Ahora recordaba lo que habían dicho mis nuevas amigas. Sus ojazos negros, con su profunda mirada, parecía que me llamaban… Un carraspeo nos espabiló, haciéndonos pegar un pequeño brinco, y separamos los dedos inmediatamente.
- Jake, ¿puedo hablar contigo un momento? – preguntó Sam. - Claro. Toma, cógelo un momento – sin que me diera tiempo a abrir la boca, Jake me lo colocó en mis vacilantes brazos -. Sujétale bien la cabeza, ¿vale? – dijo, ya alejándose junto a Sam.
Salieron al pequeño vestíbulo de la escalera y yo me quedé con Ethan en brazos. ¿Qué se supone que iba a hacer con ese bebé? Miré a Emily y se lo di. Seguro que ella estaba ansiosa de tener a su cachorrito a su lado. Me acordé de su otro retoño de dos años.
- ¿Dónde está Joshua? – le pregunté. - Con Leah en la playa. Aquí había demasiado jaleo. - Ah - fue lo único que se me ocurrió decir.
Me daba mucha pena de ella. La eterna enamorada de un amor imposible, que fue abandonada por su amado al imprimarse de su prima, y que, para encima de no poder tener hijos, cuida y trata como tales a los de ellos dos. Sólo por hacer eso, se merecía el cielo y el universo entero.
No acababa de entender eso de la imprimación. Jake me había hablado de ello en alguna ocasión cuando era pequeña, pero no me había contado mucho. Me había dicho que la imprimación sólo tenía lugar con tu alma gemela, que esas dos personas estaban hechas la una para la otra, que el imprimado pasaba a pertenecer, de algún modo, a la otra persona y que siempre estaría a su lado de buena gana de la forma que eligiera ella, fuera como fuera, para hacerla feliz. Sonaba muy bonito, pero en casos como el de Leah y Sam, me parecía de lo más injusto.
- ¿Qué tal tu primer día de instituto? – me preguntó Emily. - Genial. Ya hice amigas y todo – de momento, incluí en el término amiga a Brenda. - Qué bien…
Sin que terminara la frase, alguien llegó al lecho para hablar con ella y ver al niño, así que me aparté hacia los pies de la cama.
Ahora, desde mi nueva posición, a través de la puerta de la habitación podía ver a Jake, que seguía hablando con Sam. Tenía los brazos en jarra y asentía, mirando al suelo, mientras éste hablaba.
Agucé el oído para ver si podía escuchar algo, pero cuando puse atención a la conversación, se encaminaron hacia el dormitorio. Jake se colocó a mi lado y Sam corrió con Emily.
Nos quedamos mirando la estampa que teníamos enfrente. La verdad es que parecían tan felices. Sí, realmente lo eran.
Sobretodo ella. ¿Cómo no iba a serlo? Tenía a su lado a ese hombre con su entrega total e incondicional. Él era suyo. Pero había algo más. Había amor verdadero. Sólo había que ver la forma en que se miraban el uno al otro. Sam estaba imprimado, pero ella había elegido amarle. Según Jacob, si Emily no estuviera enamorada, ahora Sam estaría a su lado como un amigo o lo que ella quisiera. Eso sí, Sam no amaría a ninguna otra mujer durante el resto de su vida.
- ¿Nos vamos? – me preguntó Jake, sacándome de mi mundo.
Asentí y le cogí la mano para iniciar la marcha.
Jacob se despidió de Emily y Sam levantando la mano y este último confirmó con la cabeza.
Al bajar por las escaleras, pasó lo mismo que cuando entramos y subimos. Y, una vez más, Jake no le dio importancia.
Salimos al exterior, donde seguían Jared con Kim, Embry y Seth.
- No era para tanto – le murmuró Jake a Seth al pasar a su lado, sin pararnos.
Éste se rió, cruzando los brazos y negando con la cabeza.
- Bueno, no todos tenemos los privilegios que tienes tú – se oyó decir a Seth a nuestras espaldas - ¡Oh, su majestad!
Me giré un poco mientras lo decía, y estaba haciendo reverencias burlonas. Jared le dio una colleja cuando se incorporaba de una de ellas.
- Payaso – bufó Jacob, riéndose.
Me quedé observándole durante un rato mientras caminábamos hacia la playa. Lo que había pasado en casa de Sam y Emily me había dejado impresionada. Él se dio cuenta.
- ¿Qué? – me preguntó, mordiéndose el labio. - ¿Qué ha pasado ahí dentro? - No sé a qué te refieres – disimuló, encogiéndose de hombros. - Vamos, Jake – le azucé, dándole tirones de la mano -. Sabes de sobra de qué estoy hablando. Cuéntamelo. - No hay nada que contar. Esa gente está un poco chiflada, nada más – y me tocó la punta de la nariz con el dedo.
Caminé normal de nuevo, pero no estaba dispuesta a darme por vencida.
- ¿Por qué dices eso? – inquirí para intentar sonsacar. - Creen demasiado en las leyendas – suspiró. - ¿Qué leyendas? ¿Es que formas parte de alguna de ellas?
Jake me miró sonriendo, exhalando el aire de repente.
- ¡Eres demasiado rápida para mí! ¡No se te escapa nada! – rió, negando con la cabeza. - En eso salí a mi padre. Ya sabes, soy hija de Edward Cullen – bromeé. - Ya veo. Menos mal que no puedes leer la mente y todo eso – se rió otro poco y siguió hablando -. Bah, te lo voy a contar. Me da un poco de vergüenza, pero bueno. - Conmigo no tienes por qué. - Ya lo sé, pero aún así… - frunció los labios -. Bueno, es una chorrada. No te creas ni una palabra de esas historias, ni nada. Son cosas de viejos. A veces la gente se creé cosas… - ¡Ay, venga, Jake! ¡Cuéntamelo ya, no seas pesado! – exclamé, riéndome y tirándole de la mano otra vez. - Vale, vale – se rió. Cogió aire y empezó a hablar un poco más serio -. Verás, bueno, ya conoces toda la historia de nuestro antepasado Taha Aki. - Sí – y comencé a vocalizar como si fuera la narradora de una obra de teatro -, fue el primer Espíritu Jefe que usó su espíritu, metiéndolo en un lobo, para salvar a la tribu de la codicia de Utlapa, un espíritu guerrero malvado que le había robado su cuerpo y fingía ser él. - Veo que te sabes la lección. - Edward Cullen – volví a bromear.
Hizo una mueca y siguió contando todo de carrerilla.
- Bueno, pues se dice que Taha Aki tenía una gran fuerza espiritual y que era capaz de dominar su mente y sus pensamientos como nunca antes había visto nadie. Era el único que podía ocultar los pensamientos que no quería que los demás espíritus guerreros oyeran, después de lo que había pasado con Utlapa. Sin embargo, mientras hacía eso, él seguía oyendo los de los demás. Nadie sabe cómo lo conseguía, porque nunca se vio algo igual. Fue el primer lobo de todos, el Alfa de los Alfa, y se considera como el mayor de los Espíritus Jefe, como si fuera una especie de… rey o algo así. - Espera, espera – me detuve y él hizo lo mismo - ¿Y qué tiene eso que ver contigo?
Me observó, mordiéndose el labio con el rostro algo avergonzado, y se quedó pensando.
- ¿Jake? - ¡Bah! Es que es tan absurdo… Sólo son bobadas - intentó iniciar la marcha, pero tiré de su brazo hacia atrás.
Miró hacia arriba y suspiró.
- Está bien, está bien. Si no me lo quieres contar… - empecé a caminar de nuevo.
Esta vez fue Jacob el que me detuvo.
- A mí me pasa lo mismo – soltó de sopetón.
Mis ojos casi se salían de sus órbitas. ¿Que podía ocultar sus pensamientos?
- ¿Cómo? – me quedé boquiabierta. - No sé por qué ocurre, ni cómo lo hago – se encogió de hombros y empezamos a caminar de nuevo -. Tampoco me pasa todo el tiempo, sólo algunas veces. Los ancianos dicen que terminaré perfeccionando la técnica y que lo haré cuando quiera – se echó a reir -. ¿Te lo puedes creer? Esos viejos me hablan de técnicas cuando yo ni siquiera sé cómo se hace. - ¿Cómo es? – estaba maravillada. - No sé. Simplemente, cuando no quiero que oigan algunas cosas, puedo pensar en otras a la vez, como para tapar, ¿sabes? Como cuando vas por la calle escuchando música con el mp3. Escuchas la música, pero, a la vez, cruzas la calle, miras que no vengan coches, caminas por donde tienes que ir, y puedes hacer todo eso escuchando la canción que quieres tranquilamente, poniéndola atención. Los demás no escuchan la música, porque llevas tus auriculares puestos, ¿me sigues? – me miró para ver si le entendía -. Bueno, no sé. Es un rollo un poco raro y difícil de explicar. Ya te digo que ni yo sé cómo lo hago. - Qué guay. ¿Y desde cuándo te pasa eso? - Me vino hará unos tres meses, más o menos. Fue de repente. Me uní a la manada para patrullar, como otro día más, y, de pronto, todos se quedan como patidifusos. Luego, me dijeron que no podían oír algunos de mis pensamientos, que era como si hubiera interferencias o algo así. En ese momento creí que me estaban tomando el pelo.
Mis ojos se abrieron como platos otra vez.
- Entonces, mi padre tampoco te podrá leer la mente – solté toda emocionada. - No te hagas ilusiones – me pellizcó la mejilla con una sonrisita pícara -. Solamente me funciona con la manada, cuando estoy en mi forma lobuna. - Pero cuando eres un lobo, a lo mejor mi padre tampoco puede. - Sí, sí que puede, créeme – suspiró -. Esto sólo pasa con los otros lobos. Para tu padre sigo pensando muy alto.
Resoplé, desilusionada.
Ya se divisaba First Beach. Caminamos por la senda que conducía al espigón de madera de la playa, en el extremo norte.
- ¿Y por qué dices lo de las leyendas? ¿Qué tienen que ver contigo? - Ya sabes que nosotros somos descendientes de Taha Aki, llevamos sus genes de metamorfo – después de aquella visita de los Vulturis y de la aclaración que había hecho mi padre, todos los quileute habían cambiado el término licántropo por el de metamorfo -. Uno de esos genes es el que ocasiona lo de los pensamientos, pero sólo lo tenía activo Taha Aki. Este gen fue pasando de generación en generación, sin embargo, nunca se le había activado a nadie más. Hasta que llegué yo. Y ahora agárrate, esto es lo más fuerte de todo. Es la mayor chorrada que he oído en mi vida – hizo una pequeña pausa para darle emoción a la historia -. Ahora los ancianos, incluido mi padre, están convencidos de que yo soy una especie de copia o de… - dudó, pero luego siguió con una mueca de escepticismo – reencarnación de Taha Aki. Dicen que sólo a mí se me activó ese gen y que lo hizo cuando alcancé la madurez necesaria – empezó a carcajearse, llevándose la mano a la cabeza -. ¿Te imaginas? ¡Es ridículo! ¡Dios, cómo son esos viejos! ¡Y lo peor es que los demás se lo creen! – exclamó, gesticulando con el brazo mientras se reía.
Yo no me reí nada. Me quedé de piedra, estupefacta, clavada en el suelo mientras miraba a mi mejor amigo deslumbrada. Él se dio cuenta.
- Vamos, Nessie. No te lo irás a creer tú también, ¿verdad? No me digas que tú crees en eso de la reencarnación. - Mis padres y mi familia son unos vampiros, yo misma soy mitad humana, mitad vampiro, y mi mejor amigo es un metamorfo u hombre lobo cuyos antepasados eran personas que sacaban a su espíritu fuera para luchar. Así que, ¿por qué no? ¿Es que tú no te crees las leyendas de tu tribu?
Le seguí mirando pasmada y él puso los ojos en blanco.
- Por supuesto que sí. Me transformo en lobo todos los días, ¿cómo no voy a creerlas? - ¿Entonces? - Las leyendas son ciertas, pero esto sólo son suposiciones y conjeturas de los ancianos, creencias. Nunca antes ha habido una reencarnación, ni nada parecido. No se conoce ningún caso. Esta gente siempre ha esperado a que algún día el espíritu de Taha Aki se reencarne, es otra creencia más, como el que cree en Dios, Alá o Buda. Lo del gen del pensamiento, por llamarlo de alguna manera, puede que sea verdad, pero lo otro… Y además, suponiendo que fuera cierto, ¿por qué iba a reencarnarse Taha Aki en mí? Lo más seguro es que se hayan equivocado. El que yo haga eso de los pensamientos, no quiere decir nada. Es absurdo.
Me quedé pensando un rato.
- ¿De qué color era el pelaje de Taha Aki? – le pregunté. - Rojizo – contestó él automáticamente. Le hice un gesto con la mano como de ahí lo tienes y se corrigió a sí mismo -. Dicen que era rojizo – matizó. - A ti siempre te ha resultado más fácil transformarte en lobo que a los demás, eso tiene que ser por algo. - Uno, que tiene maña. - Taha Aki era un macho Alfa – apunté. - También Sam lo es – me recordó. - Hace un momento, dijiste que sólo Taha Aki tenía activo el gen del pensamiento, pero tú también lo tienes. Son muchas coincidencias.
Suspiró, cansado.
- Vale, vale. Tú ganas – me pasó el brazo por el hombro y empezamos a caminar de nuevo hacia la playa -. Puede que sea la reencarnación de Taha Aki, ¿contenta? - Así está mejor – le sonreí -. Deberías creértelo más, ¿sabes? A veces eres demasiado humilde. - No es humildad, es la realidad – refutó -. Seguro que hubo, hay y habrá hombres mucho mejores que yo. No creo que Taha Aki se fijara en mí y me escogiera. - Pues yo, si fuera él, lo haría sin pensarlo. No hubo, hay ni habrá nadie tan bueno como tú. Eres… - me quedé sin habla al volver la vista hacia él. Ya no caminábamos, me miraba fijamente, como aquel día en el bosque cuando le iba a contar lo de mi desarrollo y, como en aquella ocasión, me ruboricé. Pero, esta vez, esos ojos profundos me llamaban, era como si me hipnotizaran, y tenía la cara tan cerca, que sentía su caliente respiración en la mía. Tragué saliva y seguí la frase a trompicones y con un susurro, que era lo único que me salía -, la… la persona… más… maravillosa… del… mundo, Jake – dije cada palabra lentamente.
Empezó a acercar su rostro al mío y mi corazón metió la quinta. Colocó su mano suelta en mi nuca y…
… me besó en la frente.
- Gracias – susurró.
Apartó el rostro, retiró la mano de mi cabeza y comenzamos a caminar de nuevo.
Pestañeé, confundida, con la cara tan roja, que si hubiera habido un faro en la playa para guiar a los barcos, yo le habría hecho sombra. Carraspeé para aclararme la voz.
- ¿De qué hablaste con Sam? – le pregunté para distraerme. - Va a tomarse un pequeño descanso estos días para ayudar a Emily y quería que yo me encargara un poco de su manada. Nada, una semana o así. - Pero, ¿no vino su familia de la reserva de los makah? Pensé que habían venido para ayudarla. - Sí. Pero a Sam le apetece, y así está con ella y con los niños. Ya sabes, la imprimación y todo eso. - Ah, ya – asentí.
Me pareció lógico.
De pronto, me acordé de otro tema que me interesaba bastante.
- Hablando de imprimaciones – empecé -, podías contarme un poco más de eso.
Jake se puso rígido, como nervioso.
- ¿Qué quieres saber? – inquirió, mirando al frente. - ¿Cómo es?
Se quedó en silencio un rato, pensando las palabras que tenía que decir.
- Pues… es como magia - de pronto, se quedó ensimismado, mirando al horizonte -. Es como los movimientos gravitatorios de los planetas en el espacio. Una vez que la ves, lo dejas absolutamente todo y empiezas a girar a su alrededor, pasa a ser lo que más te importa. Harías cualquier cosa y serías cualquier cosa por ella, sin dudarlo ni un segundo. Su amigo, su hermano, su amante…, todo, lo que ella quiera. Cuando la encuentras, te sientes completo, porque ella es parte de ti, de entre todos los millones de personas del planeta, ella es tu alma gemela, la pieza perfecta que te complementa. Ella es única, y es como si tú hubieras nacido sólo para ella y ella para ti, por eso cuando estás con ella, tu espíritu está completo del todo y sientes una paz interior inmensa. Es genial.
Lo decía con tanto entusiasmo, que, no sé…
- ¿Tienes… tienes ganas de que te pase a ti? – murmuré.
En un segundo, el semblante de Jacob cambió. Primero al color pálido y después al color sonrojado. Agachó la cabeza y me miró tímidamente. Nunca lo había visto así y me chocó.
- Verás – tragó saliva -, es que yo… - ¡Nessie! – gritó una voz a lo lejos, interrumpiendo su frase.
Era Charlie junto a Sue, que paseaban por la playa de arena gris y piedras lisas, con Leah y Joshua.
- ¡Abuelo! – exclamé, alejándome de Jacob para ir a abrazarle. - ¡Demonios, niña! ¡Cada vez estás más… más…! – Charlie me miró de arriba a abajo y parpadeó.
Se limitó a abrazarme y a darme un beso en la frente. Sue me dio otro abrazo.
- Hola, Nessie – me saludó Leah - ¿Qué tal tu primer día en el instituto?
Leah era muy simpática y amable conmigo, aunque a mi familia, y sobretodo a mi madre, no los podía ni ver. A mí, en cambio, siempre me trataba como a una más.
- Bien, gracias. Creo que no me va a costar mucho adaptarme. - ¿Y cómo permites que este idiota te dejara tirada esta mañana en un día tan importante? – señaló a Jacob, que estaba a su lado, y éste frunció el ceño –. Si yo fuera tú, no le hablaba en un mes o más.
Jake le dio un pequeño empujón, como regañándola, y ella se carcajeó.
Joshua se escapó corriendo y Sue y Charlie se pusieron a jugar con él en la arena.
- Bueno, no sé si aguantaría tanto sin hablarle, la verdad – admití, riéndome.
Jacob y yo nos miramos y nos sonreímos tímidamente.
- ¡¿Ya se lo has dicho?! – le preguntó Leah a Jake después de observarnos.
Parecía muy contenta, como si le hubieran dado una buena noticia.
Éste apartó la vista de mí rápidamente y le hizo una mueca mientras le daba un pisotón que pretendió disimulado, pero que yo vi perfectamente.
- ¿Decirme el qué? – miré a Jake.

Última edición por JACOB&NESSIE el Miér Ene 26, 2011 7:14 pm, editado 1 vez |
|  | | JACOB&NESSIE Team Jacob

Mensajes: 321 Fecha de inscripción: 14/01/2011 Edad: 32 Localización: Asturias
 | Tema: Re: EL LIBRO DE JACOB Y NESSIE:DESPERTAR.Continuación Amanecer +18 Mar Ene 25, 2011 10:05 am | |
| Bueno, no sé si lo leerá alguien, pero ahí va otro capitulo CONFESIÓN
En ese momento, el pequeño Joshua llegó trotando, hundiendo sus diminutos pies en la arena torpemente, y se enganchó a la pierna de Jacob.
- Tito Yei, quello, quello – pidió, alzando los bracitos. - ¡Qué niño! – exclamó Charlie, que había corrido detrás del crío y llegaba con la lengua fuera - ¡Menuda energía! Creo que ya no estoy para estos trotes… - Ah, quieres ser un gigante, ¿eh, campeón? – dijo Jake al niño, inclinándose un poco sobre él, mientras me miraba a mí con una cara de evasión que no se tenía con ella.
Me crucé de brazos y le miré con el ceño fruncido.
- ¡Sííí! ¡Iante, iante! – chilló Joshua, todo emocionado, saltando y levantando los brazos de nuevo. - Pues, venga. ¡Aúpa! – y lo cogió para sentarlo en su cuello. El niño empezó a reírse solamente con ver la altura y se sujetó a su frente con entusiasmo –. Agárrate fuerte, ¿eh? Oye, pero no me tapes los ojos, que no veo…
Se quitó las deportivas con los mismos pies, sin desabrocharlos, y comenzó a alejarse hasta la orilla, mirándome como antes, con Joshua tronchándose de la risa.
Resoplé. Bueno, ya se lo sonsacaría más tarde.
- Yo creo que me voy a sentar un rato – suspiró Charlie, dirigiéndose a uno de los troncos blanquecinos de la playa.
Sue se rió entre dientes y le acompañó.
Metí las manos en los bolsillos de mi cazadora y me quedé observando a Jake, junto a Leah. Mi labio cambió su curvatura y se inclinó hacia arriba al ver cómo Jacob se metía en el agua y se doblaba hacia delante, fingiendo querer tirar al niño, mientras éste se reía con esa voz chillona y se enganchaba a su cara para no caerse en el agua. Las olas rompían con tanto ímpetu, que sus pantalones vaqueros se mojaron hasta las rodillas. Cuando volvía a incorporarse y Joshua estiraba las manitas hacia arriba, intentando alcanzar las nubes, noté algo que me hizo girar el rostro.
Pillé a Leah oscilando la mirada de Jake a mí, mordiéndose su labio inferior con preocupación, pero, lejos de disimular o algo, su cara se quedó fija en la mía y se transformó en una extraña determinación.
- Quiero hablar contigo, ¿damos un paseo? – espetó de pronto. - ¿Eh? – su tono decidido me sorprendió un poco -. Sí, claro…
Antes de que terminara de pronunciar la última vocal, su pie ya estaba iniciando la andadura. Tuve que dar una zancada bien grande para comenzar a caminar y poder ponerme a su altura. Mientras mis piernas se movían junto a las suyas, me giré y le eché un vistazo a Jake. Éste se había quedado quieto, con el niño aún dando botes en su cuello, y nos observaba con cierta extrañeza.
Volví a girarme y la que se extrañó entonces fui yo. Leah tenía la mirada clavada en la alfombra de rocas lisas que se extendía por la arena, estaba enfrascada en sus pensamientos, y parecía nerviosa, se frotaba las manos sin parar, como pensando las palabras que quería decirme. ¿Qué le pasaba?
- Bueno, ¿qué pasa? – le pregunté al ver que ella no hablaba.
La quileute se paró de repente, otra vez con decisión, y me miró a los ojos del mismo modo.
- Quiero que sepas que hubo un tiempo en el que sentía algo por Jacob – me confesó con un tinte de remordimiento en la voz que no comprendí. - Oh – al igual que me había pasado con Emily, fue lo único que se me ocurrió decir. - Pero te juro que eso se acabó, te juro que ya no siento nada por él – siguió en el mismo tono.
¿Qué? ¿Cómo? ¿Que había sentido algo por Jake…?
Sin saber por qué, cuando terminé de digerir esas palabras, empecé a sentirme bastante incómoda y molesta, como me había pasado en el aparcamiento con Brenda. Y además, ¿por qué me decía esto a mí? Aunque él era mi mejor amigo, no era de mi incumbencia. Y tampoco entendía por qué me lo contaba con esa preocupación y desahogo, era como si se estuviese excusando conmigo.
- ¿Y por qué me lo cuentas a mí? – critiqué, sin poder evitar que mi voz delatara mi inexplicable molestia. - Bueno, es que las noticias aquí corren como la pólvora y no quería que te enterases por boca de otra persona, prefería decírtelo yo para aclararte bien las cosas. - ¿Aclararme el qué, Leah? No lo entiendo. - Cómo fue toda la historia. Para que no haya malentendidos entre nosotras – comenzó a explicarme, a la vez que sus piernas se movían de aquí para allá y sus manos se convertían en un revoltijo de dedos -. De esto hace seis años. La verdad es que yo y Jake no nos llevábamos demasiado bien, bueno, en realidad, yo no me llevaba bien con ninguno de los chicos, estaba amargada por lo de Sam, lo reconozco. Así que cuando Jacob dejó la manada de Sam y Seth se fue con él, vi el cielo abierto y me uní a esos dos idiotas. Solamente lo hice para estar con mi hermano y para librarme de Sam por fin. Y resultó. Por primera vez, empecé a sentirme libre, ya no tenía que escuchar los pensamientos de Sam continuamente, ni él era testigo directo de mi amargura. Sí, eso era lo que me ponía más enferma. Con Jake, no tenía que dar explicaciones, él no es como Sam, no impone sus reglas, siempre te da opción a elegir lo que quieres. Con Jake, me sentía libre por primera vez en mi vida, y, además, ambos estábamos pasando por algo parecido, nos entendíamos – pero, ¿a qué venía todo esto? Me quedé callada sólo para ver a dónde me llevaba todo este incómodo relato -. Así que, justo antes de que nacieras, empecé a sentir algo hacia él sin darme cuenta. Al principio, pensé que sólo era una amistad que comenzaba a surgir entre nosotros, pero pronto descubrí que, por mi parte, iba más allá. Por mi parte, claro, porque él estaba demasiado preocupado con el embarazo de tu madre y no veía más allá. Jacob tenía pensado vivir como lobo y largarse en cuanto tu madre diera a luz, bueno, ya sabes que él estaba totalmente en contra de que ella se convirtiera en un vampiro, ¿no? – por vez primera, levantó la vista para mirarme, esperando a que yo dijera algo.
Suspiré, cansada.
- Sí, ya me lo contó – le respondí -. Sabía que ella no lo superaría y que mi padre la iba a transformar en cuanto yo naciera. A él le dolía mucho perder a la que entonces era su mejor amiga, porque pensaba que ella ya no sería la misma. Aunque luego nací yo y decidió quedarse. - Ese idiota tampoco le ha contado eso – me pareció que mascullaba para sí, aunque lo dijo tan bajito… - ¿Qué? – inquirí, extrañada. - No, nada, cosas mías – dijo -. Bueno, pues eso, Jake se iba a marchar y yo le pedí que me dejara largarme con él. No estaba muy de acuerdo al principio, pero luego me dijo que se lo iba a pensar. - ¿Ibais a… marcharos… juntos? – volví a sentirme molesta, muy molesta. - Sí, pero, escúchame – se quedó frente a mí con las pupilas llenas de una redención que seguía sin comprender -. Lo único que quería entonces era alejarme de Sam. Vale que me empezara a gustar Jake, eso también influyó en mi decisión, de acuerdo, pero lo que más me urgía era separarme de Sam para siempre y olvidarme de él. Y Jake tenía pensado ir a su bola, no hacía más que repetirme eso, no quería que yo le molestase ni que supusiera una carga para él, me lo dejó muy claro, y yo sabía dónde me metía, sabía que él no sentía nada hacia mí, tal vez esa amistad que empezaba a surgir, pero nada más, podía verlo en sus pensamientos. Además, como has dicho, luego naciste tú y todo se quedó en agua de borrajas.
››Fue entonces cuando todo dio un giro de ciento ochenta grados. Jake se… - su frase quedó colgando en el aire durante dos segundos -. A Jake le pasó una cosa muy importante que lo cambió todo, incluso mis propios sentimientos – fruncí el ceño, sin comprender, pero a ella pareció darle igual y siguió con su extensa explicación, aunque esta vez lo hacía atropelladamente -. Me di cuenta de que él solamente me iba a ver como a una amiga toda la vida, era totalmente inútil luchar contra eso, y yo no quería tropezar dos veces con la misma piedra, así que desistí y me olvidé de él de ese modo. Además, yo ni siquiera podía odiarte, no sé qué es lo que tienes, pero tienes un aura, algo, no sé, que embauca a todo el mundo, incluida a mí. Siempre me has caído bien, de verdad, eso también ayudó a que me olvidase de él. Te lo juro, Nessie, ya no siento nada por él, sólo amistad, te lo juro, tienes que creerme.
¿Pero por qué me decía esto como si se disculpase conmigo? No entendía nada. Sin embargo, tenía que reconocer que sentí cierto alivio por eso último, aunque otra duda enseguida sustituyó ese sentimiento…
- ¿Qué le pasó a Jake que fue tan importante? – quise saber. - ¡Ah! – exclamó, haciéndose la tonta -. Bueno, eso mejor que te lo cuente él, es que es tan largo de explicar… - se excusó -. Anda, mira, creo que están esperando por nosotras – dijo, saliéndose por la tangente, señalando con el dedo en dirección a Jake, al crío, Charlie y Sue -. Diablos, es verdad, tengo que llevar a Joshua a casa.
Y empezó a deshacer el camino que habíamos hecho, a toda prisa. Resoplé, todavía sin entender nada, y la seguí, qué remedio.
Joshua ya estaba en tierra, gateando sobre la arena de la orilla al lado de Charlie y Sue. Jake esperaba mi llegada, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón mojado. Su rostro seguía llevando la misma extrañeza que cuando me marché con Leah a pasear.
- ¿De qué hablabais tan concentradas? – le preguntó a su hermana de manada con un aire desconfiado y de enfado a la vez. - De esa cosa tan importante que te pasó cuando nací – le respondí yo, visiblemente molesta. - ¿Cómo? – su mirada se cruzó con la de Leah y en ella se podían ver sus ganas de matarla. - Oh. No le he dicho nada de eso, tranquilo, no iban por ahí los tiros. Eso mejor se lo dices tú de una vez – contestó ella nerviosamente -. Bueno, tengo que irme, voy a llevar a Joshua a casa, ya se hace tarde. Me alegro de verte, Nessie, cada vez estás más guapa y más mayor. A ver si me das la receta, ¿eh? – me guiñó el ojo y se marchó disparada a recoger al niño mientras Jacob seguía mirándola con cara de malas pulgas.
Entonces, mi mejor amigo volvió la vista hacia mí y su rostro cambió.
- Bueno, ¿nos vamos a mi casa a ver un poco la tele? – propuso con una sonrisa forzada, pasándome el brazo por los hombros. - ¿Qué es eso que me tienes que decir? – interrogué, bastante irritada al percatarme de su intento de distracción - ¿Y qué es esa cosa tan importante que te pasó? – repetí.
Charlie carraspeó y Jake retiró el brazo.
- Yo también tengo que irme – dijo mi abuelo -, ¿quieres que te lleve a casa? - Ah, no. No te preocupes, Jake lo hará. Gracias.
Charlie miró a Jacob y éste hizo lo mismo con una sonrisita. Mi abuelo no pareció quedarse muy tranquilo, pero asintió después de un rato.
- Vale, cielo – aceptó, dándome un beso -. Dile a tu madre que ya iré por allí un día de estos, ¿de acuerdo? - Sí, ya se lo digo.
Sue me dio otro beso, se despidieron de nosotros y se alejaron.
Charlie parecía muy feliz al lado de Sue, y Leah y Seth lo habían aceptado muy bien. Aunque vivían separados, parecía que Charlie lo hiciera en La Push. En cuanto salía de patrullar, se venía corriendo hacia aquí para estar con ella y con Billy. Ahora ya conocía toda la historia de los metamorfos. Sue le había explicado todo y le había llevado a alguna de esas fiestas en las que se cuentan las leyendas quileutes, pero aún se quedaba blanco cuando veía a los chicos como lobos. Se alejaba un poco de ellos, como el que le tiene miedo a los perros y guarda una distancia de seguridad por si tiene que echar a correr. Era muy gracioso. Por supuesto, no sabía que las transformaciones eran debidas a la verdadera existencia de vampiros, porque si no, sí que le hubiera dado un ataque. Además, mis padres se lo tenían prohibido a Sue. Ella le decía que esa parte de las leyendas eran sólo eso, leyendas, y él no preguntaba más. Creo que tampoco quería saber demasiado.
Jacob y yo nos quedamos en la playa el resto de la tarde, charlando y bromeando con la arena y el agua hasta que empezó a anochecer. No me quiso contar eso que me tenía que decir, me entretenía con otras cosas y era imposible sonsacarle nada.
Cogimos su coche para la vuelta a mi casa, de noche ya hacía bastante frío para la moto. Mientras él conducía, yo miraba por mi ventanilla, ensimismada en mi mundo. Todavía me sentía un poco molesta por la confesión de Leah, no entendía por qué me había dicho eso a mí. Hasta que llegó un momento en que sentí que tenía que soltarlo, si no, iba a reventar.
- Leah me ha confesado que hace tiempo le gustabas – revelé de sopetón, sin dejar de observar por la ventana.
Se hizo un pequeño silencio que pronto se rompió.
- Así que era eso – murmuró; parecía aliviado.
Giré el rostro para verle.
- ¿Tú lo sabías? ¿Sabías que ella…? - Podemos vernos los pensamientos, ¿recuerdas? – me cortó. - Entonces, toda tu manada lo sabe. - Claro. Pero de eso hace mucho tiempo, Leah ya no piensa en eso nunca. - ¿Y también saben que os ibais a marchar juntos como lobos? – no pude evitar un timbre de retintín en mi voz.
Ahora fue el rostro de Jake el que se giró hacia mí.
- ¿Qué es lo que te preocupa realmente? – inquirió. - ¿Qué? - ¿Por qué te pones así por algo que pasó hace tanto y que no tiene importancia? – siguió, echando vistazos cortos al trayecto. - No me pongo de ninguna manera – me defendí, aunque mi ceño seguía clavado sobre los ojos. - Sí, le das demasiada importancia – y, para mi asombro, le salió esa sonrisa torcida suya.
Comencé a notar el calor en mis mejillas sin saber por qué.
- No le doy importancia. Es sólo que…, bueno, no entiendo por qué ha tenido que contarme eso. Y, además, con esa cara de cordero degollado. Es como si me estuviese pidiendo perdón o algo así. - Eso es porque Leah siempre ha creído que te debía una explicación – declaró, llevando la vista al frente. - ¿Una explicación? ¿A mí? – ahora sí que no entendía nada. - Bueno, tú eres mi mejor amiga. Sabe que te ibas a enterar tarde o temprano y querría darte su versión para quedarse más tranquila. - Pues no sé de qué iba a tener que preocuparse. - Cosas suyas, yo qué sé – se encogió de hombros. - Además, está claro que si me enteraba, no iba a ser por ti. No comprendo por qué nunca me has hablado de esto, la verdad. Tantos secretitos… - otra vez ese retintín. - No son secretitos – se rió. - ¿Ah, no? Ah, claro, es verdad, toda tu manada lo sabía – mi ironía iba creciendo por momentos. - Iba a contártelo. - Sí, claro. Mañana. - Bueno, Nessie, hasta hace sólo un mes y medio eras una niña – empezó a alegar -. Tu crecimiento no te ha pillado desprevenida solamente a ti, ¿sabes? Para mí también ha sido poco rara esta nueva situación. Bueno, es decir, eras una niña y en apenas dos meses te has convertido en una mujercita. Yo también he tenido que adaptarme y no me ha dado tiempo a contarte toda mi vida con detalles. Pero te la contaré, en serio. Dame tiempo.
Genial. Ahora me sentía culpable, y egoísta, por haberme preocupado sólo de mí durante todo ese tiempo.
- Perdona, Jake, no me había dado cuenta de eso. No sabía que esto fuera tan difícil para ti. Yo… - Para. Yo no he dicho que fuera difícil – me interrumpió con una sonrisa -. Solamente he dicho que he tenido que adaptarme, nada más – Luego, volvió la vista hacia delante y habló más serio -. Si te digo la verdad, me encanta que hayas crecido por fin – murmuró.
Le sonreí, aunque cuando sus ojos se encontraron con los míos, mis mejillas se ruborizaron de nuevo y tuve que agachar el rostro y llevarlo hacia la ventanilla otra vez.
- Entre Leah y yo nunca ha habido nada y nunca lo habrá – empezó a explicarme -. Y ella ya no siente nada por mí, te lo aseguro.
Como en el aparcamiento del instituto, volví a preguntarme por qué tenía que aclararme nada. En realidad, no era asunto mío.
- Bueno, Jake, ya te dije que no tienes que darme explicaciones y que puedes hacer lo que quieras, de verdad. - Y yo te repito que es lo que estoy haciendo – me sonrió.
Esta era la mía.
- Bueno, si es lo que quieres, entonces, dime, ¿qué es esa cosa tan importante que te pasó? – le pregunté por enésima vez.
Y por enésima vez, tampoco me lo reveló. Se limitó a darme largas en ese asunto en particular y a explicarme cada uno de los puntos y detalles de su relación recíproca de amistad y hermandad con Leah. Sí, ella tenía razón. Fuera cual fuera la razón, Jake sólo la había visto y la iba a ver como una amiga, de eso no me quedó ninguna duda. También me contó que Leah seguía teniendo a Sam en su corazón, aunque ya no le guardaba ningún rencor. Toda la manada podía ver sus sentimientos cuando ella observaba a su primer y frustrado amor. Al final, volví a sentir lástima por ella.
Terminamos cambiando de conversación y encendiendo el estéreo para poner un CD de 30 seconds to mars.
Íbamos por la carretera de La Push, casi llegando a Forks, escuchando la música y discutiendo sobre qué grupo de rock era el mejor, cuando una cosa alarmó a Jake. Frenó en seco, algo chocó y rodó por el capó, y yo no me estampé en el parabrisas gracias al cinturón de seguridad. Me dio tal tirón, que casi me quedé sin respiración.
- ¡¿Estás bien?! – me preguntó, alarmado, agarrando mi rostro entre sus manos y mirando que no estuviera herida. - Sí, sí, sólo ha sido el tirón, nada más. No te preocupes, estoy bien – Jake suspiró aliviado -. ¿Qué ha pasado? - No lo sé – se giró y miró por la ventanilla -. Quédate aquí y no salgas del coche. Voy a mirar. - Ten cuidado, por favor – le susurré, inquieta -. Puede que sea uno de esos vampiros curiosos. - No te preocupes, si es un chupasangres de esos, no sabe con quién se las tiene que ver. Soy la reencarnación de Taha Aki, ¿recuerdas? – me sonrió y salió del coche.
Yo estaba asustada. Me daba igual Taha Aki, Alá o lo que fuera. Mi mejor amigo estaba ahí afuera solo, en su forma humana y sin su manada, enfrentándose a un posible ataque vampiro. Sólo de pensar que le pasara algo… Me agarré la pulsera, que ya era una especie de amuleto para mí.
Jacob caminó con cautela, mirando a su alrededor, preparado por si se tenía que transformar en lobo. Se pegó al coche y rodeó el capó, observando el suelo y los alrededores casi a la vez.
Me mordí el labio, nerviosa.
- ¡Jo-der! – exclamó de repente. |
|  | | JACOB&NESSIE Team Jacob

Mensajes: 321 Fecha de inscripción: 14/01/2011 Edad: 32 Localización: Asturias
 | Tema: Re: EL LIBRO DE JACOB Y NESSIE:DESPERTAR.Continuación Amanecer +18 Miér Ene 26, 2011 7:27 pm | |
| Otro más DORMIR- ¡¿Qué pasa?! ¡Jacob! – me disponía a salir del coche, cuando, en un segundo, lo tenía en mi puerta, empujándola para que no la abriera. - ¡No salgas, Nessie! ¡Ni bajes la ventanilla! No puedes ver esto – Jake miraba algo en el suelo con el semblante horrorizado.
Me asusté al ver su reacción, ya que él estaba acostumbrado a ver muchas cosas desagradables, como desmembrar vampiros y cosas de esas. Tenía las palmas de las manos apoyadas en el cristal de la ventanilla.
- ¡¿Qué pasa, Jake?! – apoyé mis manos donde las suyas, como si así pudiera hacer algo para aliviarle.
Volvió el rostro hacia mí, aún pálido. Giré la manivela y bajé un poco la ventanilla para poder oírle, todo lo que me dejó él.
- Es una cabeza humana. Está totalmente desfigurada y la sección es reciente, de hace unos minutos – agachó la cara y exhaló todo el aire de repente.
Sí, yo también podía oler la sangre, ahora que había bajado algo el cristal.
Me quedé sin aliento. Un vampiro había asesinado a alguien delante de nuestras narices. Quien quiera que fuese, tiró la cabeza justo cuando estábamos pasando nosotros con el coche. Habían matado a una persona y nosotros no habíamos podido hacer nada para evitarlo. Sabía que esto podía afectar mucho a Jacob, los lobos eran los guardianes contra los vampiros.
- Yo… ni siquiera… olí al vampiro… - me lamenté. - Esto no es obra de una sanguijuela – ahora habló más concentrado -. Ni siquiera se puede reconocer si es un hombre o una mujer, los vampiros no descuartizan a sus víctimas de este modo – hizo una pausa y suspiró -. Déjame tu teléfono, tengo que llamar a Charlie. Luego llama a Edward y dile que vamos a llegar un poco tarde, seguro que tendremos que prestar declaración o algo.
Cogí el móvil de mi mochila y, con las manos temblorosas, se lo pasé a Jake por la rendija de la ventanilla.
Cuando estaba a punto de girarse para llamar, se paró y me miró.
- No se te ocurra mirar, ¿vale?
Negué con la cabeza y se dio la vuelta, alejándose dos pasos del coche.
Pero no hay nada peor que decirle a alguien como yo que no mire algo que no debe. Y nunca me arrepentiría más de nada como de lo que hice entonces.
Mientras Jake estaba abstraído, hablando por teléfono con Charlie, y con los nervios de punta, a mí no se me ocurrió otra cosa que asomarme un poco a echar un vistazo. Bajé un poco más la ventana, vigilando a Jacob, me asomé y…
…metí la cabeza ipso facto otra vez, espantada. Subí la ventanilla, rezando para que Jake no me hubiera visto, intentando controlar el temblor de mis manos antes de que él llegara.
La imagen duró medio segundo, pero fue suficiente para aterrarme.
La cabeza yacía junto al coche, cerca de la rueda delantera del lado derecho. Estaba seccionada, pero no era un corte limpio. Había sido desgarrada y todavía le colgaban de lo que quedaba del cuello los tendones, arterias y trozos ensangrentados de carne y piel. Como había dicho Jacob, el rostro estaba terriblemente desfigurado. Le faltaban los ojos y la nariz, la boca estaba partida y le faltaban la mayoría de los dientes. Lo que quedaba de cara estaba morada y tenía algunos cabellos pegados por la sangre que la bañaba. El pelo, castaño oscuro, no era ni corto ni largo. Era una media melena, por lo que no se podía afirmar si era de un hombre o de una mujer.
- Ya he llamado yo a Edward - estaba tan sumida en mis horribles pensamientos, que cuando Jacob se sentó a mi lado, pegué un bote en el asiento. Me observó preocupado -. Ven aquí – me susurró, al verme pálida y temblando.
Me pasó el brazo por el hombro y me acurrucó en su cálido pecho, abrazándome con el otro brazo. Nos quedamos así hasta que se oyeron las sirenas y la carretera se llenó de coches de la policía.
Abrí la puerta de la que ahora era mi nueva casa. Cuando entramos en el salón, todos nos esperaban en el sofá blanco.
- ¿Cómo estás? – mamá se levantó y llegó hasta mí en una milésima de segundo.
Me acarició la cara con ansiedad, estudiando mi rostro con sus ojos ambarinos muy abiertos.
- ¡¿Cómo has permitido que ella lo viera?! – le bramó mi padre a Jacob, furioso. - ¿Qué? – Jake estaba perplejo - ¡¿Qué dices, idiota?! ¡Yo nunca haría eso y lo sabes! - entonces, se quedó quieto, comprendiendo lo que mi padre había visto en mi mente. Se giró hacia mí lentamente y me miró con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido -. Genial, Nessie. Te dije que no miraras. - Lo siento, Jake. Es que no lo pude evitar – musité, mordiéndome el labio. - ¡Tienes que tener más cuidado, Jacob! ¡Ahora está muy asustada! – gritó mi padre, cogiéndome la cara también entre sus frías manos.
Jake resopló, con los brazos en jarra.
- ¡¿Y qué quieres que haga?! ¡Estaba llamando por teléfono a Charlie! ¡Yo no tengo rayos x en la cabeza como tú! – soltó, enfadado. Luego, murmuró algo ininteligible.
- ¡Si no eres capaz de cuidar de ella, entonces…! - ¡Vale ya! – interrumpí a papá, deshaciéndome de las cuatro manos heladas que tenía por la cara y poniéndome al lado de Jacob -. Él no tuvo la culpa, fui yo. Además, él no tiene que cuidarme, ya no soy una niña.
Mi padre no pudo decir nada, ya que sabía que la culpa era mía, aunque mi madre seguía mirando a Jake con mala cara.
- No os preocupéis, estoy bien – suspiré. - No creo que haya sido el ataque de un vampiro – intervino Carlisle, levantándose del sofá.
Jake cogió una pelota de tenis que había en la mesita junto al sofá y empezó a jugar con ella, lanzándola arriba y abajo.
- Eso mismo pienso yo – afirmó mientras tanto. - ¿Por qué no os lleváis al chucho a jugar afuera? – protestó Rosalie con los ojos en blanco -. Me pone nerviosa.
Jake hizo rebotar la pelota en la frente de Rose y a mí me salió una risilla. Ésta nos dedicó una mirada asesina a los dos. Emmett aguantaba la sonrisa por si acaso.
Mi padre se relajó un poco al verme un poco más alegre.
- Es un crimen horrible, pero lo más seguro es que haya sido un asesinato… común – Carlisle no encontró otra palabra para decir que había sido obra de uno o varios humanos -. Alice no ha visto nada. - Nada de nada – afirmó ella -. Fue una casualidad. - De todas formas, la policía lo está investigando – dijo Jake, con su pelota subiendo y bajando mientras Rosalie suspiraba cansada -. Ya nos enteraremos de lo que sea. - Por si acaso, estaremos atentos – apuntilló mi padre. - ¿Cómo ha ido tu primer día de clase? – preguntó mamá para cambiar de tema. - Muy bien. Ya tengo cuatro amigas – volví a incluir en ese término a Brenda. - ¿De verdad? – mi madre sonreía de oreja a oreja. - ¿Qué te creías? Nessie no es tan sosa como lo eras tú – afirmó Jake en tono burlón.
Mi madre le dio un pequeño empujón y los dos se rieron.
- Cuéntamelo todo – siguió ella.
Empecé la disertación de mi primer día de clase con todos mirándome atentos en el salón. Les hablé de Helen, Jessica, Alison y Brenda, lo que hablamos en el almuerzo, cómo habían sido las clases… y, por supuesto, omití todo lo relacionado con el susto que me llevé con Jacob y el babeo de mis amigas por él, aunque mi padre ya estaba al corriente. Papá no dijo nada, sabía que eso me lo quería guardar en el cajón de mi vida privada. También les conté que habíamos ido a La Push a ver a Emily y a Ethan – Jake me dio un pisotón disimulado cuando iba a contar lo que pasó en la casa, así que también me lo tuve que callar y, otra vez más, mi padre lo respetó - y que en la playa habíamos estado con Charlie, Sue, Leah y Joshua. Les di a mis padres el mensaje del abuelo.
Mamá se quedó un poco triste, seguramente al acordarse de Renée. Se llamaban por teléfono casi todos los días, pero no se habían vuelto a ver desde la boda de mis padres. Eso le afectaba bastante.
Luego, mi familia se puso a hablar sobre el instituto, los compañeros de clase y los profesores, entre risas.
Al cabo de un rato, se hizo una pausa y nos quedamos todos en silencio, hasta que mi padre lo rompió con un carraspeo.
- Bueno, nosotros nos vamos a la cabaña a… descansar – irrumpió, alzando la vista hacia mi madre con una mirada llena de intenciones.
Ésta se la correspondió y le cogió la mano.
- ¡Uf! Ya empiezan. Sí, sí, a descansar – resoplé yo. - ¿Seguro que estarás bien? – me preguntó mamá, acariciándome el pelo. - Que sííííí – alargué la última palabra, cansada -. Iros tranquilos.
Sonrió y me besó la frente.
- Hasta mañana, hija – papá también me dio un beso – Ah, y, Jacob – éste dejó de lanzar la pelota para mirarle -, la próxima vez que la lleves en moto, que se ponga el casco.
Jake puso los ojos en blanco y suspiró mientras mis padres ya salían como relámpagos de la casa. Ni siquiera vi la puerta moverse. A veces, me daba la sensación de que eran como fantasmas y que las podían traspasar.
- Bueno – exhalé -. Me voy a mi habitación. ¿Vienes, Jake?
Alice saltó como un resorte del níveo sofá y se puso a nuestro lado en un abrir y cerrar de ojos, no nos dio tiempo ni a levantar el pie del suelo.
- Creo que te va a gustar – manifestó, a la vez que daba saltitos delante de nosotros hacia las escaleras. - Me parece que sabemos llegar solos, Alice – le dije con sarcasmo.
Alice comenzó a subir los peldaños, ignorando mi indirecta.
- Me ha llevado bastantes días encontrar la decoración adecuada a tus gustos, he tenido que visitar a varios decoradores. ¡No veas qué de vueltas he tenido que dar!
El día había sido bastante largo y, con el broche final de la noche, estaba cansada. Sabía que le hacían mucha ilusión todas estas cosas, pero yo no estaba de ánimos para dar elogios. Aún así, me vino un ramalazo de piedad, seguro que era verdad que le había dedicado mucho tiempo a lo de mi nueva habitación. Como siempre, Alice era única haciéndote sentir culpable. Suspiré y la seguimos.
Mientras caminábamos por el pasillo de la tercera planta, Jacob iba rebotando la pelota en la pared, ensimismado en sus pensamientos. Me pregunté en qué estaría pensando.
- Tu dormitorio – mi tía había abierto la puerta y estaba esperando a que yo entrara.
Cuando lo hice, me quedé asombrada. Era la misma habitación de siempre, pero más alegre. Seguía la colosal cama – que ahora tenía otro edredón de tonos azulados y a la que le habían añadido dos mesillas con unas lamparitas y un corto cabecero de madera que iba a juego con los paneles de las paredes – y ya no había sofá en la pared norte. En su lugar, había un enorme escritorio que ocupaba casi todo el paramento, junto con baldas llenas de libros, el estéreo de mi padre y muchos de sus CDs. La cara sur seguía siendo de vidrio, con cristales de espejo que ocultaban la vista desde el exterior. Habían colocado la cama contra la cristalera, frente al escritorio, y a la izquierda, según se miraba, un largo banco-arcón de madera clara - de la misma tonalidad que el cabecero y las paredes paneladas - decorado con cojines a juego con la colcha, para poder observar las vistas del bosque, las montañas y el río. En el resto de las paredes habían distribuido cuadros con dibujos actuales y vanguardistas a diferentes alturas. Todo estaba al detalle.
- Guau – exclamó Jacob, apoyándose en el marco de la puerta. - ¡Es genial, Alice! - ¿Te gusta? Dime la verdad. Si no te gusta algo, la cambiamos. - ¡No! Me encanta, en serio – le di un abrazo. - Por fin tienes un dormitorio en condiciones – dijo Jacob, sonriendo con malicia, mientras seguía jugando con la bola entre sus manos.
Alice le fulminó con la mirada.
Reparé en la puerta que antes no había en la pared este y la señalé con el dedo.
- Le añadimos una puerta que comunica con el pequeño cuarto de al lado para hacerte el vestidor. Antes era un trastero. - ¿Vestidor? – pregunté, sorprendida. - Sí, te hablé de ello esta mañana en el coche, ¿recuerdas? - Me hablaste de un armario – me dirigí hacia la puerta. - Bueno, armario, vestidor… Qué más da, ¿no? – dijo ella en tono falso.
El vestidor era un cuarto rectangular y tenía un pequeño lucernario en el techo, aunque también estaba muy iluminado por óculos. Las zonas de armarios se dividían a cada lado de las paredes más largas, quedando un pasillo en el medio, justo donde la puerta. Al fondo del pasillo había un puf de estilo moderno con un pequeño tocador y un espejo, todo iluminado por el lucernario. Lo que me había dicho en el coche era verdad. La ropa era muy variada y de varios estilos, aunque la que más predominaba era la del mío. Sonreí del alivio.
Me arrepentí de juzgar a Alice antes de tiempo. Se había esforzado tanto por mí.
- Muchas gracias, Alice. Todo me encanta – la abracé de nuevo. - De nada. Ya sabes que estoy a tu entera disposición – hizo una reverencia.
Miré a mi alrededor.
- ¿Jacob va a dormir en mi cama?
A Jake se le cayó la pelota al suelo y se alejó rodando por el pasillo. La oí botando escaleras abajo.
Cuando volví la vista hacia Alice, ésta estaba con la boca colgando.
- ¿Cómo has dicho, cielo? – inquirió, pestañeando sin parar. - No veo otro sitio – volví a mirar en redondo - ¿Dónde va a dormir, si no? - Pues… en su casa, como siempre – miró a Jacob con cara de pocos amigos y éste se encogió de hombros con una mueca de desconocimiento.
Puse los ojos en blanco. - Ya, pero cuando me viene a buscar de madrugada, siempre duerme un par de horas, y aquí no veo ningún sitio para él – señalé con la mano el interior del dormitorio -. El único sitio que veo es la cama y, como es tan grande, pensé que… - ¡De eso ni hablar! – me interrumpió ella, nerviosa -. ¡Si tu padre se enterase, y por supuesto que lo haría, me mataría! - Creo que lo mejor es que a partir de ahora duerma en mi casa toda la noche – declaró Jacob -. Cuando te levantes, ya me tendrás abajo para desayunar, ¿de acuerdo? Ya no hace falta que vigile tanto, aquí estás muy protegida – matizó con segundas.
Alice le dedicó una mueca de odio.
Me quedé pensando. Tenía tantas ganas de tener mi media independencia, que no me había dado cuenta de este pequeño detalle. Ahora no dormiría tan tranquila como cuando sabía que Jacob iba a estar afuera bajo mi ventana a las cuatro de la mañana. Muchas veces, lo oía cuando se echaba en el suelo y eso me hacía sentir como si durmiera conmigo, me sentía mucho más relajada. Era una tontería, puesto que mis padres siempre habían estado en la casa para protegerme si algo malo pasaba, pero con Jake me sentía más protegida, aunque nos separara la pared. Cuando era pequeña, solía verle como mi ángel de la guarda. Y ahora iba a tener que dormir sola, con él muy lejos. Percatarme de eso tan de repente y recordar lo sucedido en el trayecto de vuelta a casa, hizo que me diera un escalofrío de miedo.
- ¿Puedes dormir conmigo esta noche? – le pedí a Jake -. Es que lo que pasó en el coche me asustó un poco.
Éste tragó saliva audiblemente y por la boca de Alice se podían ver hasta las amígdalas.
- Si… si es lo que tú quieres – susurró él. - ¡No, no, no y no! – exclamó Alice, alzando los brazos al aire y agitándolos sin parar -. ¡¿Pero qué rollo os traéis vosotros dos?! Escúchame bien, jovencita. Reza para que tu padre no se entere de esto. Me extraña que no esté aquí ya, debe de estar muy ocupado, porque si no… - Me refiero a dormir como lobo – mi rostro ya había empezado a cambiar de color al darme cuenta de que me había malinterpretado -. Puede dormir al lado de la cama como lobo.
El semblante de Jake me pareció una mezcla de vergüenza y desilusión, pero enseguida lo cambió por una sonrisa pícara.
- Lo malo es que no entro por la puerta como lobo – afirmó con su sonrisa torcida -. Así que, una de dos: o duermo como humano, o me transformo dentro de la habitación, con lo cual me tengo que desnudar para hacerlo.
Alice y yo nos quedamos tiesas en el sitio, las dos con los ojos abiertos como platos, pero yo, además, tenía la cara tan roja como un tomate.
Mi tía expulsó el aire por la nariz, enfadada.
- Los perros duermen fuera de la habitación – espetó -. Ya está. Dormirás como lobo – acentuó - en la puerta, fuera del dormitorio. Más o menos es como hacíais antes, ¿no? - De acuerdo – asentí yo. - Puede quedarse a dormir, pero sólo por hoy. A partir de mañana tendrá que dormir en su casa, como dijo antes. - Vale – la sonreí para darle las gracias, aunque la perspectiva que se abría ante ese mañana no me gustaba nada.
Jake, en cambio, no parecía muy conforme. Miraba a Alice con rabia, con las cejas y los labios fruncidos.
- Bueno – suspiró ésta -. Me voy abajo, Jasper me está esperando para marcharnos. - ¿Os vais a algún sitio? – quise saber. - Sí. Emmett, Rosalie, Jasper y yo nos vamos de caza a las montañas, Em tiene antojo de oso – se encogió de hombros. Luego, le dedicó una mirada con intención a Jacob -. Carlisle y Esme se quedan en casa - me dio un beso en la mejilla y se dirigió a la puerta, donde seguía Jake –. Espero que te portes correctamente, por tu bien – le dijo con ojos de advertencia.
Cuando Alice salió, a Jacob le cambió la cara. Entró sonriente y cerró la puerta.
Se dejó caer en la cama, boca arriba, con los brazos cruzados en la cabeza.
- ¡Esta cama es comodísima! Es una pena que no me dejaran dormir aquí, estoy hecho polvo.
Caí en la cuenta de que Jake había estado patrullando con la manada durante toda la noche y no había dormido desde que se había tenido que marchar a casa de Emily y Sam. Llevaba unas veinte horas en pie. Me sentí mal por hacerle dormir en el suelo del pasillo por mi estúpido y merecido miedo.
- Lo siento. Por mi culpa tienes que dormir en el suelo. - Bah, no te preocupes. Esto no es nada para mí – declaró entre bostezos. - Creo que lo mejor es que durmamos ya – le dije al ver que se le cerraban los ojos. - Si quieres, puedo quedarme para charlar un rato – abrió un ojo para mirarme. - Me parece que por hoy ya hemos hablado bastante – respondí, riéndome.
Él también se rió.
- Bueno, entonces me marcho al pasillo – anunció, bostezando de nuevo mientras se incorporaba. - Ojalá pudieras dormir en la cama.
Se quedó sentado a los pies del camastro, frente a mí, observándome, y me rozó la mejilla con el dorso de la mano. Era tan caliente y suave, que me estremecí un poco.
- Creo que tu tía la medium tiene razón – murmuró -. Es mejor que me quede fuera.
Se levantó y salió por la puerta, pero, antes de cerrarla del todo, asomó la cabeza para mirarme.
- Estaré justo aquí. Si tienes miedo o algo, sólo tienes que llamarme, ¿vale? - Vale – le sonreí.
Se quedó mirándome otro rato y suspiró, sacando el aire por la nariz y frunciendo los labios.
- Hasta mañana, Nessie. - Hasta mañana, Jake.
Y cerró la puerta.
Observé la habitación durante unos minutos. Ahora mi nueva vida ya había empezado a abrirse paso.
Encendí una de las lámparas de las mesitas y apagué la luz del techo.
Después de rebuscar en el vestidor, encontré un camisón de algodón gris, de esos cómodos que tanto me gustaban. Era de tirantes y tenía un dibujo de Mafalda. Me lo puse, me metí en la enorme cama y apagué la luz. Era tan grande, que tardé un rato en calentarla, y si me movía de mi sitio, tenía que templarla de nuevo, así que me quedé quieta en la misma zona. Con lo friolera que era, como para moverme. Aunque estaba bastante cansada, pasó mucho tiempo hasta que se me empezaron a cerrar los ojos y me dormí.
En mi sueño corría y corría, pero no me movía ni un centímetro. Era como si lo hiciera por la cinta de una de esas máquinas de correr. Aunque era de noche, había bastante luz. La luna llena iluminaba el claro nevado como si hubiera un foco encima de un escenario. Quería alcanzar algo. No. Era a alguien.
- ¡Jacob! – grité.
Pero él parecía no oírme. Mi colosal lobo rojizo estaba luchando con una bestia feroz y extraña que no conseguí ver bien. Sólo podía escuchar sus escalofriantes gritos y rugidos, que retumbaban en las montañas. Intenté alargar el brazo para llegar a él. Fue cuando me percaté de que no estaba en mi cuerpo. Miré hacia abajo y me vi echada en la nieve. Yacía como si estuviera dormida, por eso Jacob no podía escucharme. Me sentía como Taha Aki cuando Utlapa le había robado su cuerpo y se hallaba impotente, sólo que era yo la que no podía entrar en él. De pronto, se oyó un aullido de dolor terrible, el alarido espantoso de un lobo malherido. La criatura le había clavado los colmillos.
- ¡Jacob!
Jake estaba entrando casi volando en la habitación cuando abrí los ojos.
- Ya estoy aquí, pequeña – se sentó a mi lado y me acarició la cara con impaciencia, secándome las lágrimas -. Sólo ha sido una pesadilla. Ya pasó todo, ¿ves? Estoy aquí.
Me incorporé rápidamente y le abracé con todas mis fuerzas. Todavía tenía el alarido metido en la cabeza.
- Ha sido horrible – sollocé, hundiendo el rostro en su cuello. - Ya pasó – me susurró.
Estuvimos abrazados unos minutos hasta que me calmé un poco.
- ¿Estás mejor? – me preguntó mientras me separaba, sujetándome por los hombros, y me secaba la cara con una mano. - Sí - asentí con la cabeza.
Me apartó el pelo que tenía en el rostro y después metió los dedos entre mi cabello para peinarme. Me gustó tanto, que me quedé mirándole embobada, sólo me faltaba ronronear.
- Bueno, ahora ya puedes dormir – murmuró, y me dio un beso en la mejilla. - Espera – le cogí por el hombro para impedir que se levantara y entonces me di cuenta de que iba sin la camiseta. Había entrado tan deprisa, que no le había dado tiempo a ponérsela, solamente llevaba esos vaqueros largos. Fijé mi vista en su rostro para no prestar demasiada atención a esa parte de su anatomía -, ¿puedes dormir aquí? - Entonces tendré que transformarme dentro. ¿Podrás aguantar la tentación y no mirarme? – cuchicheó con su sonrisa burlona. - Idiota – le di un pequeño empujón en el brazo, riéndome -. No quiero que te transformes. Esta cama es enorme, puedes dormir a mi lado y ni siquiera nos encontraríamos – le dije en voz baja. - ¡Uf! Si la Bruja Doña Colmillos se entera, soy hombre muerto. No creo que sea buena idea. Además, Carlisle y Esme están abajo. - Por favor, sólo hasta que me duerma – le susurré, cogiéndole la mano a modo de súplica -. Luego, si quieres, te puedes ir al pasillo. Es la primera vez que estoy en esta habitación, y después de lo del coche y la pesadilla, no creo que pueda coger el sueño. Y por mis abuelos no tengas miedo, ¿no ves que ni siquiera han subido? Saben de sobra que estás aquí, pero no me dicen nada.
Carlisle y Esme, a pesar de ser los más mayores, eran los más permisivos de todos conmigo. Se notaba que la vida había sido muy larga para ellos y ya no se asustaban por nada. Todo lo veían natural, no como el resto.
Jacob me miró pensativo durante un minuto y suspiró.
- Tu padre me va a matar por esto, lo sabes, ¿no? Va a pensar mal seguro – me dijo con un cuchicheo.
Le abracé con alegría.
- Gracias – le besé en la mejilla y me aparté a mi lado izquierdo para hacerle sitio.
Me tapó y se echó encima de la colcha, boca arriba.
La habitación estaba bastante iluminada, había luna llena. La pálida luz creaba sombras en las paredes, dibujando las formas de los árboles que había en el exterior.
- Hoy hay luna llena, como en mi sueño – susurré.
No me contestó. Giré la cabeza para verle y ya estaba completamente dormido.
Inspiraba profundamente, y no pude evitar echar un vistazo a su enorme pecho. Se movía al ritmo de la respiración, arriba y abajo, pausadamente. Me incorporé y me acerqué para verlo mejor. La luz de la luna también inventaba sombras en su torso, haciendo que se apreciaran mucho más todos sus músculos. Me parecieron impresionantes, nunca me había fijado. Pero, por alguna razón, no me conformaba solamente con mirar. Me mordí el labio. Una voz en mi interior me incitaba, me moría de curiosidad, quería comprobar cómo eran. Tragué saliva y levanté la mano para tocarlos. La acerqué despacio y, con dedos trémulos, rocé el pecho con precaución. Si Jacob se despertara y me pillara, me moriría de la vergüenza, a ver cómo se lo explicaba yo. Sin embargo, no pareció notarlo, así que esta vez le acaricié con la palma de la mano. Su pecho estaba muy caliente y los músculos eran fuertes y tersos, en cambio su piel era increíblemente sedosa y olía tan bien. Miré al rostro ahora angelical. Mis nuevas amigas tenían razón, qué guapo era Jacob, y estaba como un…
Soltó un leve ronquido y me eché en la cama como una exhalación, con el corazón latiéndome a mil por hora. Suspiré aliviada al comprobar que seguía durmiendo y no se había enterado de nada.
Yo también estaba agotada y los leves ronquidos de Jake me arrullaron como si me cantaran una nana. Se me fueron cerrando los ojos poco a poco, hasta que por fin me dormí. En el sueño que tuve a continuación volvía a salir Jacob, solo que, en esta ocasión, fue un sueño precioso: caminábamos felices de la mano por la playa de La Push. |
|  | | NaomiLautner Nuev@

Mensajes: 11 Fecha de inscripción: 26/01/2011
 | Tema: Re: EL LIBRO DE JACOB Y NESSIE:DESPERTAR.Continuación Amanecer +18 Miér Ene 26, 2011 10:57 pm | |
| puedes subir el siguientee? Graciass |
|  | | JACOB&NESSIE Team Jacob

Mensajes: 321 Fecha de inscripción: 14/01/2011 Edad: 32 Localización: Asturias
 | Tema: Re: EL LIBRO DE JACOB Y NESSIE:DESPERTAR.Continuación Amanecer +18 Jue Ene 27, 2011 12:05 am | |
| ¡Qué alegría ! ¡Por supuesto, ahí va !A ver si se anima alguien más ^^
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PRESENTACIONES
Noté el calor en mi mejilla, en mi pecho, brazo y espalda. Me acurruqué, arrimándome un poco más a la fuente de ese calor. Ya no tenía frío, olía muy bien y se estaba tan a gusto…
De repente, me di cuenta y abrí los ojos de sopetón.
Estábamos de lado, mirando el uno hacia el otro. Yo estaba entre sus brazos, con la mejilla apoyada en su pecho, y le abrazaba por la cintura. Levanté la cabeza para verle la cara y seguía durmiendo profundamente. Me percaté de que Jake no se había movido de su sitio y que había sido yo la que me había acercado a él, probablemente para paliar mi frío nocturno.
Intenté desencarcelarme de sus brazos, pero me tenía tan abrazada, que era imposible. No me quedaba otra que despertarle.
- Jake, despierta – le empujé con mi cuerpo, ya que tenía las extremidades atrapadas.
Jacob no se despertaba, y como Alice nos descubriera así, era el fin. Aunque, pensándolo bien, mi padre ya tenía que estar enterado.
Hundí la cabeza en su pecho, preparándome para lo peor.
Le empujé, esta vez un poco más fuerte, y funcionó.
Jacob se despertó, me liberó súbitamente y saltó de la cama, aturdido y confundido.
- ¿Qué? ¿Qué? – preguntó en estado de alerta, mirando hacia los lados.
Por lo menos, él no había advertido la manera en que dormíamos. Estaría a salvo del escáner y posterior juicio de mi padre.
- Buenos días, Jake. Estás en mi habitación. Te quedaste a dormir, ¿recuerdas? - Ah, sí, claro – bostezó y se desperezó -. ¿Has dormido bien? - Sí, sí. Muy bien – la verdad es que había dormido genial entre sus brazos. Otra vez tuve que desviar la atención a su rostro -. Muchas gracias por quedarte. - Nah, de nada – me miró el camisón -. Esto… Me voy afuera para que te cambies y eso, ¿vale? Te espero abajo. - Vale.
Jacob salió de la habitación y, en cuanto cerró la puerta, me levanté de la cama. Salí al vestíbulo y entré en el baño, que estaba frente a mi habitación.
Era un baño muy grande, como no. Tenía toda la equipación necesaria para relajarse allí un día entero. Había un enorme jacuzzi, una ducha cuadrada de un metro de lado con hidromasaje, un bidé e inodoro que colgaban de la pared y dos enormes lavabos encastrados en una meseta de mármol con un bajo mueble y un gran espejo. Todo estaba decorado en un estilo actual.
Una de las ventajas de llevar genes de vampiro es que no te tienes que depilar, así que después de estrenar el inodoro, cogí unas toallas del mueble del lavabo, me desnudé, me metí en la ducha y cerré la mampara de cristal. Al abrir el grifo, casi me ahogo. En vez de salir el agua por la ducha, salieron chorros helados con una fuerza increíble por el hidromasaje. Bajé el monomando y me restregué el agua de los ojos con las manos. Cuando por fin fui capaz de abrirlos, vi que el botón del hidromasaje estaba conectado. Lo desconecté y abrí el agua de nuevo, cogiendo la ducha con la mano para no congelarme hasta que saliera caliente. Al final, pude ducharme tranquilamente.
Me enrosqué la toalla al cuerpo y me dirigí a mi habitación otra vez para vestirme. La ropa interior era punto y aparte, todo eran encajes y puntillas, muy del gusto de Alice, pero pude elegir unos sencillos vaqueros, una camiseta de tirantes blanca y una chaqueta con capucha de color verde pino. En cuanto salí del vestidor, picaron a la puerta.
- ¡Ya salgo, Jake! – exclamé mientras me desenredaba el cabello -. Me queda el pelo, pero lo seco en un momento.
La cabeza de Rosalie asomó por la puerta.
- Soy yo, Nessie. Y vengo precisamente a arreglártelo. - ¡Pero si es mi peluquera! Pasa, Rose. - No, lo tengo todo preparado en el baño.
¿Ya? Pero si acababa de salir de allí, prácticamente.
El baño parecía un salón de peluquería. Rosalie había puesto una silla giratoria enfrente del lavabo para que me viera en el espejo y la encimera se asemejaba a un puesto de venta de productos de belleza capilar.
Como siempre, mientras me secaba el pelo y me peinaba con el cepillo, casi no le veía las manos, de lo deprisa que lo hacía, sin embargo, lo único que notaba eran suaves tirones y que mi cabello se iba colocando en su sitio como por arte de magia.
- ¿Qué te parece? – me preguntó cuando terminó, girando la silla y dándome un espejo de mano para que me mirase por detrás. - ¡Guau, está perfecto!
Rosalie siempre me sorprendía con sus peinados. La mayoría de las veces no la dejaba improvisar mucho, porque si no, se emocionaba demasiado y salía de allí como Sissí Emperatriz. Pero ya me conocía bien y sabía lo que me gustaba, así que me solía peinar más o menos igual, muy a su pesar. Hoy me había dejado el pelo suelto, tan sólo me había puesto dos prendedores a ambos lados de la cabeza que despejaban mi rostro, con una suave cascada ondulada que por poco llegaba hasta mi cintura, demasiado sencilla para ella, pero ideal para mí.
- Gracias, Rose – le abracé y le di un beso. - De nada, cielo – me dijo con una sonrisa -. Ya sabes que me encanta peinarte. Ve a desayunar mientras yo recojo esto – de pronto, le cambió el rostro y suspiró -. Ese idiota te está esperando en la cocina, y como no bajes, nos va a acabar con la despensa. - Vale, pero no le llames idiota – le regañé. - Perdón. Se me ha escapado, lo siento – se encogió de hombros. - Está bien – exhalé -. Te veo abajo.
Salí del cuarto de baño y bajé las escaleras para dirigirme a desayunar. Escuché las voces de mis padres en la cocina y cerré los ojos, preparándome para lo que me esperaba. Tomé aire y entré.
- Buenos días – fingí mi alegría dándoles un beso a los dos como si no pasase nada.
Pero no funcionó. Jacob estaba sentado en la mesa y, por la cara que tenía, adiviné que ya le habían echado el sermón a él. Ahora me tocaría a mí.
- No es ningún sermón. Lo hacemos por tu bien – me dijo mi padre, visiblemente enfadado. - Ya os he dicho que no pasó nada – se quejó Jacob -. Sólo estuvimos durmiendo. Ella tenía miedo y… - No tienes por qué dar explicaciones, Jake – le interrumpí, mirando con ojos acusadores a mi progenitor –. Es mi vida privada.
A mi padre no le pillé desprevenido, pero mi madre se quedó aún más pálida, con los ojos casi saliéndose de las cuencas y la boca abierta. Lo sentía, pero las cosas tenían que cambiar. Mi padre tendría que controlarse y no meterse tanto en nuestras mentes.
- Sabes que no puedo… - Deja que hable ella, Edward – le cortó mi madre, enojada -. Si no, no me entero de nada – se dirigió a mí y me cogió la muñeca -. O si lo prefieres, puedes contármelo con la mano.
Empezó a subirla hacia su rostro y la retiré bruscamente, como un rayo.
- ¡No! – exclamé, apurada, a la vez que bajaba la vista y me ponía colorada.
Si la dejaba entrar en mi mente, vería que le había tocado el pecho a Jake mientras éste dormía y me moriría de la vergüenza.
Mamá comenzó a mirarnos a los dos con una cara de espanto.
- ¡¿Qué ha pasado ahí arriba?! – le gruñó a Jacob, rechinando los dientes. - ¡Nada! – gritó éste, levantándose y apoyándose con las manos en la mesa -. ¡Ya os he dicho que no pasó nada! ¡Edward, díselo! ¡Tú lo sabes! - Cálmate, Bella, no ha pasado nada. Sólo han sido unas inocentes… caricias – la última palabra la vocalizó mirándome a mí, con un tono entre agonía y disgusto.
No me esperaba el chivatazo de mi padre y me quedé como una piedra. Toda la sangre me subió a la cara.
- ¡¿Qué?! – mi madre giró el rostro súbitamente hacia Jacob, encolerizada -. ¡¿Qué le has hecho a mi niña?! – ya empezaba a caminar hacia él y mi padre la sujetó. - ¡No hubo caricias! – bramó Jacob, enfadado, con la confusión dibujada en su cara, alejándose de mi madre -. ¡Puede que nos rozáramos sin querer mientras dormíamos, pero si a eso lo llamáis caricias!
¡Uf! La cosa empezaba a ponerse fea. Jacob no sabía nada y lo estaba empeorando.
- ¡¿Cómo dices?! ¡No te hagas el inocente, Jacob! – siseó mamá. - No ha sido él, Bella – espetó mi padre con un tono monocorde para tranquilizarla.
¡Oh, no!
Hubo un momento de parálisis colectivo en la cocina. De pronto, mamá y Jacob me miraron a la vez. Una con decepción e incredulidad, el otro con sorpresa.
- ¿Qué? – cuestionó ella. - ¿Cómo? – preguntó Jake con el labio apunto de curvarse hacia arriba.
Papá se había pasado de la raya.
- ¡Basta! – chillé.
Ya no tenía sangre, la tenía toda en la cabeza, era imposible que me pusiera más roja. Intenté relajarme. No serviría de nada discutir con ellos, lo único que conseguiría es que me pusieran más en evidencia. Así que respiré hondo.
Cogí dos cuencos y la caja de cereales del armario y los puse en la mesa.
- Me vine a vivir a esta casa para tener más intimidad y no hacéis otra cosa que meteros en mi vida. - ¿Más... más inti…intimidad para qué? – mamá oscilaba la mirada entre Jake y yo. - Para lo que yo quiera – contesté con determinación, mientras sacaba la leche de la nevera -. Papá tiene que procurar no leernos tanto la mente ni a Jake ni a mí. - Pero sabes que no lo hago a propósito. Esto es algo que no puedo evitar – se lamentó él.
Vertí la leche en los cuencos y la volví a guardar en el frigorífico.
- Pues entonces tendrás que ignorar lo que veas, y si no puedes, por lo menos respetarlo – me senté en la mesa y le di dos palmaditas a la silla de al lado para que se sentara Jake.
Mis padres se quedaron observando mientras Jacob y yo empezábamos a desayunar juntos. Nos miraron mientras me echaba los cereales en el cuenco y luego se los pasaba a él para que hiciera lo mismo. No sé lo que vio papá.
- De acuerdo – exhaló al fin. - Pero… pero, Edward – mamá intentó quejarse, pero mi padre la interrumpió poniéndole el dedo en los labios. - Aunque siempre habrá cosas que no podré pasar por alto – esta vez miró sólo a Jacob con ojos de advertencia.
Éste le devolvió la mirada y siguió comiendo los cereales.
- Gracias – suspiré.
Papá inspiró profundamente y soltó el aire, cansado.
Antes de que Carlisle le llamara, le dio un pequeño beso a mi madre y salió de la cocina. Ésta se quedó apoyada en la encimera y, aunque no miraba para ella, notaba su vista fija en nosotros mientras bromeábamos con los cereales. Algo me hizo sentir incómoda, no sabía qué era, así que la miré de reojo. Un aire helado recorrió mi cuerpo cuando vi sus ojos. Nos observaba con la mirada perdida, como sin darse cuenta, con un matiz triste y algo melancólico en sus pupilas. Nunca la había visto así. Pero sabía el por qué de esa mirada. Me di cuenta de que yo había crecido tanto y tan deprisa, que sólo había tenido seis años para disfrutar de su niña, su única hija. Me hizo sentir culpable. Nessie discutiendo sobre su intimidad y su vida privada, y no había reparado en que ella lo estaba pasando mal. Además, también estaba el tema de Renée.
Terminé mi cuenco y me levanté de la mesa para meterlo en el lavavajillas. Me acerqué a mi madre y le di un abrazo y un beso.
- Te quiero, mamá – le susurré. - Y yo a ti – me abrazó con fuerza. - Sabías que esto iba a pasar tarde o temprano. Ya sé que no es fácil, que todavía me ves como a una niña, pero tienes que entenderlo – me separé para mirarla. - Lo sé – suspiró, cerrando los ojos y asintiendo con la cabeza.
La besé de nuevo y me acerqué al fregadero para recibir el pase de siempre. Jacob me lanzó su cuenco como un frisbee y yo lo encesté en la parte superior del lavavajillas.
- Nos tenemos que ir, o llegaremos tarde – me dijo Jake. - Sí – me volví de nuevo hacia mi madre, pero ya no estaba.
- ¿Qué vas a hacer hoy? – le pregunté a Jake mientras me disponía a cambiar de canción en el estéreo de su coche. - Tengo que ocuparme de las dos manadas. Patrullaré unas cuantas horas y luego me dedicaré a arreglar el abollón del capó – al mencionar abollón puso una mueca de dolor.
Con lo del capó, me acordé de la imagen de la cabeza que vi la noche anterior y me entró un escalofrío. Jake se dio cuenta.
- Lo siento. No quería recordártelo. - No importa. Además, si te hubiera hecho caso y no hubiera mirado, no me pasaría esto. A veces soy demasiado curiosa. - Sí, ya me he dado cuenta – me dijo con una sonrisita socarrona.
Sin duda, estaba hablando de mis inocentes caricias. Menudas palabras había encontrado mi padre.
Nos paramos en un semáforo en rojo, que parecía el reflejo de mis mejillas.
- Si querías tocarme, sólo tenías que habérmelo pedido – susurró con su voz ronca, mofándose – Si quieres, puedes hacerlo ahora mismo.
Empezó a subirse la camiseta.
- ¡No, para, Jake! – le agarré las manos, tirando de ellas hacia abajo, con la cara ya echando humo.
Jacob se carcajeó, pero yo lo estaba pasando fatal. En ese momento me daban ganas de matar a mi padre. Seguramente, este era su castigo.
- La verdad es que estoy un poco enfadado contigo, Nessie – ahora hablaba serio -. Estaba durmiendo, no tenías que haber hecho eso. - Lo siento. Yo… - Me tenías que haber despertado, así no me hubiera perdido la fiesta – me interrumpió, carcajeándose de nuevo.
Le dediqué una cara de odio y apreté los dientes.
Los coches que nos seguían empezaron a tocar el claxon cuando el semáforo se puso en verde y no nos movíamos.
- Creo que esa gente de atrás te agradecería mucho que me soltaras las manos para que pudiera iniciar la marcha de nuevo – me cuchicheó, sarcástico.
Le solté con brusquedad y me crucé de brazos mientras se seguía riendo. Por fin, empezamos a avanzar.
- Eres un idiota – bufé. - Eres tú la que te morías por acariciarme. Ahora atente a las consecuencias – sonrió satisfecho. - No te lo tengas tan creído. No eres… - de repente, la imagen de su torso bañado por la luna vino a mi mente -, para… para tanto.
La sonrisa de Jacob se ensanchó.
- Bueno, pero por lo menos, ¿te gustó? - Para nada – mentí con un tono lo más creíble que pude. Se rió, mordiéndose el labio y negando con la cabeza.
Seguimos en silencio - para mi alivio -, escuchando la música, y al cabo de un rato estábamos en el aparcamiento del instituto, con el coche estacionado.
Jacob se quedó mirándome.
- ¿Y ahora qué pasa? – pregunté, cansada -. ¿Vas a seguir riéndote de mí? - No, ya tuve bastante por hoy – me dijo con su sonrisa burlona. Entonces, cambió la cara -. Es que… tengo que reconocer que tu tía la Barbie no te ha dejado mal. Estás muy guapa, la verdad. - Gracias. Rosalie hace milagros – dije, riéndome, mientras me tocaba el pelo. - No – me atrapó con sus profundos ojos, esos que ahora me llamaban y me hipnotizaban -, eres preciosa – susurró.
Me acarició la mejilla como la noche anterior, con el dorso de la mano, sólo que, en esta ocasión, sus dedos temblaban levemente, casi con miedo a tocarme. Esta vez, no pude evitar cerrar los ojos cuando me estremecí. Todo el vello de mi cuerpo se puso de punta. Los sentí deslizarse por mi rostro, rozándome el cuello hasta que se perdieron en mi pelo.
Abrí los ojos, todavía alelada. Jacob me sonrió y miró por mi ventanilla.
- Tus amigas te están esperando – anunció, señalándolas con la cabeza.
Me giré hacia atrás y vi a mis nuevas amigas esperándome a unos metros del coche.
- Sí – aún estaba atontada. Me volví hacia Jacob, bajando la vista para no tener que encontrarme con sus ojos otra vez -. Tengo… tengo que irme – cogí la mochila del suelo de mi asiento y salí del coche. - ¡Hey! – exclamó, estirándose para bajar la ventanilla del copiloto. No me quedó otro remedio que mirarle -. Te vendré a buscar, ¿vale? – me recordó con su sonrisa. - Vale – y se la devolví.
Sabía que él no se iría hasta que no me viera entrar por la puerta del edificio, así que me fui con mis amigas.
Todas me saludaron efusivamente, excepto Brenda. Ésta tenía la cara desencajada, alicaída, parecía más larga de lo normal. Pensé que igual estaba enferma o algo, así que traté de no agobiarla.
Entramos en el pabellón y las chicas se fueron distribuyendo por el camino en sus diferentes aulas, todas menos Helen y yo, que llegamos juntas a nuestra clase de Trigonometría.
Por supuesto, al pasar por el pasillo de entre los pupitres escuché algún cuchicheo sobre mi casi huída del día anterior en la clase de Historia. Para un oído humano habrían pasado desapercibidos, pero para el mío… Cuando el señor Varner entró por la puerta, se hizo el silencio absoluto.
El profesor se puso a dar clase enseguida. En un abrir y cerrar de ojos, la pizarra estaba llena de triángulos rectángulos, razones trigonométricas y circunferencias con sus radios y radianes. Aunque tomé algún apunte, me aburría mucho, puesto que ya me lo sabía, sin embargo, Helen no paraba de tomar notas, su bolígrafo iba a ponerse a soltar chispas de un momento a otro.
Mientras fingía apuntar en mi cuaderno, me sumí en mis pensamientos. Con tanto seno y coseno, la imagen de Jake tumbado sobre mi cama, semidesnudo, a la luz de la luna, vino a mi mente irremediablemente. Una curva tonta empezaba a elevarme el labio. Me espabilé a mí misma e intenté prestar atención a la lección. Miré a Helen. Seguía concentradísima en los triángulos, al igual que el resto de la clase. Me puse a copiar lo que había escrito de nuevo el señor Varner.
Las otras clases fueron más amenas. En Gimnasia lo pasé muy bien, aunque me tuve que controlar al lanzar el balón medicinal. Si lo lanzara con todas mis fuerzas, como me decía el profesor, hubiera salido como un torpedo a través de la pared del gimnasio. Y encima era el de tres kilos. Me limité a imitar lo mejor que pude las débiles fuerzas de mis compañeras.
En Historia la señora Smith me sacó a la pizarra para que le hiciera los esquemas del tiempo. Parecía una especie de venganza por haberle mentido el día anterior. Mientras hacía una línea temporal casi perfecta, volví a escuchar los cuchicheos de algunos de mis compañeros.
Por fin llegó la hora del almuerzo. Helen y yo habíamos quedado con el resto de las chicas en la misma mesa del día anterior, al parecer, siempre se sentaban ahí.
- ¡Madre mía! – exclamó Helen -. ¡Menuda clase te ha dado la señora Smith! Se ha pasado un poco, ¿no? - Ya ves – contesté, comiéndome una patata. - ¿Qué pasó? – preguntaron las gemelas a la vez. - Ayer Nessie tuvo que salir a hacer una llamada urgente en mitad de la clase y a la señora Smith le ha sentado fatal. Ya sabéis cómo es esa mujer. Piensa que le ha mentido. - Me ha tenido toda la clase en la pizarra dibujando esquemitas – recalqué la última palabra con rabia.
Las gemelas se rieron al unísono. Hasta sus risas iban acompasadas.
- Sí, no le gustan nada esas cosas – dijo Alison. - Siempre piensa que se están riendo de ella – siguió Jessica.
Se hizo un pequeño silencio que aprovechamos todas para meternos algo en la boca. Todas excepto Brenda, que pinchaba su ensalada con el tenedor una y otra vez, con el mismo rostro de primera hora de la mañana. Me daba un poco de pena, porque ninguna parecía hacerle caso.
- ¿Qué te pasa, Brenda? – le pregunté -. ¿No te encuentras bien?
Ésta me contestó cabizbaja.
- No, no es eso. Es que estoy tan avergonzada por mi comportamiento de ayer al salir de clase…
Bueno, por lo menos, lo reconocía. Tal vez la había juzgado mal.
- Nosotras también – agregó Helen -. No sabíamos que el chico de la moto era tu novio, perdona.
¿Novio? ¿Cómo iba Jacob a ser mi novio?
- No, no es mi novio, es mi mejor… amigo – antes de pronunciar la última palabra, ya me estaba arrepintiendo de haberla dicho.
Conforme iba diciendo la frase, el rostro de Brenda cambiaba radicalmente. Iba cogiendo color hasta que se le iluminaron los ojos, que ahora le brillaban otra vez descarados.
- Oh, perdona. Nos dio la sensación… - Entonces, ¿está libre? – interrumpió Brenda a Helen -. Quiero decir, ¿sale con alguien?
¿Salir… con alguien? Bueno, aunque siempre estábamos juntos, no era salir en ese sentido ni nada, pero... Aquí faltaba algo. Empecé a sentirme rara, como cuando se te olvida una cosa y no te acuerdas de qué es.
- Pues… no – mascullé. - ¿Cómo se llama? – siguió preguntando descaradamente.
Pestañeé, confusa. No encontraba lo que se me había olvidado.
- ¿Eh? – todas me miraron expectantes -. Jacob – contesté al fin. - Jacob – se quedó pensativa un segundo -. Es un nombre precioso, le pega.
Pues qué mal le quedaba a ella tan sólo el pronunciarlo. Se rió con una risa tonta mientras mordía el tenedor. No me había equivocado con Brenda para nada.
- Nos lo tienes que presentar – al igual que el día anterior, advertí que para ella ese nos significaba un me. - ¡Sí, hoy mismo! – exclamaron Jessica y Alison al unísono. - Le hemos oído decir que te viene a buscar, así que no tiene escapatoria – dijo Helen, guiñándole el ojo a las gemelas.
Genial, ahora también las otras tres.
- Bueno, no creo que sea buena idea… - ¡Por favor! – exclamaron las cuatro, interrumpiéndome.
No iba a tener más remedio que presentarles a Jacob. Mi Jacob, dijo una voz para mis adentros tan bajita y tímida, que casi no la oí.
- Está bien – suspiré -. Os lo presentaré al salir de clase. - ¡Gracias! – Brenda me dio un beso, que luego me limpié, y se puso a dar palmitas toda emocionada; lo estaba tanto, que ni siquiera se percató de mi temperatura.
Las otras tres también se rieron con el mismo entusiasmo y yo intenté concentrarme en acabar mi comida.
El final de las clases llegó antes de lo que a mí me hubiera gustado. Sin apenas darme cuenta, ya las tenía a todas en el pasillo arrastrándome hacia la puerta. Iban tan rápido, que si no fuese por su olor, hasta hubiera dudado de que eran humanas.
En el exterior, el ambiente era templado y una llovizna casi invisible caía del cielo como si de una cortina se tratase. Sin llegar a salir del pasillo, ya me llegó el efluvio de Jacob.
Éste se apoyaba en su Golf rojo, con las manos en los bolsillos del pantalón y con su sonrisa de siempre puesta. Por lo que vi, ya había arreglado el abollón del capó. Vestía una camiseta negra sin mangas y unos vaqueros cortos, y en cuanto mis amigas lo vieron, empezaron a babear de nuevo. ¿Por qué se había tenido que poner esa camiseta?
A medida que nos acercábamos hacia Jake, mis amigas aminoraron la marcha, tímidas. Salvo Brenda, cómo no. Ésta se acercó rauda y veloz para colocarse frente a él.
Apreté los dientes y el paso, obligando al resto a seguirme casi corriendo.
- Hola, me llamo Brenda – se presentó, comiéndole con la mirada. - Jacob – dijo él, sonriendo y saludando con la cabeza.
Brenda parecía deslumbrada por sus blancos dientes al verlos tan de cerca.
Pero esa preciosa sonrisa se ensanchó nada más ver que yo ya había llegado. Brenda tuvo que recular cuando Jacob estiró su brazo con el fin de atraerme hacia él para abrazarme. Me reí con malicia en mi fuero interno. Le cogí de la mano y empecé con las presentaciones. Ninguna, incluida Brenda, pudo evitar fijarse en nuestro amarre, aunque los cuatro pares de ojos enseguida volvieron a clavarse en Jake.
- Bueno, os voy a presentar – empecé a señalarlas con la mano, con desgana -. Jacob, estas son Jessica, Alison, Helen y…, bueno, a Brenda ya la conoces. Chicas, este es Jacob.
Mi Jacob, volví a oír muy bajito en mi cabeza.
- Hola, ¿cómo estáis? – saludó él. - ¡Cómo estás tú! – le cuchicheó Brenda a Helen al oído.
¡¿Sería…?! Si yo lo había escuchado, seguro que Jake también. Le estaba empezando a coger verdadera manía a esta chica, y eso que sólo la conocía de dos días.
El resto de mis amigas se habían quedado mudas. Helen se sacudió la cabeza y carraspeó.
- Hola. Nessie nos ha hablado mucho de ti y teníamos ganas de conocerte – dijo tímidamente.
¡Menuda mentirosa! Todo valía para entablar conversación, ¿no?
- ¿Ah, sí? – Jake sonrió aún más -. ¿Y qué es lo que os ha contado? - Nada – interrumpí -. Que me venías a buscar y todo eso. - No quería presentarte – le soltó Brenda a la cara. - ¿No? – el rostro de Jacob se puso un poco más serio mientras giraba la cabeza para mirarme.
Me encogí de hombros con una sonrisa tonta. Fue lo único que se me ocurrió hacer. ¿Cómo le iba a explicar que no quería presentarle porque… porque…? De pronto, el entendimiento barrió mi cerebro como un huracán. Porque estaba… ¿celosa? Celosa, me repetí, asombrada. Me miré a mí misma. Me fijé en cómo mi mano se había aferrado a la suya. La sujetaba con fuerza, casi con autoridad.
- Me parece que tu mejor amiga – matizó Helen con intención -, tiene miedo a que le quiten el puesto y está un poco celosa – volvió a apuntillar, mirándome con cara de saber más que yo.
Me cambió el color del semblante en cuanto escuché la palabra en los labios de mi compañera. Brenda le clavaba la mirada con los ojos a punto de cerrarse y la boca y el ceño fruncidos, mientras negaba con la cabeza.
- ¿Estas celosa? – me preguntó él con su media sonrisa. - Por supuesto que no – mentí. Le solté la mano bruscamente y me volví hacia mis amigas -. Ya os he dicho que sólo somos amigos, nada más.
Jacob giró el rostro hacia el otro lado, así que no pude vérselo. Murmuró algo que no fui capaz de entender bien.
- Hoy es jueves y trabajo esta noche, si te apuntas a tomar algo, te invito – le propuso Brenda, guiñándole el ojo.
¡Esto era el colmo! Mis dientes rechinaron y la cara se me encendió, aunque no de vergüenza precisamente.
- Ah, ¿y dónde trabajas? – le preguntó Jacob con un tono que no me gustó nada. - Soy camarera en el Ocean – contestó ella con una sonrisa de oreja a oreja.
Genial. El Ocean era el club de moda de Forks, bueno, de hecho era el único que había en todo el pueblo, y ella trabajaba allí de camarera. Alice me había hablado de él. Podía imaginármela súper sexy detrás de la barra, con todos los chicos amontonados, esperando a que les sirviera la copa.
- Bueno, no sé – Jake me miró para estudiar mi reacción y se mordió el labio, sonriente. Intenté fingir indiferencia, pero me salió un cruce de brazos, con los dientes apretados -. La verdad es que no suelo salir nunca, pero ya veré. - ¿Nos podemos ir ya, Jake? – le pedí, enfadada. - Si no puedes venir hoy, también trabajo los viernes – siguió Brenda. - Ya veré – repitió él.
Mi cabeza empezó a llenarse de insultos innombrables en honor a esa arpía. Estaba apunto de estallar, como no nos marcháramos de allí.
- Jacob, quiero irme a casa – le apercibí, echando fuego por las pupilas. - Sí, vamos – dijo por fin -. Bueno, chicas, adiós. - Hasta luego. Ha sido un placer – contestó Brenda.
Las demás se despidieron con la mano. No habían prestado atención a nada de la conversación, con Jake, ya debían de tener bastante.
El viaje de vuelta fue silencioso, ni siquiera me apetecía poner música, y él tampoco habló. Parecía preocupado y pensativo, como la noche anterior de camino a mi habitación. Al verle así, se me pasó todo el cabreo.
Aparcó el coche delante de la casa, como solía hacer, y cuando abrí la puerta para salir, se incorporó sobre mí para cerrármela.
- Espera. - ¿Qué pasa?
Se sentó de nuevo en su asiento, con las manos y la mirada aferradas en el volante.
- Tengo… tengo que decirte algo - su voz y su rostro denotaban nerviosismo, y me pareció que un ligero sonrojo coloreaba sus mejillas. De pronto, empezó a reírse, levantando la vista hacia el techo -. Dios, no pensé que esto fuera tan difícil – masculló. - ¿El qué? – pregunté, confundida.
Se hizo un silencio. Respiró hondo y giró el rostro para clavar sus pupilas llenas de determinación en mí. Su mirada era tan penetrante, que, sin querer, mi corazón empezó a acelerarse.
- Nessie, estoy…
Alguien picó en el cristal de la luna trasera y le interrumpió. Jacob puso los ojos en blanco, resopló y volvió la cara hacia su ventanilla. Miré hacia allí para ver quién era, pero el repiqueteo se oyó en la mía.
Al darme la vuelta, la vi y bajé el cristal.
- Hola, mamá. -¿Qué hacéis? – preguntó con una sonrisa. - No estábamos haciendo nada malo, si es lo que quieres saber – le contestó Jake, enfadado. - Sólo he venido a saludar – le replicó mi madre -. Luego podéis seguir a lo vuestro. ¿O es que he interrumpido algo? - Pues mira, sí – le espetó Jacob con cara de malas pulgas.
Mamá arrugó las cejas de su cara nívea y perfecta, pero su enojo iba dirigido solamente a Jacob.
- Ya me voy, tranquilo. - Demasiado tarde – gruñó él. Hizo una pausa y suspiró -. De todos modos, ahora tengo que entrar para hablar con Carlisle. - ¿Con Carlisle? – preguntó ella. - Sí, esta mañana hemos encontrado un rastro extraño en el bosque. - ¿Un rastro extraño? No me habías dicho nada – le eché un poco en cara. - No me dio tiempo – Jake miraba otra vez a mi madre con cara de pocos amigos. - ¿De quién? - siguió ésta, haciendo caso omiso. - No lo sabemos. Nunca habíamos encontrado una peste como esa, y mira que la vuestra es insoportable - mi madre puso los ojos en blanco -. Por eso tengo que hablar con Carlisle. Puede que él lo sepa.
Jacob salió del coche y yo hice lo mismo. Corrí a su lado y él me pasó el brazo por el hombro. Cuando nos disponíamos a subir las escaleras del porche, mi madre me llamó.
- Renesmee, ¿vienes a dar un paseo conmigo?
Jake y yo nos miramos extrañados.
- ¿No quieres entrar para ver de qué va todo esto? – le pregunté. - No importa, tu padre me lo contará después. Ahora me apetece pasar un rato contigo.
Me acordé de lo triste que había estado esa mañana y no me pude negar.
- Luego te veo, ¿vale? – le dije a Jake. - Te espero en nuestro tronco. - Más te vale contármelo todo después – le regañé en broma. - Descuida.
Me aparté de él y me fui con mi madre.
- De acuerdo. Vamos a dar un paseo – acepté, cogiéndola del brazo. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Bueno, espero que os haya gustado ^^ |
|  | | NaomiLautner Nuev@

Mensajes: 11 Fecha de inscripción: 26/01/2011
 | Tema: Re: EL LIBRO DE JACOB Y NESSIE:DESPERTAR.Continuación Amanecer +18 Jue Ene 27, 2011 4:09 pm | |
| a mi si que me gusto  haber si subes el otroo |
|  | | JACOB&NESSIE Team Jacob

Mensajes: 321 Fecha de inscripción: 14/01/2011 Edad: 32 Localización: Asturias
 | Tema: Re: EL LIBRO DE JACOB Y NESSIE:DESPERTAR.Continuación Amanecer +18 Jue Ene 27, 2011 5:27 pm | |
| ¡¡¡Pues claro que pongo otro, eso ni se pregunta!!!
Este va a traer un poco de controversia, pero, como puse al principio, todo tiene una explicación que se irá descubriendo... ^^ Bueno, ahí va: ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
REACCIONES
La débil lluvia se había convertido en niebla sin darse cuenta. Se colaba entre los rojos árboles otoñales como si fuera un humo espeso y pesado y hacía del bosque un sitio tenebroso. Apenas se podía ver nada, pero a mamá no parecía importarle. Quizás ella sí podía ver más allá de esa densa cortina.
- ¿Qué tal te ha ido hoy en el instituto? – me preguntó. - Bien, me parece que me va a ser más fácil aprobar de lo que creía.
Mamá se rió con su voz musical.
- Eres tan lista como tu padre. - No. Es que papá me ha enseñado demasiado, tuvo mucha prisa – me reí. - Bueno – ahora hablaba más seria -, él no pensaba que te fueras a matricular en el instituto y quería que tuvieras una buena formación académica. Además, has crecido tan rápidamente, que nos has pillado un poco desprevenidos. - Sabíais que lo iba a hacer pronto. Aunque me imagino que si hubiera sido por vosotros, no habría crecido nunca - suspiré. - No es eso. Es que todo esto de Jacob… - dejó la oración en el aire. - ¿Qué pasa con Jake? – pregunté, extrañada.
Mamá se quedó pensativa, parecía estar buscando las palabras adecuadas a lo que me tenía que decir.
- Deberíais de cortaros más – soltó finalmente.
- ¿Cómo? - no entendía nada. - Tu padre puede verlo todo a través de vuestras mentes – mamá hablaba de una forma un tanto irritada -. Sé que a mí no me lo cuenta para evitarme el mal trago, pero él lo pasa fatal. Lo de anoche…
No me lo podía creer. Lo único que había hecho era tocarle el pecho a Jacob por curiosidad, y ellos hacían una montaña de un grano de arena.
- No sé por qué – le repliqué, enfadada -. Fue algo totalmente natural, sólo quería comprobar cómo era.
Mi madre se paró de repente y se quedó muda.
- ¿Comprobar… cómo era? – se apartó con rudeza de mi lado y empezó a pasear de aquí para allá nerviosamente, con las manos en la cabeza y mirando al suelo con los ojos perdidos -. ¿Hasta dónde llegasteis? – interrogó con un tono que rozaba la histeria. - ¿Qué? – mi cara fue fiel a toda la confusión que tenía en la cabeza -. Sólo le toqué…
No me dejó terminar la frase. Se abalanzó hacia mí, furiosa, hasta que quedó a un paso y me clavó sus ojos ya oscurecidos por el enfado.
- ¡Tienes que tener cuidado con Jacob, sobretodo en lo relativo al… sexo! – le costó soltar la palabra -. ¡Ya deberías saberlo, Renesmee, puedes hacerle mucho daño! ¡Para él no es un juego, es algo muy serio, y si luego tú no le…! - Espera, espera, espera… – le corté –. ¡¿Que debería saber el qué?! ¡¿De qué me estás hablando?! Jake y yo no… - me empecé a poner colorada sólo de pensarlo -. ¡No hemos hecho nada! - ¡Renesmee Carlie Cullen, no me mientas! ¡Ya te he hablado de eso y sabes de sobra que los… tocamientos forman parte del sexo! ¡Así que no disimules! - ¡Por Dios, ¿qué tocamientos?! – mi cara de indignación disimuló algo mi terrible vergüenza –. ¡No hubo ningún… tocamiento! – a mí también me costó decir el vocablo.
Mi madre pareció calmarse un poco y su semblante volvió a su estado de piedra impoluta.
- ¿En serio? – ahora parecía avergonzada -. Pero tu padre vio…
Puse los ojos en blanco y le coloqué la mano derecha en la mejilla. No me apetecían más explicaciones verbales, mi cara ya había aguantado demasiadas invasiones de sangre.
Le dejé ver desde que Alice había salido de la habitación. No pude evitar recordarlo, así que se me escapó que Jacob me había acariciado la mejilla. Ella puso su mano sobre la mía y sonrió. Le mostré que había salido a dormir al pasillo como lobo y luego pasé a mi pesadilla. Vio cómo Jake entraba corriendo en mi dormitorio, ya humano, y yo le abrazaba. Cómo intentaba no fijarme en su torso desnudo cuando le pedía que se quedara a dormir. Le enseñé que él se había echado boca arriba, sobre la colcha, a mi lado y que se había quedado dormido enseguida, de lo cansado que estaba. Empecé a mostrarle cómo le rozaba el pecho con los dedos…
De pronto, mi madre me sujetó la muñeca con fuerza. La agarraba tan fuerte, que me hacía daño. Tenía una expresión muy extraña, parecía fría. Me asusté un poco e intenté quitar la mano, pero no me dejó. Ella quería seguir viendo, quería saber qué venía después, si había pasado algo más. No se fiaba de mí. Accedí, pero lo iba a hacer de una forma un tanto vengativa y rebelde. Estaba harta de que mis padres quisieran saberlo todo, incluso mis pensamientos más íntimos. ¿Quería verlos? Pues se tendría que atener a las consecuencias. Continué mostrándole mis recuerdos, pero esta vez también dejé ver todo lo que sentía como si lo estuviese reviviendo intensamente en ese mismo momento. Cerré los ojos y me concentré, sumiéndome yo misma en mi mente.
Recordé los fuertes brazos de Jacob cuando me lancé a abrazarle después de la pesadilla, y de lo segura y protegida que me hacían sentir. Le mostré cómo él me apartaba los cabellos del rostro y me pasaba los dedos entre la melena para peinarme mientras yo le miraba atontada, de lo que eso me gustaba. Pasé a revelarle lo mucho que me costaba apartar los ojos de su pecho desnudo cuando no le dejé que se marchara para que se quedase a dormir en mi cama. Rememoré sus músculos iluminados por la luz de la luna llena, lo que me apetecía tocarlos, sentirlos. Cómo los rozaba con mis dedos temblorosos, bajando hasta los abdominales, pero que eso no me bastaba.
Mamá estranguló más mi muñeca.
Le mostré cómo entonces subía hacia su pecho, acariciando cada uno de los músculos con la palma de mi mano, lentamente, sin querer perderme ninguno, y lo tersos, sedosos y calientes que me habían parecido, lo bien que olía su piel. Me acordé de lo angelical que me parecía Jacob mientras dormía, su hermoso rostro, su pelo azabache, su aterciopelada piel cobriza, sus apetecibles labios...
La mano de mi madre ya casi me cortaba la sangre, de lo que apretaba ahora.
Pero mi mente no hizo ningún caso. Tanto me interné en mis pensamientos, que se sumió en una especie de profunda inconsciencia, casi en estado hipnótico, que ni yo podía controlar. Me llevó a otros recuerdos, imágenes como diapositivas animadas, ignorando por completo la compañía que tenía. Ya casi no sentía su mano apresadora. Sólo podía sentir las diapositivas que pasaban a toda prisa por mi subconsciente. Lo primero que apareció fueron los intensos ojos negros de Jacob, que me atrapaban y me llamaban, cuando se clavaban en mí, no podía ni moverme. No. Era yo la que no quería hacerlo, quería seguir mirándolos, quería perderme en ellos. La imagen se fue deprisa y otra la sustituyó con la misma rapidez. Estábamos parados de camino a la playa. Jacob tenía su rostro muy cerca del mío, tanto, que notaba su ardiente aliento. Cuando vi cómo lo acercaba, mi corazón se volvió a acelerar sin poder evitarlo. La diapositiva cambió otra vez hasta esta misma mañana. Estábamos en el coche. Jacob acariciaba mi mejilla con el dorso de sus dedos suaves y calientes mientras me cautivaba con su penetrante mirada, se deslizaban rozando mi cuello hasta perderse en mi pelo. Me estremecí de nuevo y el vello se me puso de punta una vez más.
Entonces, justo en ese momento, sucedió algo repentino e inesperado que me hizo salir disparada de mi hipnosis.
Mi pulsera trenzada vibró y rechazó a mi madre. Cuando abrí los ojos, apenas lo había visto, todo sucedió en una milésima de segundo.
La pulsera había convulsionado con fuerza una sola vez, pero fue suficiente, lo hizo con tanto ímpetu, que desató una energía increíble. Produjo una especie de onda expansiva invisible en miniatura que se extendió vertiginosamente como si de una bomba atómica se tratase, haciendo que su mano se soltara con brusquedad. La honda expansiva fue tan grande, que la obligó a retroceder un paso al empujar su brazo hacia atrás, sin embargo, a mí no me movió ni un centímetro.
Mamá se quedó paralizada y perpleja, con los ojos muy abiertos, asustados.
- ¿Qué… qué ha sido eso? – preguntó con un hilo de voz.
Su instinto le hizo ponerse a la defensiva y retirar el labio hacia atrás, pero se controló al momento y sus labios volvieron a quedar en su estado perfecto.
- No lo sé – susurré, aturdida, mirándome la pulsera. - ¡¿Qué clase de pulsera mágica te ha regalado ese chucho?! – masculló, matizando el insulto con rabia. - No le llames chucho – protesté, enfadada -. Tú eres su amiga. - Sí, claro – se rió con amargura -, y le ha puesto una pulsera mágica a la niña de su mejor amiga para que no la pueda tocar.
La pulsera vibró de nuevo, aunque esta vez más suave, como llamando mi atención. Algo estalló en mi subconsciente de repente y no pude pararlo, subió por mi garganta y me obligó a hablar. Las palabras salieron de mi interior solas, no me hizo falta ni pensarlas.
- He dicho amiga – escupió mi boca con furia retenida. - ¿Cómo? – inquirió mi madre sin entender, ahora hablaba con cautela. - Yo soy su mejor amiga – puntualicé, con los dientes apretados.
Se quedó como una piedra delante de mí, mirándome, estudiándome con sus ojos confusos. Su semblante se serenó al cabo de un minuto.
- Sí, es cierto – susurró al fin.
Bajó la mirada hacia mis manos. Eso me llamó la atención y yo hice lo mismo.
Las tenía en puños, tan apretados, que me hacía daño a mí misma con las uñas.
Los abrí poco a poco, hasta que las manos me quedaron colgando de los brazos. No sabía qué hacer con ellas, así que las metí en los bolsillos de la chaqueta.
- Lo siento mucho – me dijo con la voz pausada -. La culpa ha sido mía, no tenía que haberme metido tanto en tus recuerdos. No tenía derecho.
En ese momento estaba hecha un lío. ¿Qué me había pasado? ¿Por qué había reaccionado de ese modo? ¿Y la pulsera? Nunca había hecho eso. ¿Es que ahora tenía poderes o algo así? ¿Por qué no podía recordar mis últimos pensamientos?
- No importa – inspiré hondo y me tranquilicé -. Además, yo también tengo mi parte de culpa. Creo que te enseñé demasiado. - Entonces, ¿me perdonas? – murmuró.
Parecía realmente arrepentida, y yo también lo estaba, por tener esa extraña reacción con ella.
- No hay nada que perdonar, mamá – le sonreí lo mejor que pude, aunque con lo atolondrada que me había quedado, no sé lo que me salió.
Mi madre se aproximó para darme un abrazo, pero, de pronto, se quedó quieta, mirando la pulsera con recelo.
- Ya no vibra – le dije, levantando la muñeca para que la viera.
Se acercó con los brazos vacilantes y finalmente se atrevió a abrazarme. Esta vez, no pasó nada raro.
- Sabes que te quiero – me susurró al oído. - Sí, lo sé. Yo también te quiero – no me dejaba, y yo quería estar un rato a solas para poner en orden mi destartalado cerebro -. Tengo que irme, he quedado con Jake en nuestro tronco.
Por fin se despegó y me dio un beso.
- ¿Sabrás llegar con esta niebla? - Ese sitio lo encontraría con los ojos cerrados, no te preocupes. - Claro, me lo imagino – me sonrió. - Bueno, os veo después, cuando vaya a cenar y eso. - De acuerdo. Hasta luego.
Me despedí con la mano y me alejé de mi madre, dejándola detrás de la espesa niebla. Ni siquiera noté cuándo se marchó. Seguí caminando por el bosque. El terreno estaba cubierto de las hojas bermejas que ya habían caído de los árboles. Estaban mojadas por la débil llovizna de antes y la niebla de ahora. Los árboles iban apareciendo a mi lado como por arte de magia. Se presentaban de repente a medida que avanzaba y desaparecían de nuevo a mis espaldas.
Empecé a darle vueltas a todo lo que había pasado e intenté contestar a las preguntas que yo misma me había hecho antes, pero lo único que conseguía era formularme más.
¿Por qué había reaccionado así la pulsera? ¿Por qué había rechazado a mi madre? La pulsera era quileute, ¿sería porque ella era vampiro? Bueno, yo era medio vampiro, ¿por qué no lo había hecho conmigo? ¿Lo haría con más gente de mi familia? ¿De qué me había avisado y por qué respondí de ese modo? ¿Por qué me habían gustado tanto mis recuerdos? ¿Por qué no podía recordar los últimos? Mi madre sí podría, los había visto. ¿Y ella? ¿Por qué ese afán por saberlo todo? ¿Tanto me quería proteger? ¿Es que no podía entender que ya no era una niña, no lo entendería nunca?
Me paré en seco al percatarme de que no iba por el camino correcto. Con ese revoltijo de preguntas en mi cerebro, no me di cuenta de que me había perdido. Genial. Para encima, ya era casi de noche y Jacob estaría esperándome preocupado. Eso sin mencionar a mis padres. Le había dicho a mamá que iría a cenar, si no aparecía, se pondría histérica otra vez.
Comencé a buscar algún árbol o señal conocida, algo que me diera alguna pista de dónde estaba. Nada, no se podía ver nada. Ni siquiera había olores, sólo olía a niebla y tierra mojada. Era como si la niebla hubiera borrado todo rastro a su paso. Empecé a ponerme nerviosa a medida que pasaba el tiempo y no encontraba ni la más mínima señal. Reinaba un silencio absoluto, tan sólo oía mis pisadas sobre las hojas húmedas, la niebla también se había llevado los sonidos. No parecía el mismo bosque alegre y con vida de siempre, este estaba muerto.
El miedo me hizo correr para buscar la salida de ese laberinto de árboles. Casi me chocaba con ellos, aparecían de pronto como si alguien los clavara justo cuando yo iba a pasar. El bosque no quería dejarme salir. Me paré y giré sobre mí misma para mirar alrededor, tenía que encontrar un recoveco, una rama que me indicara la salida.
De repente, algo pasó a mi lado como una exhalación, rozándome el brazo, y me asusté. No podía ver nada. No podía oler nada. - ¿Jacob? – apenas me salió un susurro.
El roce volvió a repetirse, pero esta vez fue más fuerte. Pude sentir algo peludo.
- Jake, no tiene gracia – mascullé con la voz temblorosa.
Entonces, por fin pude oír algo. Era una respiración que se acercaba a una velocidad de vértigo. La respiración de un animal salvaje y las pisadas de cuatro patas al galope.
Me giré en esa dirección. Estaba aterrada. No sabía lo que me iba a encontrar, ni qué podía hacer. Papá y Jasper me habían enseñado a defenderme, pero no se gana una pelea sólo con eso. Me acuclillé, preparada para saltarle por encima a lo que fuera que venía. Por lo menos, tenía que intentar mi huida. Si chillaba lo suficientemente alto, quizás Jacob o mis padres lo oyeran y vinieran a rescatarme.
Las pisadas de las patas fueron reduciendo de velocidad hasta que se convirtieron en un suave trote, y la respiración pasó a ser un olisqueo de rastreo. Estaba muy cerca. Tensé los músculos de mis piernas a la espera y, cuando la criatura empezó a distinguirse de entre la niebla, salté.
Mientras le volaba por encima, pude verle con claridad. Era mi precioso lobo de pelambrera rojiza.
- ¡Jacob! – grité, ya bajando.
Éste se acercó al trote cuando aterricé en el suelo, se inclinó sobre sus patas delanteras y me arrimó el hocico para olerme y darme pequeños lametones en la cara. Abrí los brazos para abrazarle…
… y me aparté de repente, nada más tocarle.
- ¡Puaj, estás todo mojado! – me quejé.
Jake profirió un aullido ahogado entre dientes, se estaba riendo. Se incorporó y empezó a sacudirse justo a mi lado, empapándome con el agua que salía de su pelaje.
- ¡Jacob! – protesté, separando los brazos del cuerpo.
Ahora lo que salía de su enorme garganta era su inconfundible carcajada burlona, unos sonidos sordos y profundos.
- ¡Ya está bien de bromas, Jake! – me crucé de brazos, enfadada -. ¡Menudo susto me has dado antes!
Mi lobo se agachó y me acarició la cara con el hocico otra vez, emitiendo un lamento desde la faringe.
- Vale, vale. Te perdono. ¿Qué te parece si nos vamos a casa? – suspiré -. Estoy muy cansada.
Se alzó y asintió con la cabeza.
Él nunca se perdía, era como llevar una brújula conmigo. Incluso la niebla parecía menos densa. Con Jacob, el bosque ya no me parecía tan tenebroso.
Jake se fue a cambiar de fase detrás de los primeros árboles del bosque mientras yo le esperaba frente al porche. Cuando salió, se iba poniendo la camiseta negra sin mangas por el camino para no tenerme demasiado tiempo sola. Estuvimos de acuerdo en no contar a mi familia que me había perdido. Era preocuparles para nada y sólo había sido un pequeño susto que Jacob había solucionado fácilmente.
Al entrar en la casa, mi padre no dijo nada. Se limitó a asentirle a Jake en gesto de agradecimiento. Carlisle se había marchado al hospital en el que trabajaba, por una urgencia. Jacob se sentó a ver un partido que echaban en la televisión con Emmett y yo hice lo mismo en el brazo del sofá, a su lado. Jacob y Emmett se llevaban increíblemente bien, parecía que habían sido amigos toda la vida. Emmett hasta le reía las bromas que Jacob solía hacerle a Rosalie, cosa que a ella no le hacía ni pizca de gracia. Ahora discutían y comentaban las jugadas dudosas entre risas.
Una vez que el partido terminó, nos fuimos a la cocina para hacer la cena. Jake me ayudó a cocinar y puso la encimera perdida. Alice vino a echar un vistazo al oír el jaleo que estábamos montando mientras nos hacíamos bromas. Ya cenando - yo a toda prisa porque me moría de ganas de subir a mi habitación con Jake para preguntarle sobre la pulsera -, mis padres vinieron para despedirse. Se iban a pasar el rato a su cabaña. Me dieron un beso en la coronilla y se marcharon a la velocidad de la luz.
No tan rápido, pero también muy deprisa, subimos a mi dormitorio después de acabar la cena, fregar la cocina y dar las buenas noches al resto de mi familia.
Jacob se echó en mi cama de un salto. Se quedó boca arriba, con los dedos cruzados en el estómago, y yo me coloqué de lado junto a él, apoyando mi cabeza en mi mano izquierda y reposando el peso en el codo. Antes de que se pusiera él a parlotear, me lancé yo al tema de la pulsera.
- Quería preguntarte algo – empecé. - Dime – ya tenía los párpados cerrados. - Es sobre la pulsera.
Abrió los ojos de repente y se quedó con la vista fija en el techo.
- ¿Qué… qué quieres saber? - ¿De dónde la sacaste? – pregunté, mirando mi muñeca derecha. - De ningún sitio – se encogió de hombros -. La hice yo. - ¿Tú? – le miré asombrada -. Nunca me lo habías dicho. - Bueno, nunca me lo has preguntado. - Está muy bien hecha – observé el intrincado trenzado del cuero marrón rojizo, complejo, bien apretado y perfecto -. No pensé que también supieras hacer pulseras.
Ya me había sorprendido cuando, de pequeña, mi madre me había enseñado la pulsera con el lobito tallado que Jacob le había hecho para el día de su graduación, y ahora me enteraba de que también sabía trabajar el cuero.
- Casi toda la tribu sabe hacerlas. - ¿Ah, sí? – esta era la mía. Era el momento de saber si era para ahuyentar vampiros -. ¿Es que es una especie de tradición o algo así?
Jacob se puso rígido y sus manos se separaron para caer sobre la colcha.
- Algo… algo así – contestó, nervioso. - ¿Y de qué va la tradición?
Se quedó en silencio mientras seguía mirando al techo.
Me erguí para verle mejor. Cuando se dio cuenta de que me fijaba en su rostro algo sonrojado, se incorporó de sopetón y se quedó sentado en la cama, con las piernas entrelazadas. Me senté del mismo modo, junto a él.
Miró para el otro lado, respiró hondo y soltó el aire impetuosamente, como si estuviera enfadado consigo mismo.
- ¿Qué pasa? – quise saber.
Giró la cara hacia mí y me miró, mordiéndose el labio, pensativo.
- No te asustes ni nada, ¿vale? – dijo al fin. - ¿De qué me tendría que asustar? - Esto que te voy a contar es un poco raro, pero te juro que tiene su explicación – hablaba despacio, como previéndome de lo que me tenía que aclarar -. Primero tienes que escuchar toda la historia para que lo entiendas, ¿de acuerdo? Luego, si quieres, puedes hacer lo que quieras con la pulsera.
Ahora sí que estaba asustada. ¿Es que también me afectaría a mí?
Jake se quedó en silencio de nuevo, esperando a que yo dijera algo.
- Bueno, habla – le azucé. - Es una de las leyendas más bonitas – volvió la vista al frente, inspiró profundamente y empezó a hablar -. Verás, al principio, los espíritus guerreros abandonaban su cuerpo y se marchaban para proteger a la tribu, dejando atrás a sus esposas y amadas - ¿de qué iba esto? Dejé que continuara la historia para ver a dónde me llevaba -. Ellas cuidaban de los cuerpos y notaban la presencia de sus hombres. Pero cuando las transformaciones empezaron, todo cambió. Taha Aki observó que los metamorfos ya no podían dejar su cuerpo con las mujeres, por lo que ellas empezaban a sentirse solas y, en algunos casos, cuando la ausencia se hacía demasiado larga, se sentían abandonadas. Así que creó una pulsera que impregnó con su amor, de doble trenzado, que simbolizaba los lazos y el compromiso con la persona que amaba. La hizo de cuero, que era fuerte como su amor, y del mismo color que su pelaje, para que su esposa siempre pudiera notarle con ella, lo recordara y no se sintiera sola. Los demás vieron que la idea funcionaba y crearon sus propias pulseras – me miró de reojo una vez y volvió la vista al frente para seguir con su relato -. Con los años, esas pulseras se convirtieron en un símbolo, quiero decir, que…, bueno… - bajó la mirada, mordiéndose el labio otra vez. - ¿En qué, Jacob? No entiendo nada – protesté -. ¿Para qué sirven estas pulseras? - Hoy en día son pulseras de compromiso – espetó. - ¿Mi pulsera… es una pulsera de…?
Me quedé tan perpleja y sorprendida, que no pude articular más palabras. Antes de que me diera tiempo a sobreponerme, empezó a explicarse atropelladamente y con nerviosismo.
- Pero no te asustes, yo no te la regalé en ese sentido. ¿Cómo iba a regalarle a una niña algo así? – se levantó de la cama, la bordeó en mi dirección y comenzó a dar paseos frente a la cristalera, mirando al suelo y gesticulando con las manos mientras hablaba -. Todos estábamos muy preocupados por lo de tu crecimiento, no sabíamos cuántos años podías vivir, ni nada… Y para encima, nos perseguían aquellos viejos decrépitos, los Vulturis esos, y ni siquiera sabíamos si sobreviviríamos. Así que se me ocurrió hacerte una pulsera de compromiso. No en ese sentido, claro, sino como algo que nos uniera de algún modo… – se paró y se giró hacia la ventana -, para que, pasara lo que pasara, siempre estuviéramos juntos – murmuró.
Bajé la mirada lentamente hacia la pulsera.
- Si la llevo…, todos en La Push pensarán que estamos… - No tienes por qué llevarla, si no quieres – se sentó en la cama, dándome la espalda -. Si te sientes incómoda, puedes quitártela. Lo entenderé.
Acaricié la pulsera con los dedos. No sabía lo que tenía, pero me gustaba tanto. Y después de saber que me protegía, más todavía. ¿Qué tenía de malo llevarla? Al fin y al cabo, Jacob y yo teníamos una especie de compromiso. Él sería mi mejor amigo para siempre, y lo que pensaran los demás no me importaba. Además, ya la había llevado todo este tiempo, así que, ¿qué iba a cambiar si seguían viéndomela puesta? Observé el tramado de las fibras, ya las había mirado muchas veces, pero ahora veía algo nuevo. Las finas tiras de cuero que conformaban el trenzado tenían cada uno de los matices de la gama cromática de su pelaje. Iban del rojizo oscuro, casi marrón, al ocre más claro que cubría sus patas y ciertas partes de su rostro lobuno. La había hecho con sus propias manos para mí, y desde luego estaba completamente de acuerdo con lo que simbolizaba esa pulsera para Jacob. Ahora lo simbolizaría para mí también.
Me acerqué para sentarme a su lado.
- La voy a llevar siempre – le dije.
Jacob me miró sorprendido.
- ¿En serio? ¿No te importa que la gente piense…? - Me da igual – le corté -. Con que nosotros sepamos la verdad, es suficiente.
Se abalanzó hacia mí y me abrazó con tanta fuerza, que casi me deja sin respiración.
- Jake… me ahogas…
Se rió y me liberó.
Hubo un breve instante de silencio y me lancé a preguntar de nuevo. Todavía no me había aclarado lo que quería saber al principio.
- ¿Esta pulsera es mágica? – le pregunté sin rodeos. - ¿Qué? – frunció el ceño, extrañado -. ¿Mágica? - Bueno, si es una especie de amuleto o protector contra vampiros o algo. - Claro que no – dijo, riéndose -, solamente es una pulsera. Los únicos protectores contra vampiros somos nosotros, los lobos. - Ah – me quedé pensativa.
No era la respuesta que yo esperaba.
- ¿Por qué? – Jacob había reconocido mi expresión y ahora hablaba más serio. - Es que… - de repente, me di cuenta de que no podía contarle lo que había pasado con mi madre esa tarde en el bosque. ¿Cómo le iba a decir que le estaba mostrando esas inocentes caricias? Si lo hacía, seguro que él también quería mirar y luego se reiría de mí. O peor, si veía lo que ella había visto, después no habría quién le aguantase, seguro que se le subía a la cabeza -. Bueno, como es tan perfecta, creí que igual se había hecho ella solita. No creo que con estos dedazos pudieras hacerla tú – me inventé sobre la marcha, entrelazando sus dedos con los míos y levantándolos para mirarlos. - Ja, ja, me parto de la risa – vocalizó con sarcasmo, bajando nuestras manos.
Se me escapó una risilla.
- No, de verdad, me encanta – le dije, más seria. - Entonces, ¿la vas a llevar? – masculló en voz baja, observando la pulsera de la muñeca que tenía pegada a la suya.
Me acerqué a su oreja y le susurré.
- No me la quitaré nunca.
Giró el rostro tan deprisa para contestarme, que, sin darse cuenta, casi lo pegó al mío. Fue tan inesperado, que nos quedamos los dos paralizados. Me quedé embobada, de lo cerca que lo tenía, mi frente ya rozaba la suya. Sus ojos se encontraron con los míos, otra vez la misma mirada. Sentí un intenso cosquilleo en mi estómago y mi corazón empezó a latir atropelladamente, puede que incluso lo oyera él, de lo fuerte que lo hacía.
Pero lo que se escuchó entonces fue el repiqueteo de unos dedos tocando a la puerta.
Nos apartamos el uno del otro bruscamente y Jake se puso de pie, nervioso, con los brazos en jarra, murmurando algo incomprensible.
- Pasa – dijo él al cabo de unos segundos, al ver que yo era incapaz de hablar; yo seguía parpadeando como una tonta.
La puerta se abrió y una cabeza se asomó entre la abertura. Era Carlisle, que ya había llegado de la urgencia.
- Ah, Doc, ¿qué quiere? – habló Jacob otra vez. - Quería hablar contigo sobre ese rastro que me comentaste esta tarde… – Carlisle me miró -, si es que no estáis muy ocupados, claro.
No sé lo que vio, pero juraría que sus labios se habían curvado un poco hacia arriba. Me espabilé a mí misma pellizcándome la mano disimuladamente.
Con todo lo que había pasado en el bosque y lo de la pulsera, me había olvidado por completo del tema del rastro.
- ¿Ya sabe de qué es? – preguntó, atónito. - No, aún no. Por eso venía a hablar contigo. Necesito que me traigas pruebas. - ¿Pruebas? - Sí, del sitio donde encontrasteis el rastro. Si me trajeras helechos, hojas, ramas… - Vale, vale – le interrumpió Jake -, no hace falta que nombre todas las plantas del bosque. ¿Tiene alguna sospecha de qué puede ser? - La verdad es que no. Pero con todas esas pruebas, tal vez pueda encontrar una muestra de ADN que la pueda cotejar para ir descartando posibilidades, así podré tener más pistas de por dónde tengo que empezar a buscar. - ¿Es que ahora también es forense, doctor? – cuestionó Jake con una sonrisa un tanto burlona. - Llevo unos pocos siglos investigando, Jacob – le contestó Carlisle con otra más ingenua. - Ya, claro – Jake asintió con una mueca -. Está bien, veré lo que podemos hacer, aunque le advierto que los lobos no nos ponemos guantes, ni nada de eso. Igual se encuentra una baba de Paul o algo. - Trataré de apartarla – mi abuelo le dio una palmada en la espalda mientras Jake se reía de su propio chiste -. Gracias de todos modos. - No, gracias a usted – dijo Jacob, más serio -. Es usted el que nos está ayudando a saber qué corre por nuestros bosques. - Veremos qué pasa – Carlisle me observó de nuevo y carraspeó -. Bueno, ya os dejo solos - nos miró con los labios curvados en una sonrisa que juraría que era un poco pícara y yo me puse colorada. Jacob, en cambio, se quedó encantado –. Hasta mañana, que descanséis. - Hasta mañana – me despedí mientras Carlisle salía por la puerta y la cerraba.
Jake bostezó y se desperezó.
- Creo que yo también me voy. - ¿Ya? – pregunté, extrañada, poniéndome de pie –. Pero si todavía es temprano. - Bueno, es que tengo cosas que hacer y he de prepararme. - ¿Qué cosas? – de pronto, me acordé de Brenda y su invitación al Ocean. Un leve calambre empezó a revolverme el estómago -. No irás a ver a Brenda, ¿verdad? - ¿Qué Brenda? Ah, sí, tu amiga – me dijo en tono burlón. - No es mi amiga – le corregí -. ¿Vas a ir? - ¿Es que te importa mucho? – Jake acercó su cara para mirarme de cerca, mostrando su sonrisa torcida.
Se la aparté, enfadada, empujándola con una mano, y me crucé de brazos.
- Para nada – mentí -. Es que no quiero que te emborraches. Mañana me tienes que llevar a clase y la resaca es muy mala para conducir. - Ah, por eso no te preocupes. Yo no bebo alcohol – siguió con su tono socarrón. - Puede que no lo bebas normalmente, pero en esa clase de sitios es muy fácil caer en la tentación – observé. - No. Yo no – afirmó. - Tú, como los demás – rebatí. - Lo mío es distinto, puedo explotar. - ¿Explotar? ¿Es que te pones demasiado meloso? – inquirí de forma sarcástica.
Mi mejor amigo se empezó a carcajear.
- No le veo la gracia, la verdad – protesté, irritada. - Me refiero a que si bebo algo de alcohol, puedo entrar en fase de repente – aclaró entre risas. Me empezó a cambiar el color de la cara una vez más -. Es más difícil controlarlo si bebemos. Imagínate la que se armaría si me transformara en medio del local. O peor – volvió a acercar su rostro y me cuchicheó en voz baja -, imagínate si luego cambiara de fase otra vez y me quedase desnudo en mitad de toda esa gente.
Le aparté la cara y me crucé de brazos otra vez.
- Sí, eso sería peor que lo primero – le confirmé. - Lo que pasa es que no quieres que vaya porque estás celosa – soltó sin cortarse un pelo.
Empecé a notar las mejillas candentes.
- No… no estoy celosa – mentí, girando la cabeza hacia el otro lado.
Jake ladeó su cuerpo hasta que tuvo mi cara a la vista.
- Sí, sí que lo estás, reconócelo.
Sin saber por qué, me puse tan nerviosa, que me empezaron a temblar las manos; si hubiera sido humana del todo, también se hubieran puesto a sudar. Un temor invadió mi mente como un meteorito. El temor a que sospechara algo que ni yo misma entendía, que no podía explicarle, y la reacción que se produjo en mi cerebro fue el de ponerme a la defensiva.
- ¿Y por qué iba a estarlo, Jacob? – le escupí, mordaz -. ¡No digas tonterías! - Vamos, Nessie. No me digas que no te molesta, aunque sea un poco, que vaya a esa cita – insistió, algo enfadado.
La palabra cita retumbó en mi cabeza, produciendo eco, y me rechinaron los dientes.
- Si quieres, puedes ir a tu cita tranquilamente. Por mí, como si sales con todas las chicas de Forks – le bufé, enojada -. ¡No me importa lo más mínimo! - ¿Ah, sí? – ahora parecía cabreado -. Pues no iba a ir, pero ahora puede que vaya. - ¿Por qué no te largas ya? – le espeté, mirándole furiosa -. Llegarás tarde, y no querrás que se te adelante otro y te la espante, ¿verdad?
Mis palabras rabiosas hicieron que el rostro de Jacob se enojara aún más. Sus cejas se arquearon tanto hacia abajo, que produjeron una profunda sombra en sus ojos.
- ¡De acuerdo, me voy! – gruñó.
De dos zancadas, llegó hasta la puerta y la abrió, pero cuando estaba pasando, se paró.
- Mañana no sé si te vendré a buscar, igual estoy durmiendo – masculló sin mirarme.
Y salió, cerrando de un portazo. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------ Bueno, si os ha gustado, cuelgo otro. UN SALUDO
Última edición por JACOB&NESSIE el Miér Nov 30, 2011 8:12 pm, editado 1 vez |
|  | | NaomiLautner Nuev@

Mensajes: 11 Fecha de inscripción: 26/01/2011
 | Tema: Re: EL LIBRO DE JACOB Y NESSIE:DESPERTAR.Continuación Amanecer +18 Jue Ene 27, 2011 7:37 pm | |
| a mi me encantaa He estado leyendo casi 4 horas lo que me enviasteee la verdad es que esta GENIAL  |
|  | | JACOB&NESSIE Team Jacob

Mensajes: 321 Fecha de inscripción: 14/01/2011 Edad: 32 Localización: Asturias
 | Tema: Re: EL LIBRO DE JACOB Y NESSIE:DESPERTAR.Continuación Amanecer +18 Jue Ene 27, 2011 7:47 pm | |
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|  | | NaomiLautner Nuev@

Mensajes: 11 Fecha de inscripción: 26/01/2011
 | Tema: Re: EL LIBRO DE JACOB Y NESSIE:DESPERTAR.Continuación Amanecer +18 Jue Ene 27, 2011 7:54 pm | |
| jaja es q no podia evitarlo queria parar ya, pero me reenganchaba aun mas! jaja |
|  | | JACOB&NESSIE Team Jacob

Mensajes: 321 Fecha de inscripción: 14/01/2011 Edad: 32 Localización: Asturias
 | |  | | NaomiLautner Nuev@

Mensajes: 11 Fecha de inscripción: 26/01/2011
 | Tema: Re: EL LIBRO DE JACOB Y NESSIE:DESPERTAR.Continuación Amanecer +18 Vie Ene 28, 2011 1:06 am | |
| Voy x el de LOBOS.. jaja  |
|  | | | | EL LIBRO DE JACOB Y NESSIE:DESPERTAR.Continuación Amanecer +18 | |
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